El
gobierno guatemalteco, indiferente ante la
hambruna
Ciberoamérica. México, 4 de septiembre.
Los guatemaltecos se cansaron de esperar a que el
gobierno responda a la
crisis alimentaria que afecta a los municipios
orientales de Jacotán y
Camotán, los más pobres del país y la sociedad
se organizó. En esos
lugares la situación es crítica: en los últimos
dos meses, 41 personas han
muerto de hambre y otras 37, la mayoría niños,
están hospitalizadas por la
misma causa. Sin embargo, las autoridades no han
dado señales de
existencia; no consideran que haya una situación
de emergencia, pues el
panorama, para ellas, es sólo un poco más grave
que de costumbre. Al
margen de la inmovilidad gubernamental, diversos
grupos civiles
emprendieron campañas para recolectar víveres y
enviar ayuda a esos
sitios. No fue sino hasta este lunes cuando el
presidente Alfonso Portillo
decretó el "estado de calamidad pública"
en los municipios afectados.
La Cruz Roja de Guatemala comenzó la labor de
acopio este 2 de septiembre
en escuelas y medios de comunicación para reunir
alimentos y ropa. Puso a
disposición de los interesados en aportar víveres
su sede en la capital.
También se pondrá en marcha un plan de
alimentos por trabajo en Camotán,
para evitar que la situación empeore, como ha
ocurrido en Jocotán. El
pasado fin de semana, el mayor consorcio
empresarial del país constituyó
el Movimiento Solidaridad, grupo que ya empezó a
distribuir comida.
Integrado por empresarios, clubes rotarios,
fundaciones, artistas, medios
de comunicación y grupos de Derechos Humanos, el
MS da apoyo económico
para contratar enfermeras, médicos, nutriólogos
y epidemiólogos. Al menos
12 estudiantes de Medicina que están por egresar
de la Universidad de San
Carlos serán llevados directamente a las
comunidades para que hagan allí
su práctica supervisada, atendiendo a los que
sufren los efectos de la
hambruna. También se analiza la posibilidad de
ofrecer fuentes de trabajo
y proyectos de asistencia social. En la sede del
gobierno, el presidente
Portillo aseguró el fin de semana pasado que la
hambruna en el país no es
extraña, pues "todo el mundo sabe que el 80
por ciento de los
guatemaltecos vive en la miseria".
No obstante, aprovechó la oportunidad y recordó
que el alza de impuestos
-improcedente para la mayoría de los
guatemaltecos- es urgente para evitar
situaciones como la que ha ocurrido en Jocotán y
Camotán y recaudar fondos
de ayuda a las víctimas. Por su parte, el
vicepresidente Juan Francisco
Reyes declaró que se están exagerando los
efectos de la sequía. Según
Reyes, no tiene las dimensiones que los medios de
comunicación le han
dado.
Este desdén no ha pasado inadvertido en la
prensa. La periodista Carolina
Vázquez Araya, del diario Prensa Libre, señala
en un artículo titulado
"Imágenes africanas", que "sólo
falta en el cuadro el inmenso desierto y
el sol a plomo sobre los cuerpos inertes de los
pobres de Uganda, pero no
son ellos: son los niños de Guatemala que mueren
de hambre, mientras el
gobierno pierde su tiempo y el dinero de los
contribuyentes en un frenesí
de despilfarro sin precedentes. Entre la vida y
la muerte de sus
gobernados por desnutrición y por enfermedades
curables, en lugar de
afrontar la realidad los funcionarios se
enfrascan en una guerra de
relaciones públicas que a nadie le interesa".
Para la Organización para la Agricultura y la
Alimentación (FAO) no hay
dudas: la crisis de alimentos que sufre Centroamérica,
causada por una
combinación adversa de cambios climáticos,
huracanes, terremotos y
pérdidas de trabajos, empeorará a raíz de la
sequía.
El organismo de la ONU señaló que un millón
600 mil habitantes de las
zonas rurales de El Salvador, Honduras, Nicaragua
y Guatemala necesitan
ayuda con urgencia. Aunque organizaciones
humanitarias están suministrando
alimentos en las regiones afectadas, la FAO indicó
que si la sequía
continúa o se presentan huracanes, la situación
será más grave. En los
últimos años, la región ha sido devastada por
terremotos y huracanes y
soportado los efectos del modelo económico.
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