El
octavo año de la rebelión zapatista
Gilberto López y RivasEste primero de enero se
cumplió el octavo aniversario de la insurrección
de los mayas zapatistas. No han sido pocos los
esfuerzos y los sacrificios de este movimiento
para llegar a los ocho años de vida sin
renunciar a sus principios y sin perder la
hegemonía política en amplias regiones del
estado de Chiapas y entre los sectores del
movimiento indígena mexicano más
representativos e independientes del Estado.
Referente moral y programático alternativo en
los ámbitos nacional e internacional, el EZLN ha
logrado sobrevivir a una guerra de
contrainsurgencia que no ha cesado con el
gobierno foxista y que, como en todo
enfrentamiento, ha tenido muertos, heridos,
desplazados, desaparecidos, violaciones a los
derechos humanos, prisioneros y toda la secuela
de la ocupación castrense de territorio,
hostigamiento de población civil, prostitución,
alcoholismo y drogadicción. También, la
contrainsurgencia ha implicado la formación, el
entrenamiento, el apoyo logístico y en armamento
de grupos paramilitares que hasta la fecha continúan
su trabajo como complemento clandestino e ilegal
de la acción militar.
Pese a todos los esfuerzos de los sucesivos
gobiernos del continuismo salinista, incluyendo
el actual, el EZLN no ha podido ser derrotado ni
neutralizado políticamente. A pesar de las campañas
mediáticas contra el movimiento y sus dirigentes,
de la orquestada propaganda de la Secretaría de
Relaciones Exteriores a través de embajadas y
consulados, del férreo control migratorio y
policiaco de observadores y simpatizantes
nacionales y extranjeros, de la información
proporcionada por los órganos de inteligencia
civil y militar para nutrir controvertidos libros
y artículos, el zapatismo contemporáneo ha
resistido incólume calumnias y tergiversaciones.
En estos ocho años de vida, el EZLN ha tenido
que resistir no sólo los embates militares, políticos
y propagandísticos del régimen. También se ha
enfrentado a quienes desde distintos campos políticos
y sociales han pretendido anular su presencia o
disputar su hegemonía. Recordamos, por ejemplo,
a intelectuales y fuerzas políticas en el propio
movimiento indígena que incluso acusaron de
traición al EZLN por firmar los acuerdos de San
Andrés, aduciendo que las autonomías indígenas
tenían necesariamente que expresarse como un régimen
regional con estructuras gubernamentales que
constituyeran un nuevo nivel de gobierno entre el
estado y el municipio. Paradójicamente, algunos
de los dirigentes que defendieron esas posiciones
se encuentran actualmente dentro del campo del
oficialismo foxista o en el gobierno del estado,
ocasionando desde entonces rupturas o estimulando
falsas expectativas entre el movimiento indígena.
Muchas polémicas ha tenido el zapatismo con las
izquierdas tradicionales. Unos considerando
posible la utilización y el manipuleo del EZLN
para sus propios fines; otros pretendiendo
imponer una perspectiva pragmática y electorera
a una organización que va más allá de las
alternancias en el gobierno que poco cambio
significan para las mayorías nacionales. La sola
existencia de los zapatistas como fuerza política
indiscutible exhiben sin pudor los "errores
tácticos", el oportunismo, la confusión
ideológica, el deterioro moral de una izquierda
que se aparta de la ética en aras de ganar
espacios en los cargos de representación popular
o en el gobierno, a cualquier costo y sin escrúpulos
en el ejercicio de la función pública.
No han estado los propios zapatistas exentos de
errores y sectarismos que les han impedido
ampliar en ocasiones el margen de sus alianzas y
la conservación de compañeros de ruta. Sin
embargo, siempre han manifestado una congruencia
estratégica entre lo que dicen y lo que hacen.
Además, ¿qué organización armada ha
renunciado al uso de la fuerza por el reclamo
generalizado de la sociedad civil en esa dirección?
¿Qué movimiento se ha mantenido firme al sistemático
intento de coptación por parte del gobierno para
que reciban alimentos, medicinas y otras ayudas
materiales y de servicios, que son en realidad la
"cara amable" de la contrainsurgencia?
El EZLN ha jugado el papel de una conciencia crítica
nacional de carácter irreductible; con una
posición política basada estrictamente en el
interés patriótico y de clase que no conlleva
los consabidos réditos a cobrar a corto plazo de
los políticos tradicionales. Pudiera pensarse
que el EZLN sacrificó sus intereses como
organización nacional al mantenerse firme en el
tema de las autonomías indígenas; y al no
aceptar negociar al margen de los pueblos una
salida "realista" ante la
contrarreforma en materia de derechos indios. Sin
embargo, éste es precisamente uno de los
sacrificios mas notables de un comportamiento
distinto a la cultura política de los cochupos y
las concertacesiones.
En estos ocho años, el EZLN ha sido fiel a los
ideales que le dieron origen, ganándose el
respeto y la admiración de millones de personas
por su trayectoria consecuente en favor de los
oprimidos y explotados, como digno representante
del movimiento indígena que obligó al régimen
de partido de Estado a negociar y firmar los
acuerdos que de cumplirse eventualmente
establecerían las condiciones para el
reconocimiento efectivo del carácter pluriétnico
de la nación.
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