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Las guerrillas en el Perú: 1965-1980 dos experiencias distintas


Las dos principales experiencias guerrilleras en el Perú se dan con un poco más de 15 años de diferencia, la primer inserta en la primera oleada guerrillera luego de la Revolución Cubana y la segunda en medio de la oleada post-Revolución Sandinista. Estas experiencias afectaron de distinta manera al sistema político en que se desenvolvieron, pero estuvieron relacionadas por un fuerte hilo conductor que explicaremos en este capítulo.
Para abordar este tema se hace necesario caracterizar metodológicamente a los grupos involucrados en ellas para así establecer claramente sus diferencias, sus características fundamentales, sus influencias y así comprender las dinámicas políticas ocurridas.


La influencia de Mariátegui

José Carlos Mariátegui, fundador el comunismo peruano, sólo vivió 35 años en los que escribió numerosos escritos filosóficos y sociohistóricos que lo llevaron a ser considerado por algunos autores como el pensador marxista más importante de América Latina. Siendo acusado, al mismo tiempo, de "nacional-populista indoamericano" por autores soviéticos, de "europeista" por sus antiguos camaradas del APRA y de "heterodoxo" por muchos marxistas en el mundo.

Su pensamiento se caracteriza por la fusión entre los planteamientos marxistas europeos más avanzados en su época y las tradiciones milenarias de la comunidad indígena, en un intento por asimilar en un marco teórico marxista la experiencia social de las masas campesinas.

El autor intentó estudió los modos de producción precolombinos intentando encontrar ciertas tradiciones colectivistas que pudieran determinar un comportamiento del campesinado latinoamericano distinto al del pequeño campesino europeo descrito por Marx en el 18 Brumario. Así como analizar la naturaleza de la doble opresión a la cual están sometidos: Etnico-cultural y económica social.

"Es interesante señalar que esta problemática será abordada, después de él, sobre todos por los "herejes" y disidentes dentro del marxismo del continente y más tarde por la corriente castrista". (Löwy Michael; El Marxismo en América Latina, Ediciones Era 1982, pág 103)

Para el autor peruano el problema indígena se identifica con el problema de la tierra, siendo el latifundio feudal el causante de la explotación y la dominación absoluta de las masas indígenas por la clase propietaria. Es tarea de los revolucionarios, de la propaganda política y del movimiento sindical -sostiene- cooperar en dar un carácter organizado, sistemático, definido, a esta reivindicación.

La reivindicación indígena carece de concreción histórica afirma Mariátegui mientras se mantiene en un plano filosófico o cultural. Sólo el socialismo enseña a plantear el problema indígena como reivindicación económica y política. "Hemos dejado de considerarlo como el problema étnico o moral para reconocerlo concretamente, como problema social, económico y político. Y entonces lo hemos sentido, por primera vez, esclarecido y demarcado". (Mariátegui José; Prólogo a la tempestad de Los Andes, en El Marxismo en América Latina, pág. 99)

Para el fundador del comunismo peruano las tradiciones colectivistas de los Incas tienen una gran importancia como elemento favorable al desarrollo del comunismo entre las masas campesinas e indígenas de la región andina. Este punto fue retomado posteriormente por Abimael Guzmán en el período de estudio "Reestudiar a Mariátegui" que vivió el incipiente PCP-Sendero Luminoso a principios de los 70. Hay que señalar que la hegemonía del proletariado siguió siendo para este autor la condición del paso al socialismo, tal como lo sostenían la mayoría de sus correlegionarios contemporáneos en el mundo.


Guerrillas del 65: la primera experiencia

Siguiendo la metodología Guevarista la guerrilla peruana se da principalmente en 1965, en plena presidencia de Fernando Belaúnde Terry, aun cuando tiene raíces anteriores, tal como sucedería 15 años después.

Sus vertientes son de tres tipos, fundamentalmente. Uno es el sector desgajado del APRA; otro proveniente de las filas del Trotskismo y un tercero derivará de un sector juvenil del partido comunista, que como en el resto de América Latina, por esa fecha rechazaba la vía insurreccional.

