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La cuarta guerra mundial
Subcomandante Insurgente Marcos


Perfil - La Jornada

El siguiente texto es un fragmento de la plática impartida por el subcomandante
Marcos ante la Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos
Humanos en La Realidad, Chiapas, el 20 de noviembre de 1999, de la cual se
publicó su bosquejo en las cartas 5.1 y 5.2, en noviembre del mismo año con el
título: "Chiapas: la guerra: i. Entre el satélite y el microscopio, la mirada
del otro", y "ii. La máquina del etnocidio". Cualquier semejanza con las
condiciones de la guerra actual es mera causalidad.

LA REESTRUCTURACION DE LA GUERRA
Según nuestra concepción, hay varias constantes en las llamadas guerras
mundiales, sea la Primera Guerra Mundial, la Segunda o las que nosotros llamamos
Tercera y Cuarta.
Una de estas constantes es la conquista de territorios y su reorganización. Si
consultan un mapamundi, van a ver que, al término de cualquier guerra mundial
hubo cambios, no sólo en la conquista de territorios sino en las formas de
organización. Después de la Primera Guerra Mundial hay un nuevo mapamundi,
después de la Segunda Guerra Mundial hay otro mapamundi.
Al término de lo que nosotros nos atrevemos a llamar "Tercera Guerra Mundial" y
que otros llaman Guerra Fría, hubo una conquista de territorios y una
reorganización. A grandes rasgos, se puede ubicar a finales de los años ochenta,
con el derrumbe del campo socialista de la Unión Soviética y al principio de los
años noventa al vislumbrarse lo que llamamos la Cuarta Guerra Mundial.
Otra constante es la destrucción del enemigo. Es el caso del nazismo en la
Segunda Guerra Mundial y, en la Tercera, de todo lo que se conocía como urss y
el campo socialista como opción frente al mundo capitalista.
La tercera constante es la administración de la conquista. En el momento en que
se logra la conquista de territorios, es necesario administrarlos de manera que
aporten ganancias a la fuerza que ganó. Nosotros usamos mucho el término
"conquista" porque somos expertos en esto. Los Estados que antes se llamaban
nacionales siempre han intentado conquistar a los pueblos indios. A pesar de
estas constantes, hay una serie de variables que cambian de una guerra mundial a
otra: la estrategia, los actores, o sea las partes, el armamento utilizado y,
por último, las tácticas. Aunque éstas vayan cambiando, aquéllas se manifiestan
y se pueden aplicar para entender una guerra y otra.
La Tercera Guerra Mundial o Guerra Fría, abarca de 1946 (o, si se quiere, desde
la bomba de Hiroshima, en 1945) hasta 1985-1990. Es una gran guerra mundial
compuesta de muchas guerras locales. Como en todas las otras, al final hay una
conquista de territorios que destruye a un enemigo. Acto seguido, se pasa a la
administración de la conquista y se reorganizan los territorios. En esta guerra
mundial había como actores: uno, las dos superpotencias, Estados Unidos y la
Unión Soviética con los relativos satélites; dos, la mayoría de los países
europeos; tres, América Latina, Africa, partes de Asia y Oceanía. Los países
periféricos giraban en torno a eu o a la urss, según les convenía. Después de
las superpotencias y de los periféricos estaban los espectadores y las víctimas,
o sea el resto del mundo. No siempre las dos superpotencias se peleaban de
frente. A menudo lo hacían por medio de otros países. Mientras las grandes
naciones industrializadas se sumaban a uno de los dos bloques, el resto de los
países y de la población aparecían como espectadores o como víctimas. Lo que
caracterizaba esta guerra era: uno, la carrera armamentista y dos, las guerras
locales. Con la guerra nuclear, las dos superpotencias competían para ver
cuántas veces podían destruir el mundo. La forma de convencer al enemigo era
presentarle una fuerza muy grande. Al mismo tiempo, en todas partes se
desarrollaban guerras locales en las que estaban metidas las dos superpotencias.
El resultado fue, como todos sabemos, la derrota y la destrucción de la urss, y
la victoria de eu, alrededor del cual se aglutinan hoy la gran mayoría de los
países. Es cuando sobreviene lo que llamamos "Cuarta Guerra Mundial". Aquí surge
un problema. El producto de la anterior guerra debía ser un mundo unipolar -una
sola nación que domina a un mundo donde no hay rivales- pero para hacerse
efectivo, este mundo unipolar tiene que llegar a lo que se conoce como
"globalización". Hay que concebir al mundo como un gran territorio conquistado
con un enemigo destruido. Es necesario administrar este nuevo mundo y por lo
tanto globalizarlo. Entonces se acude a la informática que, en el desarrollo de
la humanidad, es tan importante como la invención de la máquina de vapor. La
informática permite estar simultáneamente en cualquier lado; ya no hay más
fronteras, limitaciones temporales o geográficas. Es gracias a la informática
que empieza el proceso de globalización. Se erosionan las separaciones, las
diferencias, los Estados nacionales y el mundo se convierte en lo que se llama,
con verosimilitud, la aldea global.
