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El mundo 30 años después del Che (2da.Parte)

Es por la desarticulación interna de la clase obrera, por ese alejamiento de las
proposiciones internacionalistas.
Pero, en verdad, en los 70 y en los 80, desde que el Che murió, hubo un
distanciamiento enorme. La clase trabajadora europea, enfrentando el desempleo,
le dio las espaldas al resto de la clase trabajadora del mundo. Y disminuyó su
nivel de solidaridad. Y por el contrario, pasó a criminalizar a los trabajadores
africanos y del Tercer Mundo. En Europa tenemos un elemento importante de
crisis, que potencialmente va a permitir replantear el internacionalismo. El
viejo tema del Che, que en los años 60 era un tema de solidaridad
antiimperialista. Era la idea de solidaridad con Vietnam, con todos los que
luchaban contra el capitalismo y el imperialismo. Era algo que, para Europa, era
simplemente solidaridad con los "otros". Hoy es un tema que se plantea para con
ellos mismos. En gobiernos moderados, de Inglaterra y Francia, si hoy salen
victoriosos es simplemente porque supieron darse cuenta de la sensibilidad
popular respecto de los temas del desempleo en particular.
Hay gente que dice que los franceses son muy inconstantes, una vez votan a la
izquierda y otra a la derecha. No. Los partidos franceses son inconstante. Los
franceses votaron por Mitterand cuando él planteó la prioridad de los temas
sociales. Votaron después por la derecha, cuando Mitterand traicionó su promesa.
Y volvieron a votar por la izquierda cuando se dieron cuenta de que la derecha
es todavía peor que Mitterand. Y finalmente votaron por Chirac porque dijo que
iba a luchar contra la fractura social e iba a crear empleos. Y votaron contra
Chirac cuando él traicionó esto implementando el plan neoliberal. Y volvieron a
votar por la izquierda. Entonces hay que pensar que hay consenso de rechazo al
neoliberalismo, que se articula a lo largo de Europa y a lo largo del mundo.
Este es un año particularmente feliz para nosotros, muy bueno, en el que
conmemoramos los treinta años de la muerte del Che, porque fue inaugurado con la
huelga de los trabajadores de Corea del Sur, una huelga victoriosa justamente
contra las leyes de flexibilización laboral. Que siguió con el derrumbe del
gobierno de Bucaram. Ya no es más posible que un payaso tome la presidencia de
un país e implemente un plan económico de la noche a la mañana.
Tuvimos después la victoria del Frente Farabundo Martí en una alcaldía de El
Salvador. Tuvimos la victoria de los laboristas en Inglaterra. La victoria de
los socialistas en Francia. Vamos a tener la victoria de Cuauhtemoc Cárdenas
como alcalde de la ciudad de México. Es un año en el que empieza a forjarse un
consenso de rechazo al neoliberalismo. Si no hay todavía una propuesta
alternativa, por lo menos ya se sabe que eso que está no se quiere más. Yo
prefiero una alternativa que no tenga todavía un dibujo económico muy claro,
pero que signifique un rescate social. O que signifique, por lo menos, la
prioridad de lo social por sobre los temas económicos y monetarios.
Otra característica importante es que a pesar de los reveses que tuvo la
izquierda, aun así mantiene una fuerza y una capacidad de articulación y de
resistencia significativa. Una de las cosas que hay que destacar
significativamente de la guerrilla del Che fue el hecho de que aún en los
momentos de mayor dificultad, el Che y la gente que compartió con él, nunca se
arrepintieron de lo que estaban haciendo. Lo cual no significa no hacer
autocrítica de los errores que se puedan cometer, y los cometió como cualquier
ser humano. Lo peor que podemos hacer con el Che es santificarlo, creer que no
ha cometido errores. Seguramente los cometió. Felizmente era un ser humano, y
los seres humanos cometen errores y tienen la fuerza de superarlos. La izquierda
latinoamericana cometió varios errores, tuvo varios reveses; y sin embargo
todavía tiene fuerza para recuperarse.