El primer sector provenía de las filas del APRA que en 1948 intentó provocar una insurrección para evitar el golpe militar del general Odría, luego de que había vuelto a la legalidad bajo el gobierno de Bustamante y Rivera.

Este intento insurreccional fue el más completo fracaso y la orden de Haya de la Torre de detenerlo llegó cuando la marina ya se había sublevado en Callao. La persecusión que inició el nuevo gobierno contra el APRA culminó en el cambio en los planteamientos de Haya de la Torre quien participó en los gobiernos de Odría y luego de Prado. Conjuntamente este partido perdió influencia entre sectores de obreros y campesinos que participaban en huelgas prolongadas. El APRA abogaba por reducir las exigencias de los trabajadores para no poner en peligro la estabilidad del régimen democrático.

En 1958 la Federación de Construcción Civil se retiró de la Central de Trabajadores Peruanos. La izquierda comenzó a controlar la Federación de Empleados Bancarios, la Federación de Estudiantes y la federación Nacional de Educadores, todos bastiones del aprismo. Una década después formaría parte de la Confederación General de Trabajadores del Perú.

Un sector radical al interior de este partido se mostró tremendamente crítico frente a la convivencia que se sostenía con el presidente Prado. El 12 de octubre de 1959, en medio de un Congreso Nacional del APRA, el grupo fue expulsado y forma tienda aparte. Nace el APRA Rebelde, liderada por el abogado Luis de la Puente.

Rápidamente el APRA Rebelde rompe completamente con su partido madre, incorporando a sus filas a elementos marxistas, el partido irá tomando esa definición paulatinamente y al decir de Luis Mercier "así se mantuvo hasta que el desarrollo de la revolución cubana generalizó una tendencia política castrista y legitimó, en cierta forma a lo largo de sus primera etapa, el pragmatismo revolucionario que eludió la adhesión a una ideología plenamente sistematizada". (Mercier Luis; Las Guerrillas en América Latina, Páidos, pág. 148)

El APRA Rebelde luego de diversas discusiones políticas decide marginarse del sistema democrático, cambiando su nombre por el de Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), proclamándose marxista leninista.

El 7 de febrero de 1964, Luis de la Puente pronuncia un discurso en la Plaza San Martín donde señala que la crisis del Perú es la crisis del sistema, constituyendo la democracia representativa una farsa que no sirve para los tiempos que se estaban viviendo en esa nación. De la Puente decía que el proceso insurreccional en el Perú asumiría las características de una "revolución agraria", comenzando por la invasión campesina a los latifundios, para después proyectarse en las barriadas marginales de las ciudades. La articulación de ello estaría, por cierto, a cargo del partido revolucionario.

La preocupación por el partido revolucionario hace que De la Puente considere al MIR como fuerza transitoria. Para él la unidad de la izquierda es necesaria para el triunfo de la revolución, pero el "partido de la revolución peruana se formará dentro del proceso insurreccional y sus cuadros y dirigentes surgirán de la lucha misma.

Es decir para comenzar el proceso insurreccional no se ve necesario la existencia de una vanguardia consolidada, al estilo leninista ortodoxo, sino que basta el impulso de un grupo de audaces, que incluso se enfrente en el plano ideológico con la izquierda tradicional. La fuerza política surge de la lucha. Luego, la guerrilla como acción antecede a las preocupaciones ideológicas. Tal es la característica de la guerrilla peruana de la década del 60. Después, con Sendero Luminoso, se pensará distinto.

El MIR desarrolla cinco frentes de combate dentro de la tesis foquista: Túpac Amaru, Atahualpa, César Vallejos, Manco Inca, Pachacutec. El primer foco comenzó sus acciones en la zona de Mesa Pelada, y establece un segundo frente, el Túpac Amaru, en Púcuta, bajo el mando de Guillermo Lobatón.