La concepción que da fundamento a la globalización es lo que nosotros llamamos
"neoliberalismo", una nueva religión que va a permitir que el proceso se lleve a
cabo. Con esta Cuarta Guerra Mundial, otra vez, se conquistan territorios, se
destruyen enemigos y se administra la conquista de estos territorios.
El problema es qué territorios se conquistan y reorganizan y quién es el
enemigo. Puesto que el enemigo anterior ha desaparecido, nosotros decimos que
ahora el enemigo es la humanidad. La Cuarta Guerra Mundial está destruyendo a la
humanidad en la medida en que la globalización es una universalización del
mercado, y todo lo humano que se oponga a la lógica del mercado es un enemigo y
debe ser destruido. En este sentido todos somos el enemigo a vencer: indígenas,
no indígenas, observadores de los derechos humanos, maestros, intelectuales,
artistas. Cualquiera que se crea libre y no lo está.
Esta Cuarta Guerra Mundial usa lo que nosotros llamamos "destrucción". Se
destruyen los territorios y se despueblan. A la hora que se hace la guerra, se
tiene que destruir el territorio, convertirlo en desierto. No por afán
destructivo, sino para reconstruir y reordenar. ¿Cuál es el principal problema
que enfrenta este mundo unipolar para globalizarse? Los Estados nacionales, las
resistencias, las culturas, las formas de relación de cada nación, lo que las
hace diferentes. ¿Cómo es posible que la aldea sea global y que todo el mundo
sea igual si hay tantas diferencias? Cuando decimos que es necesario destruir
los Estados nacionales y desertificarlos no quiere decir acabar con la gente,
sino con las formas de ser de la gente. Después de destruir hay que reconstruir.
Reconstruir los territorios y darles otro lugar. El lugar que determinen las
leyes del mercado; he aquí lo que está marcando la globalización.
El primer obstáculo son los Estados nacionales: hay que atacarlos y destruirlos.
Hay que destruir todo lo que hace que un Estado sea "nacional": la lengua, la
cultura, la economía, su quehacer político y su tejido social. Si no sirven más
las lenguas nacionales, hay que destruirlas y hay que promover una nueva lengua.
Contra lo que se pueda pensar, ésta no es el inglés, sino la informática. Hay
que homologar todas las lenguas, traducirlas al idioma informático, incluso el
inglés. Todos los aspectos culturales que hacen que un francés sea francés, un
italiano sea italiano, un danés, danés, un mexicano, mexicano, deben ser
destruidos porque son barreras que impiden acceder al mercado globalizado. Ya no
es cuestión de hacer un mercado para los franceses y otro para los ingleses o
los italianos. Debe haber un solo mercado en donde una misma persona pueda
consumir un mismo producto en cualquier parte del mundo y en donde una misma
persona se comporte como un ciudadano del mundo y no ya como un ciudadano de un
Estado nacional.
Eso significa que la historia cultural, la historia de la tradición choca con
este proceso y es el enemigo de la Cuarta Guerra Mundial. Esto es
particularmente grave en Europa donde hay naciones con grandes tradiciones. Las
lógicas culturales francesas, italianas, inglesas, alemanas, del Estado español,
etcétera -todo lo que no pueda ser traducido en términos informáticos y de
mercado- son un impedimento para esta globalización. Ahora las mercan-cías van a
circular por los canales de la informática y todo lo demás debe ser destruido o
hecho a un lado. Los Estados nacionales tenían su propia estructura económica y
lo que se llamó "burguesía nacional" -capitalistas con sedes nacionales y con
ganancias nacionales. Esto ya no puede existir: si la economía se decide a nivel
global, las políticas económicas de los Estados nacionales que querían proteger
a los capitales nacionales son un enemigo al que hay que vencer. El Tratado de
Libre Comercio y lo que los llevó a la Unión Europea, el Euro, son síntomas de
que la economía se globaliza, aunque en principio se trate de una globalización
regional, como en el caso de Europa. Los Estados nacionales construyen sus
relaciones políticas, pero ahora las relaciones políticas no sirven más. No las
califico de buenas o malas; el problema es que estas relaciones políticas son un
impedimento para que se cumplan las leyes de mercado. La clase política nacional
es vieja, ya no sirve, tiene que ser cambiada. Traten de hacer memoria; intenten
recordar aunque sea el nombre de un solo hombre de Estado en Europa.
Sencillamente, no pueden. Los personajes más importantes de la Europa del Euro
son gente como el presidente de la Bundes Bank, un banquero. Lo que él dice es
lo que va a regir las políticas de los distintos presidentes o primeros
ministros que padecen los países de Europa.
