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Manu Chao, el estrellato de un clandestino

Por: Chucky García, El Periodista (Chile) especial para argenpress.info 22/10/2002


Entre el Tercer y el Primer Mundo, entre el underground y lo establecido, ha forjado durante casi 15 años una carrera que algunos espectadores ahora asemejan con la de Bob Marley y algunos críticos como una folclórica postal sudaca para turistas suecos. Quién es hoy en realidad y qué ha pasado en los últimos años con el músico galo francés, de quién se está promocionando un primer álbum en vivo junto a su banda Radio Bemba.

Hubo un tiempo en que Manu Chao pasaba desapercibido. Cualquiera se lo podía topar en cualquier calle, fiesta tradicional o antro de alguna población carioca, senegalesa, catalana o colombiana, y sentarse a conversar con él por largo rato, casi hasta que el tabaco, la cerveza o la marihuana hubiesen llegado a su final.

El Chao del 93, el que vino a Bogotá hace nueve años a montar un circo de tatuadores, malabaristas y músicos sobre rieles llamado El Expreso del Hielo es, sin duda, un personaje diferente al que hoy promocionan los medios internacionales a raíz de la salida de su primer álbum en vivo con la banda Radio Bemba, titulado Manu Chao Radio Bemba Sound System. Con muchos más años encima, más dólares, más presentaciones por el mundo y más camisetas de fútbol que el anterior, el Chao de hoy -valga la redundancia- no es el mismo intérprete clandestino que, incluso, hace cuatro años apareció de nuevo por Suramérica para promocionar su primer disco después de la disolución de Mano Negra.

Algunos lo ven como la nueva primera súper estrella del Tercer Mundo, otros se atreven a considerarlo el Bob Marley moderno del Primero. En ambos casos, críticos y fanáticos tienen en común el hecho de relacionarlo con el tipo de fiesta diversa, pluricultural y a veces caótica que sólo es viable en un crisol social donde la pobreza, el parloteo embriagante de la cumbia, el lamento lánguido y ruidoso de la ranchera y la pasión desbocada por el fútbol, son capaces de convivir y tolerarse en un espacio de dos metros cuadrados. Ese lugar es el nuestro, nuestra casa, aquel orbe Tercero al sur de Estados Unidos.

Algunos periodistas -que en su época de estudiantes en la facultad de comunicación auxiliaron a Chao y Mano Negra para pintar el Expreso del Hielo o que, tiempo después, elogiaron su álbum en solitario- declaran, contrariamente, que el manto estelar que hoy cobija al otrora clandestino ha creado un Manu Chao más consecuente con el público del Primero que del Tercero. Un Chao presto a saldar el hambre de world music -o de postales folclóricas sobre nuestra peculiar cultura mestiza- que ha invadido a los no mestizos en regiones como Europa; y que al parecer lo ha alejado -por consiguiente- de un compromiso serio frente a la difusión desinteresada de la cultura latinoamericana, la misma que -sin discusión- ha dado vida y forma a su vendida obra discográfica.

Que si Chao favorece a los primeros o a los terceros, sin embargo, no es la cuestión -ni el argumento absoluto- que mejor describe su carrera. Su relación con las tradiciones culturales de los pueblos mestizos, negros o indígenas del mundo ha sido estable y profesional durante los casi 15 años de su trayectoria oficial. Es su relación con la industria musical la que ha cambiado abismalmente -la forma en que ésta y los medios que la legitiman promocionan su música y su vida- y eso prueba por qué en su actual ascenso no es fácil que cualquiera se pueda topar con él en cualquier calle, fiesta tradicional o antro del mundo bajo.


Auge y caída de la Latinoamérica francesa

En 1993, mientras el Expreso del Hielo recorría una Colombia rural donde los guerrilleros y paramilitares comenzaban la disputa territorial que hoy se vive en las principales urbes del país, Manu le decía chao a Mano Negra, por problemas que él relacionaría cinco años después a quien aquí escribe. 'Nos costó entender por qué se acabó Mano Negra', contaba Chao con cara de tristeza y gresca, reconociendo que además de los subversivos, los militares colombianos los vigilaban mientras roban sus pertenencias. 'Con el tiempo se crearon antagonismos, mientras unos se querían quedarse en casa con sus hijos otros queríamos realizar aventuras de locos. Y rompimos porque no queríamos buscar compromisos. Un compromiso no es más que agua tibia. Mano Negra fue una alquimia de doce personas muy diferentes que durante mucho tiempo dieron el 100% de su vida. Unos nos vinimos a montar un tren en Colombia y otros se quedaron simplemente con sus familias... el grupo se dividió entre los que vinieron a este país y los que no'.