En carta enviada desde el campamento Illarce Ch'aska, Luis De la Puente fue describiendo el proceso vivido. "Pensamos que nuestra insurrección iniciada por las acciones guerrilleras se transformará, en un breve plazo, en una revolución agraria en las montañas y en el campo, y que las masas, respaldará a los grupos armados y dirigidas por el partido revolucionario, invadirán masivamente las tierras de los grandes propietarios y un poco más tarde explotará la bomba de tiempo de los arrabales marginalizados que rodean a las ciudades de la costa". (Mercier Luis; Las Guerrillas en América Latina, pág. 147)

El esquema guerrillero del MIR se basaba en los siguientes puntos:

1-) Consideraban que se hallaban presentes las condiciones objetivas y subjetivas para la lucha armada.

2-) En ese cuadro las masas deben poner como meta inmediata la toma del poder.

3-) En una primera etapa, la insurrección tomará la forma de guerra de guerrillas, y más tarde se pasará a la forma de guerra de maniobras, para llegar a la guerra de posiciones.

4-) Dado el carácter campesino que ellos ven del Perú, la insurrección debía comenzar en el campo, concretamente en la sierra cordillerana. Como en esos lugares la comunicación no es fácil, por la geografía, se debía instalar varios focos guerrilleros. Estos focos servirán para atraer por sí solos el apoyo de la población.

Cuando el presidente Fernando Belaúnde recurre a las Fuerzas Armadas, capacitadas para la lucha contrainsurgente, para enfrentar a la guerrilla el destino del MIR estaba señalado. Los seis meses de enfrentamientos, en que se movilizaron 5 mil hombres del Ejército, Marina, Aviación y Fuerzas Policiales dejaron 38 bajas de su parte, 65 menos que las causadas por el Ejército ecuatoriano en 1941.

Por parte de los guerrilleros del MIR la derrota es total, sus dirigentes muertos y los focos desarticulados. En 1966 se reunirá su comité central arribando a dos conclusiones: afirman que la actividad revolucionaria no alcanzó los niveles político militares requeridos para la lucha armada, y además, que los guerrilleros no conocieron en profundidad la sicología del campesinado, por lo cual éste terminó prestándoles nulo apoyo. Como destaca Alberto Flores Galindo no habían podido confundirse con la población serrana, lo que requería una labor paciente obtener confianza de los campesinos, sumado a que las armas llegaron tarde. "Ese fue el balance que muchos hicieron de aquel desencuentro entre organizaciones políticas y el movimiento campesino. Pese a ello el MIR desbrozó el camino por el que, desde 1980, comenzaron a transitar importantes sectores de la izquierda peruana". (Simon Yehude; Estado y Guerrillas en el Perú de los 80; Instituto de Estudios Estratégicos y Sociales, Perú 1988, pág. 78)

Una segunda vertiente guerrillera proviene del trotskismo, concretamente del partido obrero revolucionario, POR. Destaca allí Hugo Blanco, aunque también Ismael Frías (columnista de revista equis). Blanco durante su estada en Argentina perteneció al grupo Palabra Obrera, dirigido por el profesor de la Universidad de La Plata Hugo Bressano, conocido mundialmente como Nahuel Moreno, uno de los jefes de la IV Internacional.

Como señala Richard Gott, Perú, junto con Guatemala y Brasil, son los tres países de Latina en que los trotskistas estuvieron más activos. Pero Perú es el único país donde hallaron un dirigente nativo que a la vez era un apóstol convencido de la fe. Blanco creía, siguiendo las enseñanzas del creador del Ejército Rojo, que el proceso revolucionario peruano marcaba el fin de la teoría estanilista de la "revolución por etapas", que afirmaba -como dogma para todos los comunistas- que la revolución sólo podía ser burguesa democrática y que los capitalistas locales, a los que llama burgueses progresistas, se unirían a su causa de lucha contra el latifundio y el imperialismo.