Si el tejido social está roto, las antiguas relaciones de solidaridad que hacían
posible la convivencia en un Estado nacional también se rompen. De ahí que se
alienten las campañas contra los homosexuales y las lesbianas, contra los
migrantes, o las campañas de xenofobia. Todo lo que antes mantenía un cierto
equilibrio tiene que romperse a la hora que esta guerra mundial ataca al Estado
nacional y lo transforma en otra cosa.
Se trata de homogenizar, de volver a todos iguales y de hegemonizar una
propuesta de vida. Es la vida global. Su mayor diversión debe ser la
informática, su trabajo debe ser la informática, su valor como ser humano debe
ser el número de tarjetas de crédito, su capacidad de compra, su capacidad
productiva. El caso de los maestros es muy claro. Ya no vale quién tiene más
conocimiento o quién es más sabio; ahora vale quién produce más investigaciones
y en este sentido se deciden sus sueldos, sus prestaciones, su lugar en la
universidad.
Esto tiene mucho que ver con el modelo estadunidense. Sin embargo sucede que
esta Cuarta Guerra Mundial también produce un efecto contrario que llamamos
"fragmentación". De manera paradójica el mundo no se está haciendo uno sino que
se está partiendo en muchos pedazos. Aunque se supone que el ciudadano se está
haciendo igual, emergen los diferentes en tanto que diferentes: los homosexuales
y lesbianas, los jóvenes, los migrantes. Los Estados nacionales funcionan como
un gran Estado, el Estado-tierra-sociedad anónima que nos parte en muchos
pedazos.
Si observan un mapamundi de este periodo -el final de la Tercera Guerra Mundial-
y analizan los últimos ocho años, ha habido una recomposición, sobre todo en
Europa, pero no sólo. Donde antes había una nación ahora hay muchas naciones, el
mapamundi se ha fragmentado. Este es el efecto paradójico que está ocurriendo a
causa de esta Cuarta Guerra Mundial. En lugar de que se globalice, el mundo se
fragmenta y en lugar de que este mecanismo hegemonice y homogenice, van
apareciendo cada vez más los diferentes. La globalización y el neoliberalismo
están haciendo del mundo un archipiélago. Y hay que darle una lógica de mercado,
organizar estos fragmentos en un común denominador. Es lo que nosotros llamamos
"bomba financiera".
Al mismo tiempo que aparecen los diferentes, se multiplican las diferencias.
Cada joven tiene su grupo, su forma de pensar, por ejemplo los punks, los skin
heads; todos los que hay en cada país. Ahora los diferentes no sólo son
diferentes, sino que multiplican sus diferencias y buscan una identidad propia.
Evidentemente, la Cuarta Guerra Mundial no les ofrece un espejo que les permita
verse con un común denominador, les está ofreciendo un espejo roto. Cada quien
escoge el pedacito que le toca y, con éste, su conducta de vida. Mientras tenga
el control del archipiélago -sobre los seres humanos, no sobre los territorios-
el poder no se va a apenar mucho.
El mundo se está partiendo en muchos pedazos, grandes y pequeños. Ya no hay
continentes en el sentido de que yo sea europeo, africano o americano. Lo que
ofrece la globalización del neoliberalismo es una red construida por el capital
financiero o, si se quiere, el poder financiero. Si hay una crisis en este nudo,
el resto de la red va a amortiguar los efectos. Si hay bonanza en un país, no se
produce un efecto de bonanza en el resto de los países. Es entonces una red que
no funciona, lo que nos dijeron fue una mentira del tamaño del mundo, es un
discurso reiterado en los líderes de América Latina, ya sea Menem, Fujimori,
Zedillo u otros dirigentes de comprobada calidad moral. En la realidad ocurre
que la red ha hecho mucho más vulnerables a los Estados nacionales. Los está
acabando de destruir, ahora por efectos internos. De nada sirve que un país se
esfuerce por construirse un equilibrio y un destino propio en cuanto nación.
Todo depende de lo que pase en un banco de Japón o de lo que haga la mafia en
Rusia o un especulador en Sydney. De una u otra forma, los Estados nacionales no
son salvados, son condenados definitivamente. Cuando un Estado nacional acepta
integrarse a esta red -porque no hay más remedio, porque lo obligan o por
convicción- firma su acta de defunción.
En suma, lo que quiere hacer este gran mercado es convertir todas estas islas no
en naciones, sino en centros comerciales. Se puede pasar de un país a otro y
encontrar los mismos productos, ya no hay ninguna diferencia. En París o en San
Cristóbal de Las Casas se puede consumir lo mismo; si uno está en San Cristóbal
de Las Casas puede estar simultáneamente en París recibiendo noticias. Es el fin
de los Estados nacionales. Y no sólo: es el fin de los seres humanos que los
conforman. Lo que importa es la ley del mercado y ésta marca que tanto produces,
tanto vales, tanto compras, tanto vales. La dignidad, la resistencia, la
solidaridad estorban. Todo lo que impide que un ser humano se convierta en una
máquina de producir y comprar es un enemigo y hay que destruirlo. Por esto,
nosotros decimos que esta Cuarta Guerra Mundial tiene como enemigo al género
humano. No lo destruye físicamente pero sí lo destruye en cuanto ser humano.