Y con la banda, se cerraba uno de los capítulos más importantes para la música moderna de Francia y, de forma indirecta, Latinoamericana. El que un grupo de franceses dirigidos por un franco español criado entre los discos de Bola de Nieve y las historias de su abuelo en Cuba expandiera el rock hacia las fronteras de la salsa y muchos otros ritmos que hacen referencia directa a la región, no era nuevo para parte del público latinoamericano pero sí generaba una gran confianza dentro de los sellos multinacionales. Con este formato, Mano Negra ya había conseguido la atención de Virgin (sello que editó gran parte de su discografía, desde Patchanka (1988), su debut, hasta Casa Babylón (1994), su disco de despedida). En México y Colombia, por ejemplo y durante esos años nacieron proyectos discográficos como Culebra, que si por un lado buscaban generar una ruptura en la forma de editar artistas nacionales de rock, por el otro tenían la firme intención de legitimar el llamado 'rock latinoamericano', que desde lo netamente latino (rancheras, tangos, música norteña, cumbia o carrilera) lograra posicionarse en los mercados hispanos y anglos.

'La gente dejó de avergonzarse por utilizar su propia cultura en el rock and roll', explicó Chao al respecto en una entrevista que tuvo con David Byrne (ex Talking Heads que lidera el sello Luaka Bop) en Nueva York. 'Cierta gente empezó a entender que podía utilizar su cultura y fusionarla con rock... A comienzos de los años noventas (cuando Mano Negra comenzó a ser muy reconocida en Latinoamérica), la gente comenzó a entender que había un tesoro en cada país'.


Polvorientas historias en AM

Desde un punto de vista no general, Casa Babylon, el inesperado adiós de Mano Negra con una gran repercusión de ventas, terminó sentando gran parte de las bases desde las cuales Manu Chao reaparecería cinco años después bajo el título de Clandestino (1998, también editado por Virgin). De algún modo, Chao retomaba el sistema de hits de Mano Negra -discursos zapatistas, imágenes de ungüentos y mentoles de la suerte, transmisiones de emisoras fronterizas en AM, historias polvorientas e ilegales; pero también incluía una completa serie de crónicas de carretera y tonadas cálidas fabricadas durante los cuatro años que sucedieron al deceso de Mano Negra, cuando el cantante y guitarrista, montado en un jeep sin rumbo fijo, decidió darle una vuelta más a África y América del Sur.

No había, sin embargo, más de un par de periodistas interesados cuando Manu Chao reapareció en Bogotá, en 1998, llevando bajo su brazo una copia promocional de su primer álbum en solitario, Clandestino. Lo acompañaban tan sólo una grabadora con un casete de Willie Colón y un músico francés de los que hoy conforman Radio Bemba, y quienes llegaron a entrevistarlo lo hicieron en un café de una zona céntrica y típica bogotana, que el propio Chao osaba conectar con otras de sus regiones preferidas, en un autógrafo que dejó sobre la mesa en ese encuentro: 'De Cariri (Brasil) a La Candelaria (Bogotá). De casita en casita. De sueños en sueños. De realidad en realidad... En equilibrio precario... Siempre ilusionado... siempre alumbradito'.


El expreso del fuego

Como una premoción, el Manu Chao del año 2000 tuvo, a su lado, más que un introvertido escudero francés o una grabadora de rapero neoyorquino. Chao seguía paseándose las mismas urbes tercermundistas en ruinas, alojándose en hoteles céntricos de mala muerte y recorriendo laberintos de drogas e indigentes como El Cartucho -deprimido sector bogotano donde hace un par de meses se produjo un atentado terrorista con cilindros bomba; pero las miradas que acompañaban sus pasos eran otras. Manu, el hijo del escritor Ramón Chao, el artista que había montado algunos otros circos de teatreros errantes, músicos de pueblos e improvisadores verbales como La Feria de las Mentiras (en Santiago de Compostela, España), ya no necesitaba recorrer 1.700 kilómetros por el nordeste brasileño para tener toda la bendición de los mass media. Con sólo tres canciones promocionales en radio (Clandestino, Desaparecido y Mama call), el ex líder de Mano Negra fue montado en el expreso caliente de la fama, por una crítica enardecida que necesitó de dos años para poder comprender su primer álbum en solitario.

Chao, tras la barra de su bar en Barcelona (La Última Ola) sonreía y respondía cordialmente a las preguntas que se le hacían en esa fecha, y aunque no recordaba exactamente lo que había dicho dos años atrás en Bogotá durante la charla en La Candelaria, entendía que su historia como músico definitivamente había cambiado, quizás en complicidad con el cambio del milenio y de los titulares de prensa.

Días después, incluso, y de vuelta a La Última Ola, ya había quienes tomaban la vocería a su nombre, anunciando nuevas giras por el mundo, predicando sobre la llegada de un posible premio Grammy o prediciendo el éxito que -como posteriormente sucedió- tendría su segundo álbum en solitario, Próxima Estación: Esperanza.