Blanco, secretario general de la Federación Provincial de Campesinos de La Convención y Lares, participa primeramente en agitaciones campesinas, que luego se transformaron en huelgas campesinas de carácter revolucionario. Blanco forma el Frente de Izquierda Revolucionaria, FIR, integrado por el POR, por el PC leninista (Luis Zapata Bordero, que luego dará origen a Vanguardia Revolucionaria) y sectores sueltos. Su acción se desarrolla principalmente en El Cuzco, y concretamente en los valles de La Concepción de la sierra, en el sur del Perú. En 1962 después del golpe de Estado que derroca al presidente Prado los militares -que ocupan por un año el poder- detienen a la guerrilla, que apenas se había insinuado, procediendo a derrotarla en sus núcleos originarios. Hugo Blanco fue detenido y condenado a 20 años de cárcel. Fue amnistiado por el gobierno del General Velasco Alvarado en 1970 y al año siguiente deportado a México.

Al analizar críticamente lo sucedido Blanco afirma que no fue el material humano el que faltó, ya que los propios campesinos se convirtieron en vanguardia, sino que organizarlos partidariamente en un núcleo disciplinado, completamente consciente del papel que le correspondía en el proceso.

"Es muy posible que la guerrilla rural sea una de las formas que va a tomar la lucha armada en el Perú; pero no podemos afirmar que sea la principal. Nos parece que cuanto más extenso y uniforme sea el movimiento, cuanto menos espontáneo sea, mayor importancia tendrán las milicias, relativamente estables, tanto urbanas como rurales. A nosotros, fue precisamente el aislamiento el que nos obligó a convertirnos de milicia en guerrilla". (Blanco, Hugo; Tierra o muerte: las luchas campesinas en el Perú, Siglo XXI, 1972)

El tercer grupo insurreccional que se convirtió en foco guerrillero fue el salido del PC, dirigido en un principio por Javier Heraud, quien muere en un enfrentamiento en la localidad de Puerto Maldonado en mayo de 1963 cuando se dirigía con otros guerrilleros a apoyar los levantamientos de Hugo Blanco, y posteriormente por Héctor Béjar Rivera.

Este grupo junto con trostkistas disidentes, y militantes de diversos pequeños grupos, forman el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Sobre sus inicios Béjar dirá que el ELN no quiso constituir un partido -y con ello no quiso ser vanguardia organizada- por cuanto pensaban, como los miristas, que el partido de la revolución surgiría de la lucha misma.

Se consideraban una "asociación libre de revolucionarios" y un equipo militar disciplinado. En cuanto al nombre representaba más que una realidad presente un objetivo futuro de la tarea iniciada: la conformación del ejército revolucionario por todo el pueblo, toda la masa sin partido.

Béjar posteriormente se incorpora a la vida política sistémica a requerimientos del general Velasco Alvarado. situación similar sucedió con Hugo Blanco que incluso se presentó a las elecciones presidenciales de 1980.

La principal crítica a las guerrillas del 65 provino de los propios involucrados, por ejemplo el ex-comandante del ELN al analizarlas retrospectivamente afirma que fueron grupos surgidos de la pequeña burguesía, desencantada por el no cumplimiento de las promesas del gobierno de Belaúnde, e influenciados por la mística y por la ideología de la revolución cubana, que a través de la insurrección pretendieron romper el statu quo de la legalidad burguesa.

Las consecuencias de estas breves experiencias guerrilleras provocaron profundas huellas en la vida política peruana, aunque no afectaron la estabilidad democrática de ese período. Las raíces que comenzaron a surgir en esos años, así como el análisis de los errores cometidos, llevaron a que una década después surgieran nuevos grupos guerrilleros ahora sí con un sustento ideológico, organizativo y militar fuerte que afectó la gobernabilidad y la estabilidad de la democracia emergente de la década de los 80.