De manera paradójica, al destruirse los Estados nacionales, la dignidad, la
resistencia y la solidaridad se construyen de nuevo. No hay lazos más fuertes,
más sólidos que los que existen entre los grupos diferentes: entre los
homosexuales, entre las lesbianas, entre los jóvenes, entre los migrantes.
Entonces, esta guerra pasa también por el ataque a los diferentes. A eso se
deben las campañas tan fuertes en Europa y en Estados Unidos en contra de los
diferentes, porque son morenos, hablan otra lengua o tienen otra cultura. La
forma de cultivar la xenofobia en lo que queda de los Estados nacionales, es
hacer amenazas: "estos migrantes turcos te quieren quitar tu trabajo", "estos
migrantes mexicanos vienen a violar, vienen a robar, vienen a meter malas
costumbres". Los Estados nacionales -o lo poco que de ellos queda- delegan en
los nuevos ciudadanos del mundo, los informáticos, el papel de sacar a esos
migrantes. Y es ahí donde proliferan grupos como el Ku Klux Klan, o llegan al
poder personas de tanta probidad como Berlusconi. Todos construyen su campaña
sobre la xenofobia. El odio hacia los diferentes, la persecución en contra de
cualquiera que sea diferente es mundial; pero también la resistencia de
cualquiera que es diferente es mundial. Frente a esa agresión, estas diferencias
se multiplican, se solidifican. Esto es así, no voy a calificar si es bueno o
malo, así está ocurriendo.

LA GUERRA NO ES SOLO MILITAR
En términos propiamente militares la Tercera Guerra Mundial tenía su lógica. Era
en primer lugar una guerra convencional, concebida de manera que si yo pongo
soldados y tú pones soldados, nos enfrentamos y quien quede vivo gana. Esto
acontecía en un territorio específico que, en el caso de las fuerzas de la
Organización del Tratado del Atlántico Norte, otan, y del Pacto de Varsovia, era
Europa. A partir de la guerra convencional, o sea entre ejércitos, se estableció
una carrera militar y armamentista.
Vamos a ver un poco más los detalles. Esta [enseña un rifle], por ejemplo, es
una arma semiautomática y se llama AR-15, rifle automático. La fabricaron para
el conflicto de Vietnam y se puede desarmar muy fácilmente [la desarma], ya
está. Cuando la hicieron, los estadunidenses pensaban en un escenario de guerra
convencional, es decir, grandes contingentes militares que se enfrentan.
"Juntamos a muchos soldados, nos aventamos y al final alguien tiene que quedar."
Al mismo tiempo, el Pacto de Varsovia desarrollaba el fusil automático
Kalashnikov que comúnmente se llama AK-47, un arma con mucho volumen de fuego a
distancias cortas, de hasta 400 metros. La concepción soviética implicaba
grandes oleadas de tropa: aventaban un montón de soldados disparando, y si
morían, llegaba una segunda oleada y una tercera. Ganaba el que tenía más
soldados. Entonces, los estadunidenses pensaron: "ya no sirve más el viejo fusil
Garand de la Segunda Guerra Mundial. Ahora necesitamos una arma que tenga mucho
volumen de fuego para rangos cortos". Sacaron el AR-15 y lo probaron en Vietnam.
El problema es que se descompuso, no sirvió. Cuando atacaban a los vietcong, el
mecanismo se quedaba abierto y a la hora de disparar hacia "clic". Y no era una
cámara fotográfica, era un arma. Intentaron resolver el problema con el modelo
M16-A1. Aquí, la trampa está en la bala que se llama de dos diferentes maneras.
Una, la civil de 2.223 -fracción de pulgadas- se puede comprar en cualquier
tienda de Estados Unidos. La otra, de 5.56 milímetros, es de uso exclusivo de
las fuerzas de la otan. Esta es una bala muy rápida y tiene una trampa. En la
guerra el objetivo es conseguir que el enemigo tenga bajas, no muertos, y un
ejército considera que tiene bajas cuando un soldado ya no puede combatir. La
Convención de Ginebra -un acuerdo para humanizar la guerra- prohíbe las balas
expansivas porque a la hora de entrar destruyen más y son mucho más letales que
una bala de punta dura.
"Puesto que la idea es subir el número de heridos y bajar el número de muertos"
-dijeron- "prohibamos las balas expansivas". Un balazo de una bala dura te deja
inutilizado, ya estás de baja, no te mata a menos que alcance un punto vital.
Para cumplir con la Convención de Ginebra y hacer trampa, los estadunidenses
crearon la bala de punta blanda que, al introducirse en el cuerpo humano, se
dobla y da vueltas. El orificio de entrada es de un tamaño y el de salida es
mucho más grande. Esta bala es peor que la expansiva y no viola los convenios.
