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Guatemala: La
victimización del indígena y la culpabilización del mestizo
Ileana Alamilla
Incidencia Democrática
Entre los acontecimientos mas Importantes de esta semana en
Guatemala, está la instalación de la primera fase del Tribunal
contra el Racismo.
Guatemala, país multiétnico y pluricultural, tiene en su
historia la vergüenza de una tradición de discriminación y
exclusión a los distintos grupos étnicos, de parte de los
grupos mestizos dominantes.
Los distintos gobiernos, asumiendo posiciones ideológicas y políticas
acordes a sus intereses, han ejecutado políticas de asimilación
de los indígenas a la cultura ladina.
En este país multicolor, cuya riqueza radica precisamente en la
diversidad, el aporte cultural, social, económico y en las
mismas tradiciones de las mayorías excluidas, los que ejercen la
dominación en distintas esferas, han despreciado estos valores y
han estigmatizado a los indígenas.
En Guatemala, ser pobre es malo, pero no tan malo como ser indio.
El peor insulto que se puede recibir es la comparación con un
indígena. Los chistes, las burlas, los refranes reproducen esa
cultura racista, que para infortunio, los guatemaltecos y las
guatemaltecas lo hemos recibido en los hogares.
Pero los tiempo van cambiando. Durante el proceso de negociación
para la terminación del conflicto armado por la vía del diálogo,
la visión de la insurgencia de abordar esta temática y la
aceptación del gobierno y del ejército de discutirla, me parece
que es uno de los grandes aportes históricos de las partes .
El Acuerdo de Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas, uno
de los mas discutidos y de gran contenido humano y político, en
sus considerandos reconoce que los pueblos indígenas han sido
sometidos a niveles de discriminación de hecho, explotación e
injusticia por su origen, cultura y lengua y que, como muchos
otros sectores de la colectividad, padecen de tratos y
condiciones desiguales e injustas por su condición económica y
social.
El reconocimiento de la identidad de los pueblos indígenas es
fundamental para la construcción de la unidad nacional basada en
el respeto y ejercicio de los derechos políticos, culturales,
económicos y espirituales de todos los guatemaltecos, dice el
Acuerdo.
La lucha contra la discriminación legal y de hecho es el primer
aspecto que aborda el compromiso y plantea, a partir del concurso
de todos, la transformación de mentalidades, actitudes y
comportamientos y que comienza por el reconocimiento de la
realidad de discriminación racial existente.
El análisis de esa realidad se traduce en compromisos, que se
establecen en distintos planos, el primero, el legal que exige la
tipificación de la discriminación étnica como delito y luego
en la divulgación de los derechos de los pueblos indígenas.
En ese valioso documento encontramos muchos elementos para la
reflexión y para ir sentando las bases de solución a tan
aberrante práctica. Varios años han pasado desde que se firmó
el acuerdo y muchas cosas se han ido transformando.
En el Teatro de Cámara del Centro Cultura Miguel Ángel Asturias,
sobrevivientes de masacres presentaron su testimonio sobre la
forma brutal en que les violaron sus derechos humanos.
En la década de los 80, el ejército y los grupos paramilitares,
haciendo gala de un trato inhumano y con gran prepotencia,
persiguieron a los campesinos, los torturaron y masacraron, acusándolos
de pertenecer a la guerrilla, según narraron los valientes
testigos que acudieron al rescate de su dignidad y de aquellos
que perdieron la vida a manos de tan despreciables criminales.
Los denunciantes, sobrevivientes de algunas masacres, aseguran
que esos crímenes son una muestra de que la discriminación
racial fue institucionalizada, ya que las víctimas fueron las
poblaciones étnicas del país.
Otros de los casos presentados fueron los de dos enfermeras de un
centro de salud a quienes las autoridades les impidieron laborar
con el traje indígena, el de la Antropóloga Irma Alicia Velásquez
a quien no dejaron ingresar a un restaurante y el de las
estudiantes de Derecho de una universidad quienes fueron
reprobadas de una práctica profesional supervisada por el mismo
motivo.
Éstos son algunos de los miles de casos de discriminación étnica.
No podemos seguirlos ignorando. Hay un urgente reclamo de
justicia; la sociedad y los gobernantes, tienen que responder a
este legítimo derecho.
El Tribunal instalado busca concienciar y sensibilizar a la
sociedad sobre ese fenómeno. No habrán fallos, únicamente se
escuchará a las víctimas y se sacarán conclusiones, pero ya el
camino está iniciado. Nunca más podremos negar que ésta ha
sido y es una sociedad racista.
Hemos cometido muchos errores como conglomerado, unos por acción,
otros por omisión. El estado cometió múltiples crímenes,
algunos de lesa humanidad. Es hora de rectificar y de abonar a
esa gran deuda social que tenemos.
La solución no es la venganza, la solución pasa por la justicia
y el reconocimiento de lo actuado. Se debe visibilizar el
problema, como dice el reconocido académico Álvaro Pop. No se
trata de victimizar al indígena y culpabilizar al ladino.
Si asumimos la existencia de la discriminación, esto va a
posibilitar la construcción de una nueva nación. La Misión de
Verificación de Naciones Unidas de los Acuerdos de Paz, MINUGUA
recomendó al estado la creación de mecanismos jurisdiccionales
para impedir la reproducción de actos antidemocráticos, como la
discriminación racial.
Los y las guatemaltecas merecemos una oportunidad para
reivindicarnos ante tanta injusticia cometida contra nuestros
hermanos y hermanas. Será un tributo a las víctimas y un digno
legado a nuestros descendientes.
La fogata