Muchos militantes de los grupos guerrilleros del 65 se incorporaron a la vida política democrática, otros crearon facciones que se mantuvieron latentes esperando un nuevo brote guerrillero, como ocurrió con el MIR Revolucionario, que participó en la fundación del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Pero no fue sólo el análisis de los errores cometidos el que los llevó a variar sus lineamientos estratégico-tácticos, sino que la experiencia de los grupos guerrilleros urbanos de los 70 y el aporte de la triunfante Revolución Sandinista se convirtieron en la luz que iluminó su accionar.

Por otro lado, el fracaso de la teoría del foco y de las guerrillas urbanas en todos los países en que se implementó fortaleció las posiciones de los maoístas miembros del PCP-Sendero Luminoso, que luego de más de 10 años de paciente espera iniciaron su larga marcha.


EL MRTA: HEREDEROS DE GUEVARA Y LAS GUERRILLAS DEL 65

En 1980 año en que termina la transición política y comienza la consolidación democrática, pero que también marca el comienzo de la acción de Sendero Luminoso, un grupo de antiguos militantes del MIR, de la guerrilla del 65, ex-apristas, del Partido Socialista Revolucionario Marxista Leninista, del Movimiento Revolucionario Velasquista, conforman una nueva organización que toma el nombre provisorio de: Movimiento Revolucionario Túpac Amaru.


ORIGEN

Este grupo durante los dos años siguientes desarrolla un trabajo de discusión ideológica, política y militar para definir lo que serían sus posiciones políticas, en lo que constituye su primera etapa. A partir de marzo de marzo de 1982, adopta oficialmente ese nombre, en memoria del indígena peruano José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, cacique de Tungasuca que se rebeló contra la dominación española el 4 de noviembre de 1780. Ese mismo año pasan a la segunda etapa de su historia: "la acumulación de fuerzas" que consiste en la incorporación de militantes para preparar las condiciones para su accionar. En 1984 abre la tercera fase: "la de propaganda armada, cuyo objetivo central no es la derrota o el aniquilamiento de las fuerzas vivas del enemigo, sino el darse a conocer al pueblo peruano, principalmente de llegar a las conciencia de las masas".(Combatiente El; Revista del MIR C- Militar chileno, Nº 20, abril 1991, pág 9)

El 28 de julio de 1984 se hizo público, por primera vez, el nombre del MRTA a través de un embanderamiento masivo. La bandera tupacamarista es similar al emblema peruano, pero lleva en la franja blanca la imagen de Túpac Amaru II rodeado de un fusil y una porra incaica que se cruza en "V", con las siglas MRTA. Además, durante ese período atacó el puesto policial de Villa El Salvador en Lima, robó el sable de San Martín y la primera bandera peruana. En esa ocasión realizó una incursión a la localidad de Tabalosos que originó un gran efecto político y sicológico a nivel nacional e internacional.

Al igual que otros grupos del continente, como el M-19, el MRTA realizó sus primeras acciones buscando símbolos que le dieran legitimidad en la sociedad. "Robaron esa espada para apoderarse de un símbolo nacional y para dar a entender que librarían la segunda guerra de emancipación. con eso decían: nosotros somos los detentores de la legitimidad nacional. Sendero con los perros colgados, lo que pretendían era colocar una barrera entre ellos 'los legítimos herederos del maoísmo', y los demás". (González Raúl; Una larga agonía: conversando con Henri Favre; Revista Qué Hacer, Nº54, agosto-septiembre 1988, pág. 50)

 

IDEOLOGIA

A diferencia de lo sucedido con Sendero Luminoso poco se ha estudiado la concepción político-ideológica del MRTA. Principalmente existen análisis de sus acciones de propagandas armadas, subestimando aquellos elementos programáticos que definen su personalidad política.

En ello sus propios militantes tienen responsabilidad, pues no han dado la importancia del caso a la difusión de su línea, bajo la justificación de sustraerse de un debate principista, al que ha sido tan adicta la izquierda peruana.

En el documento "MRTA-MIR: Unidad para la revolución", de diciembre de 1986, se resumen sus principales presupuestos teóricos. El MRTA pretende buscar en lo profundo de la historia del Perú, sus raíces y la justificación de su existencia como organización política.