Sin embargo, si te da en un brazo... te lo vuela. Una bala 162 te atraviesa y te
deja herido; pero ésta te destroza. Como por casualidad, el gobierno mexicano
acaba de comprar 16 mil de estas balas.
Es decir, se generaron armas para escenarios precisos. Vamos a suponer que no
querían usar la bomba nuclear; ¿qué usaban? Muchos soldados contra muchos
soldados. Y así se crearon las doctrinas de guerra convencional de la otan y del
Pacto de Varsovia.
La segunda opción era una guerra nuclear localizada, una guerra con armas
nucleares, pero sólo en algunas partes y no en otras. Había un acuerdo entre las
dos superpotencias para no atacarse en sus propios territorios y pelearse sólo
en un territorio neutral. Sobra decir que este territorio era Europa. Ahí es
donde iban a caer las bombas y a ver quién quedaba vivo en Europa Occidental y
lo que entonces se llamaba Europa Oriental.
La última opción de la Tercera Guerra Mundial era la guerra nuclear total que
fue un gran negocio, el negocio del siglo. La lógica de la guerra nuclear es que
no había ganador; no importa quién disparaba primero, por muy rápido que
disparara, el otro alcanzaba a disparar también. La destrucción era mutua y,
desde el principio, simplemente se renunció a esta opción. Su carácter pasó a
ser lo que en términos de diplomacia militar se llama "disuasión".
Para que los soviéticos no usaran el arma nuclear, los estadunidenses
desarrollaron muchas armas nucleares y para que éstos no usaran el arma nuclear,
los soviéticos desarrollaron más armas nucleares y así sucesivamente. Se
llamaban imb (Intercontinental Mission Ballistic) y eran los cohetes que iban de
Rusia a Estados Unidos y de Estados Unidos a Rusia. Costaron una fortuna y
ahorita ya no sirven para nada. También había otras armas nucleares de uso local
que eran las que se iban a usar en Europa en el caso de una guerra nuclear
localizada.
Cuando comenzó esta fase, en 1945, había una guerra por librar porque Europa
estaba partida en dos. La estrategia militar -estamos hablando de aspectos
puramente militares- era la siguiente: unos puestos avanzados frente a la línea
enemiga, una línea de logística permanente y la metrópoli, llámese Estados
Unidos o la Unión Soviética. La línea de logística abastecía los puestos
avanzados. Grandes aviones que estaban en el aire las 24 horas del día, los B-52
Fortaleza, cargaban las bombas nucleares y nunca necesitaban bajar. Y estaban
los pactos. El pacto de la otan, el Pacto de Varsovia y la seato (South East
Asia Treaty Organization), que es como la otan de los países asiáticos. El
modelo se ponía en juego en guerras locales. Todo tenía una lógica y era lógico
pelearse en Vietnam que era un escenario acordado. En el papel de los puestos de
avanzada estaban los ejércitos locales o insurgentes; en el papel de la
logística permanente estaban las líneas de venta de armamento clandestino o
legal y en el papel de la metrópoli, las dos superpotencias. También había un
acuerdo sobre los lugares en donde tenían que quedarse como espectadores. Los
ejemplos más claros de estas guerras locales son las dictaduras de América
Latina, los conflictos en Asia, particularmente Vietnam, y las guerras en
Africa. Aparentemente, éstas no tenían absolutamente ninguna lógica, pues la
mayoría de las veces no se entendía qué estaba pasando, pero lo que ocurría era
parte de este esquema de guerra convencional.
En esta época -y eso es importante- es cuando se desarrolla el concepto de
"guerra total": en la doctrina militar entran elementos que ya no son militares.
Por ejemplo, en Vietnam, desde la ofensiva del Teth (1968) hasta la toma de
Saigón (1975), los medios de comunicación se vuelven un frente de batalla muy
importante. Así, se desarrolla entre los militares la idea de que no basta con
el poder militar: Es necesario incorporar otros elementos como los medios de
comunicación. Y que también se puede atacar al enemigo con medidas económicas,
con medidas políticas y con la diplomacia, que es el juego de las Naciones
Unidas y de las organizaciones internacionales. Unos países hacían sabotajes
para obtener condenas o censuras contra otros, lo que se llamaba "guerra
diplomática".
Todas estas guerras seguían la lógica del dominó. Suena ridículo, pero estaban
como dos rivales jugando dominó con el resto de la población. Uno de los
contrincantes ponía una ficha y el otro intentaba poner la suya para cortarle el
seguimiento. Es la lógica de aquel personaje ilustre que se llama Kissinger,
secretario de Estado del gobierno estadunidense en la época de Vietnam, quien
decía: "no podemos abandonar Vietnam porque sería cederle la partida de dominó
en el Sureste asiático a los otros". Y por eso hicieron lo que hicieron en
Vietnam.
