| Entrevista a
Eduardo Galeano publicada en el libro "Querido
Che" Lo que sigue a continuación es
una entrevista hecha por Iosu Perales al escritor
Eduardo Galeano, publicada en un pequeño libro
titulado "Querido Che".
- Podríamos
comenzar hablando de la personalidad del Che. El
guerrillero de Sierra Maestra, el mito de Bolivia
es, tal vez, el más conocido universalmente. Sin
embargo, el Che tiene una proyección
multilateral que puede resumirse en el factor
subjetivo de la revolución. Es decir, revela, en
sus escritos, en su comportamiento, el papel del
hombre en la transformación de la sociedad, el
rescate permanente de la utopía del comunismo...
Lo acusaban de voluntarista porque insistía
mucho en el factor humano. Yo creo que eso no es
voluntarismo en el sentido burgués, sino
simplemente devolverle a la realidad lo que es de
la realidad,
porque las concepciones deterministas, mecánicas,
de las que Marx es inocente, colocan la libertad
fuera del hombre, como ocurría con Plejanov, que
en algunas de sus páginas parece reducir la
libertad humana a la libertad de la luna que gira
alrededor de la tierra. El Che le devuelve a la
conciencia el valor protagonista que tiene en la
historia humana. Las concepciones economicistas
del marxismo traicionan al marxismo y lo reducen
a un mero mecanismo de relojería, como si el
socialismo fuera posible porque dio la hora y señaló
qué tenía que suceder.
Hasta en el asma era integral. Hay que subrayar
el hecho histórico que en el Che no había
contradicción entre lo que decía y lo que hacía,
y eso es lo que no le perdonan los dogmáticos.
Desafió el poder y el dinero, y se jugó la vida.
Puso en evidencia a los que practican la doble
moral. El Che dijo algo así como cuidado con la
codicia, cuidado con las trampas de la codicia y,
por eso, para burlarse firmaba Che en los
billetes de banco, cuando era presidente del
Banco Nacional de Cuba. Decía, cuidado con las
concesiones que hacen del egoísmo un eje de la
revolución y de la vida, porque esas trampas
acaban mágicamente, se encierran mágicamente
con la revolución social, y sobreviven al
capitalismo como una suerte de veneno que puede
joder el proceso de construcción de una nueva
sociedad.
- Estás hablando de un ser humano excepcional.
Pero a veces me pregunto si no hemos terminado
por idealizar al Che, por construirnos una imagen
divina, que mitificamos, porque nos interesa un
nuevo Dios.
Después de su muerte, el sistema se encontró
con que el desafío del Che era demasiado
peligroso, y entonces intentó el operativo ¿cómo
te diría?...de asimilación del Che como artículo
de consumo, y echó a circular un Búfalo Bill de
izquierda. Entrelazaron al Che con el bang-bang
de la violencia, como si su obra y su pensamiento
pudieran reducirse a la experiencia militar. Que
la izquierda lo haya mitificado no es importante
porque es un mito verdad, no un mito mentira que
eso sí es peligroso. El Che pudo haberse
equivocado en algunas cosas. El fracaso de
Bolivia no se explica sólo por la traición de
la izquierda boliviana, sino que, creo, se
equivocó de tiempo y de lugar. Eligió un lugar
vacío, despoblado, donde además, mal que bien
había ocurrido una reforma agraria, y la situación
no era la que él pensó que era. Allí se
produjo un diálogo de sordomudos entre el foco
guerrillero y el paisaje, entre lo que se supone
que es la chispa que va incendiar la pradera y
una pradera que no era propicia para la chispa.
El Che estaba con su gente en total soledad. Pero
no se equivocó de momento y de lugar en su
mensaje esencial, y su mensaje resulta
enmascarado por una imagen que en el fondo lo
traiciona, o más que traicionarlo lo reduce y
amputa a lo esencial, que es un mensaje lanzado a
través de los siglos de los hombres y mujeres, y
de los que vendrán después. O sea, su mensaje
va mucho más allá de su concepción del foco,
que puede ser discutido y cuestionado y
confrontado con los hechos.
- Quiere decir que lo importante es lo sustantivo,
no lo perecedero y coyuntural?
Claro, los hechos terminan por darle la razón.
Su concepción de la revolución ampliada, no de
la revolución aislada que reduce, que ese fue el
drama de la revolución del XVII en la Unión
Soviética, es importante. Al desaislarse la
revolución, al sentirse complementada, apoyada
dentro del continente, se enriquece. Y yo creo
que el Che tuvo siempre la preocupación de que
Cuba no terminara siendo una suerte de mancha en
el mar, de excepción de la regla.
Desgraciadamente no vivió para constatar la
realidad Nicaragüense, porque es una suerte de
confirmación de que Cuba no está sola. Desde
1979 para acá la propia revolución cubana que
tan decisiva fue para el triunfo de la revolución
sandinista, resulta en cierto modo alimentada por
la experiencia de Nicaragua. Por eso dicen bien
los nicaragüenses que no se trata de hacer otra
Cuba, sino otra Nicaragua. Pero su experiencia
que no es calcada, que no es copiada, influye
sobre la cubana y viceversa, en un diálogo
necesario, y los diálogos que uno sostiene con
el espejo o con la pared no son de verdad. Lo que
es de lamentar es que el Che no lo hubiera visto
con sus propios ojos, sentir los nuevos latidos
de América Latina.
- Me parece sugerente la idea de los espejos, en
el sentido de que uno solo no basta. No creo que
el continente del Che fuera, de todos modos, una
estrategia monolítica para América Latina.
La historia de latinoamérica es una historia
loca, y su realidad es múltiple y compleja, de
modo que hacen falta muchos espejos para
contemplar un rostro del resto, el rostro del
rostro. Y por eso los esquemas de América Latina
terminan, tarde o temprano, por naufragar, porque
se estrellan contra los acantilados de la
realidad. El Che no se equivocó cuando señaló
que un cambio sin profundidad no sirve, y los
cambios profundos gritan una necesaria violencia,
pero también dijo que no hay que confundirse,
que la lucha armada para cristalizarse requiere
de ciertas condiciones, que cuando hay espacios
políticos abiertos hay que tener cuidado en
meter la pata, o sea muchas meteduras de pata se
han dado invocando al Che, contra su consejo y no
a favor de las posiciones que mantuvo.
- Me ha impactado siempre esa idea del Che de que
el revolucionario debe estar movido por
sentimientos de amor. Cuando hace falta acumular
tanto odio para decir ¡ya basta!, ¿cómo es
posible esa armonía de amor y odio?
Yo creo que el amor y el odio van pegados, quien
ama la libertad odia lo contrario, cualquier amor
que no implique odio es medio sospechoso. Esa
idea del Che no es para nada puritana. La
realidad de la vida no es la realidad de la moral
hipócrita.
- ¿El Che vive?
Mira, en una tierra como Latinoamérica que está
gravemente enferma de impotencia, o sea, donde en
nombre del realismo se predica siempre la
resignación, y esperar y esperar, y la esperanza
se cansa de esperar, el Che es un impaciente, un
hombre de esperanza y por eso es un profeta, una
especie de Issaías de América Latina, un
anunciador de otros tiempos. Tal vez habría que
decir que nosotros también tendremos la
paciencia para esperar al Che, el regreso del Che.
Claro, él resucita en cada uno que cree en lo
que él creyó, y resucita en los grandes
movimientos populares de liberación en estas
tierras que no fueron condenadas por ningún Dios
a la desgracia que soportan.
Tomado de
Bolivianet
|