"A sí mismo, se consideran como una prolongación de las luchas del pueblo peruano: desde la resistencia indígena al colonialismo español, pasando por la revolución de Túpac Amaru II -que da origen al nombre- hasta nuestros días. En lo anterior se percibe el intento de resolver la compleja relación entre socialismo y nación en una sociedad como la nuestra, en que la cuestión nacional continúa siendo un problema pendiente para la revolución".( Simon Yehude; Estados y Guerrillas en el Perú, EES, Lima, pág. 119)

Se autodefinen como una organización político militar de origen marxista leninista, no ortodoxa, continuadora de las Guerrillas del 65 y del Che Guevara, e influenciados por todas las experiencias guerrilleras latinoamericanas, principalmente la sandinista. Pero no niegan su vocación nacionalista que les ha permitido realizar alianzas tácticas con otros partidos políticos de izquierda peruanos.

El marxismo leninismo lo entienden como lo formuló José Carlos Mariátegui: no como calco o copia, sino como creación heroica. Insisten que el marxismo leninismo no es un cuerpo religioso repleto de verdades inapelables, sino un dinámico conjunto de leyes y principios que se nutren con lo más avanzado del pensamiento y la praxis revolucionaria de la época. Esta visión es la que los lleva, por ejemplo, a plantear la apertura hacia las diversas corrientes del campo popular, que van desde los cristianos de izquierda hasta el pueblo aprista.

El MRTA, por otra parte, afirma explícitamente su total autonomía respecto de cualquier país socialista o centro ideológico internacional, mostrando distancia con esta afirmación de Cuba o Nicaragua.

Afirman que la suya "es una corriente político-ideológica que se está construyendo en la lucha, ajena a las divisiones y conflictos entre los Estados socialistas son más compromisos que los que existen con la causa histórica de nuestro pueblo y las obligaciones del internacionalismo proletario". Y añaden: "Somos parte del movimiento revolucionario latinoamericano, que bajo las banderas del Che Guevara le dieran una nueva actitud y perspectiva a la izquierda del continente. no obstante cuestionan a quienes dogmáticamente califican al campo socialista de "socialimperialista" -refiriéndose explícitamente a Sendero Luminoso-. (Ibídem., pág. 119)

La revolución socialista es establecida en su programa como su objetivo final. Creen que el socialismo es la única salida a la profunda crisis del sistema imperante y para llegar a él consideran que es necesario transitar por una primera etapa, dentro de las cuales las tareas nacionales y democráticas tienen un peso importante: resolviéndolas es que se despejará el camino al socialismo. Afirman que mientras más se retrase la revolución, más patética serán las deformaciones del capitalismo dependiente (miseria, desocupación, depredación de los recursos naturales, estancamiento agrario, centralismo).

El análisis de la realidad peruana les muestra un país capitalista dependiente y deformado, que mantiene relaciones de producción pre-capitalistas. Ven como sujeto histórico de la revolución a la clase obrera, en alianza con el campesinado y aglutinando en torno suyo al conjunto del pueblo. De este modo, la construcción de la nación peruana, la solución de la cuestión agraria, el fin del centralismo burgués, la reedificación de la relación agricultura-industria, la reestructuración de la industria y la ruptura de cualquier lazo de dominación y dependencia imperialista, son tareas que sólo puede resolver plenamente en el socialismo.

La condición indispensable de este proceso de transformaciones -que impulsa el MRTA- es la construcción de un nuevo Estado. Este, edificado sobre los escombros de la vieja maquinaria estatal burguesa, será expresión de la democracia directa de las masas a través de sus órganos de poder popular y se sostendrá en las fuerzas armadas revolucionarias y el pueblo organizado en milicias.