Además, se trataba de recuperar la lógica de la Segunda Guerra Mundial. Para la
mayoría de la población, ésta había tenido una lógica heroica. Ahí está la
imagen de los marines liberando Francia de la dictadura, liberando Italia del
Duce, liberando Alemania de los militares, el ejército rojo entrando por todos
lados. Supuestamente, la Segunda Guerra se hizo para eliminar un peligro para
toda la humanidad, el nacionalsocialismo. Entonces, de una u otra forma, las
guerras locales trataron de recuperar la ideología de que "estamos en la defensa
del mundo libre"; pero ahora en el papel del nacionalsocialismo estaba Moscú. Y,
por su parte, Moscú hacia lo mismo: ambas superpotencias trataban de usar como
argumento la "democracia" y "el mundo libre" según cada quien los concebía.
Después, viene la Cuarta Guerra Mundial que destruye todo lo anterior porque el
mundo ahora ya no es el mismo y no se puede aplicar la misma estrategia. Se
desarrolla más el concepto de "guerra total": no es sólo una guerra en todos los
frentes, es una guerra que puede estar en cualquier lado, una guerra
totalizadora en donde el mundo entero está en juego. "Guerra total" quiere
decir: en cualquier momento, en cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia.
Ya no existe la idea de pelear por un lugar en particular; ahora la pelea se
puede dar en cualquier momento; ya no hay una lógica de escalamiento del
conflicto con amenazas, tomas de posición e intentos de reposicionarse. En
cualquier momento y en cualquier circunstancia puede surgir un conflicto. Puede
ser un problema interno, puede ser un dictador y todo lo que han sido las
ultimas guerras en los últimos cinco años, desde Kosovo hasta la Guerra del
Golfo Pérsico. Se destruye así toda la rutina militar de la Guerra Fría.
No es posible hacer la guerra, en la Cuarta Guerra Mundial, con los criterios de
la Tercera porque ya tengo que pelear en cualquier lugar, no sé en dónde me va a
tocar pelear, ni sé cuándo, tengo que actuar rápidamente, ni sé qué
circunstancias voy a tener para llevar adelante esta guerra. Para resolver el
problema, los militares desarrollaron primero la guerra de "despliegue rápido".
El ejemplo sería la guerra del Golfo Pérsico, una guerra que significa una gran
acumulación de fuerza militar en poco tiempo, un gran accionar militar en poco
tiempo, las conquistas de territorios y la retirada. La invasión de Panamá sería
otro ejemplo de esta fuerza de despliegue rápido. De hecho, hay un contingente
de la otan que se llama "fuerza de intervención rápida". El despliegue rápido es
una gran masa de fuerza militar que se avienta contra el enemigo y no distingue
entre un hospital infantil y una fábrica de armamento químico. Es lo que pasó en
Iraq: las bombas inteligentes eran bastante estúpidas, no distinguían.Y aquí se
quedaron porque se dieron cuenta que esto es muy caro y es muy poco lo que
aporta. En Iraq hicieron todo un despliegue, pero no hubo conquista de
territorio. Estaban los problemas de las protestas locales, estaban los
observadores internacionales de derechos humanos.
Tuvieron que replegarse. Ya les había enseñado Vietnam que, en estos casos, no
es prudente insistir. "No, ya no podemos hacer esto", dijeron. Entonces pasaron
a la estrategia de "proyección de fuerza". "Mejor que tener posiciones avanzadas
en las bases militares norteamericanas de todo el mundo, acumulemos una gran
fuerza continental que, en cuestión de horas y días, tenga capacidad de poner
unidades militares en cualquier lugar del mundo". Y en efecto pueden poner una
división de cuatro o cinco mil hombres en el punto más lejano del planeta en
cuatro días y más, y más, cada vez más.
Pero la proyección de fuerza tiene el problema de basarse en soldados locales, o
sea en soldados estadunidenses. Ellos consideran que si el conflicto no se
resuelve rápidamente, empiezan a llegar los body bugs, los muertos, como en
Vietnam, y eso puede provocar muchas protestas internas en Norteamérica o en el
país que sea. Para evitar esos problemas, abandonaron la proyección de fuerza
haciendo, para entendernos, cálculos de tipo mercantil. No hicieron cálculos
sobre destrucción de fuerza humana o de la naturaleza, sino de imagen
publicitaria. Así la guerra de proyección fue abandonada y pasaron a un modelo
de guerra con soldados locales, más apoyo internacional, más una instancia
supranacional. Ya no se trata de enviar soldados, sino de pelear por medio de
los soldados que están ahí, apoyarlos según la base del conflicto y no usar el
modelo de una nación que declara la guerra, sino una instancia supranacional
como la onu o la otan. Los que hacen el trabajo sucio son los soldados locales y
los que salen en las noticias son los estadunidenses y el apoyo internacional.