Me gusta Napster, me gustas tú

A finales del año 2000, de nuevo en Bogotá, Manu Chao presentó en vivo gran parte del material que llegó a formar parte de este álbum. En un festival gratuito conocido como Rock al Parque, él y su ya formado grupo Radio Bemba tocaron sin parar hasta la media noche, omitiendo tan sólo -irónicamente- la canción bandera del álbum Próxima Estación: Esperanza, la canción Me gustas tú.

En una rueda de prensa que antecedió el segundo recital oficial de Chao en la capital colombiana -uno de 60 mil personas que contrastó con las 300 que un día le fueron a ver durante las jornadas de construcción del Expreso del Hielo, al norte de la ciudad; se podía observar incluso cómo las cosas habían dado un giro de 180 grados, y cómo -una vez saliera el álbum en cuestión- girarían otros 180 grados más.

Periodistas de farándula inundaban el sitio de la conferencia de prensa y no había lugar para quienes lo habían reseñado tiempo atrás. Chao, por su parte, respondía más por necesidad promocional que por un interés serio frente a sus interlocutores, ofreciendo declaraciones que -confrontadas con lo que dijo un año después durante una conferencia de prensa en la antesala del Festival de La Mercé de Barcelona; finalmente resultarían contradictorias.

'Aconsejo a todo el mundo ir a piratear el Napster. Las compañías disqueras sólo piensan en su beneficio y han puesto los Cd´s a un nivel de adquisición al que ya no llega la gente. Quizás, económicamente, no sea lo mejor para mí, pero esa es una solución natural y evidente: Si no tuviera dinero para comprar discos, iría a Napster', dijo Chao en Bogotá en el cierre del Festival Rock al Parque. En la noche de septiembre de 2001, horas antes de abrir el Festival de La Mercé ante más de 60 mil personas y en medio de especiales medidas de seguridad, Manu aseguró a todos los periodistas latinoamericanos, españoles y hasta norteamericanos allí presentes, que era necesario replantear la piratería discográfica y ser, de algún modo, consecuentes con la industria: 'Se hace preciso que los pobres consuman más'.


Manu Chao y la radio del sistema


Algunos días después de llenar a tope la Plaza de Cataluña en el Festival de La Mercé, Manu Chao y Radio Bemba cerraban en París (Francia) la gira mundial de Próxima Estación: Esperanza, cuyas cifras de asistencia (1 millón de personas), ventas de discos, críticas y merchandising han sido de las mejores en toda la historia de un artista francés, español o latinoamericano, tres de las geografías con las que más se ha relacionado su carrera. En París, la noche del 17 de septiembre de 2001, Chao llevó a cabo además la grabación del que actualmente constituye su primer álbum en vivo después de Mano Negra, Manu Chao Radio Bemba Sound System, un disco de 29 canciones y 70 minutos que además de resumir en un solo tirón los 120 conciertos que él y su nueva banda dieron por tres continentes durante tres años, resume buena parte de la vida y obra del versátil franco hispano que alguna vez, tal como lo explicó en La Mercé, cayó en manos de la música de Bob Marley, 'esa cadencia medicinal capaz de hacerse entender ante cualquier cultura del mundo'.

Por encima de los 40 años de vida, sin hablar demasiado de sus cifras de ingresos y sin saber si algún día volverá al oficio de servir tragos en La Última Ola; Manu Chao reconoce que en este punto de su carrera es más fácil saber de su carrera por Internet, que merodeando los lugares que antiguamente él frecuentaba.

Algunos críticos no se arriesgan a considerarlo una luminaria, mientras otros no temen anticipar una carrera con más repercusiones en la música moderna, la industria y los espectáculos en vivo, ya sea con Radio Bemba, en solitario o produciendo discos de terceros desde un sello discográfico (de hecho, en el underground de Hispanoamérica está circulando una compilación de bandas apadrinadas y perfiladas por el ex líder de Mano Negra).

Encerrar a alguien acostumbrado a recorrer dos mil kilómetros por año en una oficina de discos, sin embargo, no será tan fácil como parece. El Chao de hoy se ha establecido en la televisión, la radio y la prensa de un número de medios cuyo número se hace imposible de determinar, pero eso no le quita que siga siendo el viajero de tiempo completo del que frecuentemente hablan los antiglobalizadores en sus marchas por Génova o Seattle. Directamente con ellos o indirectamente formando parte de lo que ellos atacan, el estrellato de este clandestino no es algo que -a pesar del control que sobre él y su obra ha tomado la industria de la música- pueda predecir el éxito de un disco o el titular de un artículo apologético en una revista de farándula.

La calle, el lugar donde Manu Chaho comenzó su comenzó su vida artística, a los 14 años de edad y con los Hot Pants, de seguro tiene las respuestas.