La revolución peruana afectará, a su vez, a los intereses del imperialismo y la gran burguesía, cuyos bienes serán confiscados y pasarán a manos del nuevo Estado para conformar el área socialista de la economía. Así se pondrá en práctica un planificación democrática, que progresivamente se convertirá en el eje organizador de la reproducción económica y social; y se mantendrán formas plurales de propiedad, coexistiendo el área estatal socialista, el área cooperativa, y el de la pequeña y mediana propiedad privada, dentro de un proceso de transición en que la primera área es la predominante.

El MRTA considera, finalmente, que dentro del nuevo Estado que propugna es factible la más amplia libertad política y cultural del pueblo. Cree, así, que la libertad burguesa de hoy es fetichista porque da una falsa igualdad jurídica a quienes se encuentran desigualmente ubicados en la sociedad; y que logrando superar los abismos sociales que separan a los peruanos, se alcanzará la verdadera libertad.

El MRTA se define a si mismo como un factor en la construcción de la dirección estratégica de la revolución peruana. Esto es crucial dentro de su estructura partidaria: si bien posee la mística y la autoconfianza sin la cual una organización política no puede desarrollarse, erradican, en cambio, la noción de la autoridad cuasi papal del partido único y exclusivo. No es fortuito, entonces que uno de los ejes de su política sea precisamente la búsqueda de la unidad más amplia de la izquierda y el pueblo en general, como tampoco lo fue su unificación con el MIR.

Como señala el comentarista político Víctor Hurtado, de la revista Visión Peruana, en abril de 1986, cuando apareció el MRTA el escenario del campo popular se encontraba copado por el PCP-SL y la Izquierda Unida. Ambos habían logrado, cada uno en su terreno, una fuerza considerable. Por ello, no existía espacio para nuevos proyectos.

Esta tesis fue compartida por muchos analistas y políticos que estimaban que era casi imposible que los tupacamarus pudieran abrirse un espacio entre estas fuerzas encontradas. Sin embargo, la dinámica política peruana llevó en los años siguientes a una caída estrepitosa de la IU, y su vía política, y un incremento en el posicionamiento del MRTA, con su proyecto, en el escenario de guerra que se vivía en el Perú.


Estrategia y tácticas

Pero cómo el MRTA piensa que logrará los objetivos anteriormente señalados: A través de la "Guerra Revolucionaria del Pueblo", concepción estratégica que implica un complejo entrelazamiento de factores ideológicos, políticos, sociales, económicos y militares en torno a un eje estratégico: la lucha armada.

Algunos de sus lineamientos estratégicos de dicho proyecto son los siguientes:

1-) La Guerra Revolucionaria es un proceso en que concurren diversas formas de lucha y de organización, las mismas que se supeditan a la lucha armada;

2-) Es necesaria la construcción tanto de la "fuerza política" como de la "fuerza militar" del pueblo, en la medida en que ambas tareas se impulsan paralelamente y no la segunda después de la primera; y

3-)La guerra revolucionaria se desarrolla donde están las masas, tanto en las ciudades como en el campo. No obstante estiman que cada escenario tiene sus particularidades: mientras en el campo buscan construir su fuerza militar regular (el Ejército Tupacamarista), consideran a las ciudades como los centro de luchas principales político y social, donde lo militar tiene la función de auxiliar la guerrilla rural y preparar las condiciones para la ofensiva insurreccional del pueblo.

Es necesario señalar que las derrotas de la mayoría de las experiencias foquistas y de guerrilla urbana en América Latina, más que mostrarles un camino errado en pro de sus objetivos, sólo los llevo a realizar ajustes en la construcción estratégica, tratando de contar, al mismo tiempo, con una base social y política sólida tal como la conseguida por los sandinistas. Pero al igual que el Che Guevara apuntan a que las condiciones para una revolución pueden ser apuradas por un pequeño grupo guerrillero, urbano o rural. Convirtiéndose este grupo en el fósforo que encienda el pajar en que están parados, dado la crisis global que sacude a ese país, que provoca -a su juicio- las condiciones objetivas y subjetivas precisas para el estallido insurreccional.

PARTE II