Este es el modelo. Protestar ya no funciona: no es una guerra del gobierno
estadunidense; es una guerra de la otan y además la otan sólo está haciendo el
favor de ayudar a la onu.
En todo el mundo, la reestructuración de los ejércitos es para que puedan
enfrentar un conflicto local con apoyo internacional bajo una cobertura
supranacional y bajo el disfraz de la guerra humanitaria. De lo que se trata
ahora es de salvar a la población de un genocidio, matándola. Y es lo que
ocurrió en Kosovo. Milosevich hizo una guerra contra la humanidad: "si nos
enfrentamos a Milosevich estamos defendiendo a la humanidad". Es el argumento
que usaron los generales de la otan y que trajo tantos problemas a la izquierda
europea: oponerse a los bombardeos de la otan implicaba apoyar a Milosevich,
entonces mejor apoyaron los bombardeos de la otan. Y a Milosevich, ustedes lo
saben, lo armó Estados Unidos. En el concepto militar, que está funcionando, la
totalidad del mundo -ya sea Sri Lanka o cualquier país, el más lejano que se les
ocurra- es ahora el traspatio porque el mundo globalizado produce simultaneidad.
Y ése es el problema: en este mundo globalizado, cualquier cosa que pase en
cualquier lugar afecta al nuevo orden internacional. El mundo ya no es el mundo,
es una aldea y todo está cerquita. Por lo tanto, los grandes policías del mundo
-y en particular Estados Unidos- tienen el derecho de intervenir en cualquier
lado, a cualquier hora, bajo cualquier circunstancia. Ellos pueden concebir
cualquier cosa como una amenaza a su seguridad interna; perfectamente pueden
decidir que el alzamiento indígena en Chiapas amenaza la seguridad interna de
Norteamérica o los tamiles en Sri Lanka o lo que ustedes quieran. Cualquier
movimiento -y no necesariamente armado- en cualquier lado puede ser considerado
una amenaza a la seguridad interna.
¿Qué es lo que ha pasado? Que las viejas estrategias y las viejas concepciones
de hacer la guerra se derrumbaron. Vamos a ver.
"Teatro de operaciones" es el término militar para indicar el lugar donde se
desarrolla la guerra. En la Tercera Guerra Mundial, Europa era el teatro de
operaciones. Ahora ya no se sabe dónde va a estallar, puede ser en cualquier
lugar, ya no es seguro que vaya a ser Europa. La doctrina militar transita de lo
que se denomina "sistema" a lo que ellos llaman "versatilidad". "Tengo que estar
listo para hacer cualquier cosa en cualquier momento. Un esquema ya no es
suficiente: ahora necesito muchos esquemas, no sólo para construir una respuesta
a determinados hechos, sino para construir muchas respuestas militares a
determinados hechos". Es donde interviene la informática. Este cambio hace que
se pase de lo sistemático, de lo cuadrado, de lo rígido a lo versátil, a lo que
puede cambiar de un momento a otro. Y eso va a definir toda la nueva doctrina
militar de los ejércitos, de los cuerpos militares y de los soldados. Este sería
un elemento de la Cuarta Guerra Mundial. El otro sería el paso de la "estrategia
de contención" a la de "alargamiento", o "extensión": ya no sólo se trata de
conquistar un territorio, de contener al enemigo, ahora se trata de prolongar el
conflicto a lo que ellos llaman "actos de no-guerra". En el caso de Chiapas,
esto tiene que ver con quitar y poner gobernadores y presidentes municipales,
con los derechos humanos, con los medios de comunicación, etcétera.
Dentro de la nueva concepción militar se incluye una intensificación de la
conquista del territorio. Esto quiere decir que no sólo es necesario preocuparse
del ezln y de su fuerza militar, sino también de la Iglesia, de las ong, de los
observadores internacionales, de la prensa, de los civiles, etcétera. Ya no hay
civiles y neutrales. Todo el mundo es parte del conflicto.
Eso implica que los ejércitos nacionales no sirven porque ya no tienen que
defender a los Estados nacionales. Si no hay Estados nacionales: ¿qué van a
defender? En la nueva doctrina los ejércitos nacionales pasan a jugar el papel
de policía local. El caso de México es muy claro: cada vez más el Ejército
Mexicano hace labores policiacas como la lucha contra el narcotráfico o este
nuevo organismo contra la delincuencia organizada que se llama Policía Federal
Preventiva y que está formado por militares. Se trata de que los ejércitos
nacionales se conviertan en policía local a la manera del cómic estadunidense:
un Super Cop, un Super Policía. Cuando se reorganice el ejército en la ex
Yugoslavia tiene que convertirse en una policía local y la otan va a ser su
Super Cop, su gran socio en términos políticos. La estrella es la instancia
supranacional, en este caso la otan o el Ejército estadunidense y los extras son
los ejércitos locales.