Nosotros ahora vivimos un momento que no es igual a los años 60 y 70. Estamos
saliendo de los años 80, es decir, de un período de reflujo, período de ascenso
de las fuerzas conservadoras. Pero con diferencias. En los años 20 y 30 la
burguesía logró articular proyectos contrarrevolucionarios que movilizaron a las
masas en contra de la clase trabajadora. Así fue el fascismo, así fue el
nazismo. Eso ya no pasa. Porque en esa broma de "quién tiene un poster de Menem
o de Fujimori" uno no dice que ellos no tengan adeptos. Pero no movilizan, no
sensibilizan, no ponen gente en la calle. Es un consenso pasivo. No es un
consenso activo como fue el de Mussolini o el de Hitler, o el de Franco.
Entonces no es un período tan dramático como fue aquel. Sin embargo, se trata de
que venimos de un período de estar a la defensiva, estamos acumulando fuerzas,
tratando de rearticular lo que hoy tenemos, para poder pasar a la ofensiva.
Y cómo vivimos eso en América Latina? Qué pasó en estos treinta años desde la
muerte del Che? No me voy a detener en experiencias concretas. Seguramente
habría que detenerse en las luchas que hay en Uruguay, en Argentina, habría que
hablar del gobierno de Allende en Chile, de los sandinistas, de El Salvador, de
Guatemala. Pero serían demasiadas cosas para analizar en un solo momento y no
sería capaz de hacerlo. Sin embargo, podemos tratar en forma resumida de hablar
de los elementos básicos, de lo que pasó desde entonces.
En primer lugar, se agotó un ciclo de crecimiento económico en los años 70.
Aquel ciclo empezado en la posguerra, en el que a pesar de todas las
desigualdades sociales, el poder económico de industrialización en nuestro
continente creaba empleos, distribuía rentas, urbanizaba, extendía derechos
sociales y posibilitaba, de alguna manera, que la clase trabajadora se
organizara. Era un modelo que concentraba renta, indudablemente, que influía
socialmente; pero como tendencia había un proceso de distribución de rentas muy
desigual. Pero había un proceso de integración social paulatina, gradual.
Ese proceso fue interrumpido a lo largo de los 70. Ese cambio plantea
necesidades nuevas. La forma de socialización de la gente se daba básicamente a
través del trabajo. En parte trabajo obrero, en parte en el sector de servicios.
Pero era el trabajo lo que integraba a la gente a la sociedad. Eso dejó de
existir. El trabajo formal organizaba cada vez a menos gente en la sociedad. No
es que tenga que ser así, no es necesario que un obrero que pierde el trabajo en
la fábrica tenga que abandonar su cartera de trabajo. Puede pasarse al sector de
los servicios, pero no perder el trabajo. Sin embargo, lo que pasó fue eso: se
ha dado una fragmentación, una heterogeneidad cada vez mayor de los
trabajadores. Cada vez más gente vive de su trabajo en América Latina, pero cada
vez una proporción más grande vive de un trabajo precario, un trabajo
inconstante. Cada vez hay más fragmentación, una diferencia importante entre el
que está en una economía informal y el que está en la economía formal. No sólo
con las formas, la seguridad del trabajo de uno y la inseguridad del otro. Y
esto se da porque el que está en la economía informal trabaja en una cosa un
día, y en otra distinta al día siguiente. Entonces su incapacidad de
organización es muy importante y significativa respeto a esa escala social. Ha
pasado eso. El tema de la desarticulación social ha sido significativo,
especialmente desde el final de los años 80. Ese es un problema nuevo para
nosotros, el problema de encontrar otros hilos que articulen al conjunto de los
trabajadores. Nunca hubo tantos trabajadores, sin embargo no podemos contar con
esa solución tradicional que fueron los sindicatos. Tienen que haber otras
formas: cooperativas, autoorganización, asentamientos rurales, como
posibilidades que permitan que efectivamente la gente se autoorganice de forma
distinta que el asalariado. El trabajo asalariado dejó de ser la forma creciente
de organización de la masa trabajadora. Tiende a ser decreciente. Y eso nos
plantea un i