Pero los ejércitos nacionales se construyeron con base en una doctrina de
"seguridad nacional". Si hay enemigos o peligros para la seguridad de una
nación, su trabajo es mantener la seguridad, a veces frente a un enemigo
externo, a veces frente a enemigos internos desestabilizadores. Esta es la
doctrina de la Tercera Guerra Mundial o Guerra Fría. Bajo estos presupuestos,
los ejércitos nacionales desarrollaron una conciencia nacional lo cual ahora
dificulta convertirlos en policías amigos del Super Policía. Entonces hay que
transformar la doctrina de seguridad nacional en "estabilidad nacional". El
punto ya no es defender a la nación. Como el principal enemigo de la estabilidad
nacional es el narcotráfico y el narcotráfico es internacional, los ejércitos
nacionales que operan bajo la consigna de la estabilidad nacional aceptan la
ayuda internacional o la interferencia internacional de otros países.
A nivel mundial existe el problema de volver a reordenar los ejércitos
nacionales. Ahora bajemos a América y de ahí a América Latina. El proceso es un
poco el mismo que ya se dio en Europa y que se vio en la guerra de Kosovo con la
otan. En el caso de América Latina, está la Organización de Estados Americanos,
oea, con el Sistema de Defensa Hemisférico. Según la idea del ex presidente de
Argentina, Menem, todos los países de América Latina somos amenazados y
necesitamos unirnos, destruir la conciencia nacional de los ejércitos y hacer un
único gran ejército bajo la doctrina de un sistema de defensa hemisférico con el
argumento del narcotráfico. Puesto que lo que está en juego es la versatilidad,
o sea la capacidad de hacer la guerra en cualquier momento, en cualquier lugar y
bajo cualquier circunstancia, empieza a haber ensayos. Los pocos bastiones de la
defensa nacional que todavía existen deben de ser destruidos por este sistema
hemisférico. Si en Europa fue Kosovo, en el caso de América Latina son Colombia
y Chiapas. ¿Cómo se construye ese sistema de defensa hemisférico? De dos formas.
En Colombia, donde se presenta la amenaza del narcotráfico, el gobierno está
pidiendo la ayuda de todos: "tenemos que intervenir porque el narcotráfico no
afecta sólo a Colombia sino a todo el continente". En el caso de Chiapas se
aplica el concepto de guerra total. Todos son parte, no hay neutrales, o eres
aliado o eres enemigo.

LA NUEVA CONQUISTA
En el proceso de fragmentación -convertir todo el mundo en archipiélago- el
poder financiero quiere construir un nuevo centro comercial que tenga turismo y
recursos naturales en Chiapas, Belice y Guatemala.
Aparte de estar lleno de petróleo y uranio, el problema es que está lleno de
indígenas. Y los indígenas, además de no hablar español, no quieren tarjetas de
crédito, no producen, se dedican a sembrar maíz, frijol, chile, café y se les
ocurre bailar con marimba sin usar el computer. No son consumidores ni son
productores. Sobran. Y todo el que sobra es eliminable. Pero no se quieren ir y
no quieren dejar de ser indígenas. Es más: su lucha no es por tomar el poder. Su
lucha es por que los reconozcan como pueblos indios, que reconozcan que tienen
el derecho a existir, sin convertirse en otros.
Pero el problema es que aquí, en el territorio que está en guerra, en territorio
zapatista, están las principales culturas indígenas, están las lenguas y los más
grandes yacimientos de petróleo. Están los siete pueblos indios que participan
en el ezln, tzeltal, tzotzil, tojolabal, chol, zoque, mam y mestizos. Este es el
mapa de Chiapas: comunidades con población indígena y con petróleo, uranio y
maderas preciosas. A éstos es a los que hay de quitar de aquí porque no conciben
la tierra como la concibe el neoliberalismo. Para el neoliberalismo todo es una
mercancía, se vende, se explota. Y estos indígenas vienen a decir que no, que la
tierra es la madre, es la depositaria de la cultura, que ahí vive la historia y
que ahí viven los muertos. Puras cosas absurdas que no entran en ninguna
computadora y no se cotizan en una bolsa de valores. Y no hay manera de
convencerlos de que se vuelvan buenos, que aprendan a pensar bien, nomás no
quieren. Hasta se alzaron en armas. Es por esto -decimos nosotros- que el
gobierno mexicano no quiere hacer la paz: es porque quiere acabar con este
enemigo y desertificar a este territorio, después volver a organizarlo y echarlo
a andar como un gran centro comercial, un Mall en el Sureste Mexicano. El ezln
apoya los pueblos indios y en esta medida también es un enemigo, pero no el
principal. No bastaría arreglarse con el ezln, peor si arreglarse con el ezln
significa renunciar a este territorio, porque eso significaría la paz en
Chiapas, significaría renunciar a la conquista de un territorio rico en
petróleo, en maderas preciosas y uranio. Es por esto que no lo hicieron y no lo
van a hacer.