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El silencio y su significación: Análisis del discurso zapatista
Dalia Ruiz Avila

"Hay palabras que no nacen del hambre de decir, sino de la necesidad de mentir o de las ganas de joder la paciencia. Quizá por eso el hambre de decir prefiere, a veces, comer callando."
Eduardo Galeano

En México, en los albores del siglo XXI "el silencio" juega un papel relevante en el escenario de la vida política. Este objeto discursivo se relaciona con lo dicho y lo no dicho: estar en silencio no es estar fuera de sentido y el silenciamiento es una acción que corresponde a una dimensión de lo no dicho. El presente texto busca comprender la materialidad simbólica del "silencio" y, además, explicar por qué el silencio de los zapatistas trascendió el tiempo y el espacio y adquirió una forma particular de presencia.
La historia del silencio se liga a lo religioso, a una dimensión de lo sagrado, tanto en la representación de lo divino como en las diversas manifestaciones místicas y espirituales. Su estudio en el campo de las ciencias del lenguaje ha propiciado un señalamiento en torno a dos fronteras: la que existe entre lo dicho y lo no dicho y la que se establece entre lo dicho y las prácticas discursivas en que se circunscribe.
En el análisis de discurso, se rescata este objeto discursivo de la pasividad que se le ha conferido socialmente y se le vincula con la historia y la ideología; el silencio es significante, no es vacío, tiene significación propia , es garantía del movimiento de sentidos. En esta perspectiva, en este documento se le aborda como una realización del discurso político que se produce, circula y se recibe en un espacio público; que condensa los intereses y deseos de un amplio sector de la población con respecto al Estado, a la sociedad civil, a las relaciones intergrupales e internacionales.
En México, la aurora del siglo XXI que se resiste a presentarse sin escándalos y atropellos se ha visto marcada por una significación particular del silencio. Este objeto discursivo realiza uno de los papeles de mayor importancia en el escenario de la vida política nacional. Se instaura, se rompe o diluye y la posibilidad de que vuelva a presentarse genera incógnitas difíciles de despejar.
A lo largo de los años de acción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que emergió al escenario político-militar en el año cuatro de la última década del siglo pasado, se han presentado de manera reiterada periodos de silencio que contrastan con la difusión que se le ha prodigado en los medios de comunicación masiva (MCM), prioritariamente la prensa escrita. A los momentos de diálogo y negociación que se han suscitado entre este movimiento y el gobierno, se vinculan acciones, que hoy son materia prima para cualquier análisis en torno a este acontecimiento social, histórico y cultural que dio una nueva fisonomía a este país.
Desde el 1 de enero del año citado , día de la aparición pública del movimiento guerrillero indígena de inspiración zapatista en el estado de Chiapas, hasta la primera mitad de 1998, casi sin interrupción, un amplio grupo de alfabetizados privilegiados por su acceso a los periódicos y a las revistas que decidieron publicar la producción discursiva escrita del principal vocero de esta organización, Subcomandante Insurgente Marcos y del Comité Clandestino Revolucionario Indígena de la Comandancia General (CCRI-CG), tuvieron la oportunidad de impregnarse de la filosofía de este grupo rebelde conocer las condiciones de vida y las demandas de los indígenas chiapanecos y disfrutar la producción literaria de este autor que asombró por la agilidad y frescura de su pluma electrónica.
Paulatinamente, las páginas escritas desde algún lugar del sureste mexicano y de la selva chiapaneca empezaron a escasear, dejando pasar periodos prolongados de silencio que han provocado comentarios de diversa índole, por ejemplo "El silencio de Marcos es un reflejo de la confusión del movimiento" . En otras palabras, la sociedad mexicana pasó de una amplia exposición del pensamiento zapatista que permitía conocer, valorar, opinar, comentar, etc., tanto a quienes compartían esos contenidos significativos, como a los que no, pero que de alguna forma interactuaban en función de estos discursos en sus respectivos lugares sociales, a una situación elocuente de silencio con amplia significación, cuyo sentido se intenta encontrar en estas líneas.
Como muestra, vale apuntar que después de un largo periodo de cinco meses, a mediados de julio de 1998, el EZLN irrumpe de nuevo en el escenario nacional con la aparición del documento narrativo-expositivo "México 1998. Arriba y abajo: máscaras y silencios", el cual consta de siete puntos: I. México mitad de 1998, II. Las máscaras y los silencios de arriba, III. 1998, El ejército federal mexicano: entre Ángeles y Huertas, IV. Las máscaras y los silencios para los de abajo, V. Las siete víctimas de la nueva estrategia gubernamental para Chiapas, VI. El viejo Antonio contra el maoísmo trasnochado y VII. La séptima máscara y el séptimo silencio .
Este comunicado se inscribe dentro del proceso de comunicación que el grupo zapatista realiza con el gobierno y con la sociedad civil; por lo tanto, se trata de un discurso político que informa, comunica, define, explica y construye hechos; al mismo tiempo ataca, justifica y defiende, pide y rinde cuentas, propone algunos cambios y se opone a otros; trata de persuadir y para ello presenta puntos de vista y concepciones de la vida pública y del mundo; interroga y responde; califica y descalifica.
Como una muestra de la importancia que la palabra "silencio" tiene para los zapatistas, es pertinente destacar que ésta aparece en dicho discurso más de cuarenta veces. La reiterada presencia del término "silencio" en el citado texto justifica sin proponérselo explícitamente el prolongado silencio del EZLN durante casi medio año. Este hecho puede explicarse porque el discurso no se agota en el periodo de realización y difusión que establece la fecha; al igual que los sujetos, los sentidos son marcados por la continuidad.
En este sentido, el "silencio" como objeto discursivo de este comunicado escrito difundido en la prensa es una representación del contexto socio-histórico de un país latinoamericano con un alto índice de población indígena, de desempleados, de marginados, de analfabetismo, etc., que se manifiesta en las diversas interpretaciones que acerca de él se producen, es decir, adquiere su unidad a partir del discurso entendido como práctica social y su significación se realiza en el espacio discursivo creado por sus interlocutores que se encuentran distantes y que constituyen un público disperso.
Estar en silencio no es estar fuera de sentido y el silenciamiento es una acción que corresponde a una dimensión de lo no dicho. De acuerdo con estos lineamientos en esta ponencia, mediante el análisis del citado documento, se pretende alcanzar los siguientes objetivos: 1. Comprender la materialidad simbólica del silencio como práctica discursiva del EZLN en el contexto social, cultural y político de México; y 2. Explicar por qué el silencio de los zapatistas trasciende el tiempo y el espacio y adquiere formas particulares de presencia: la de hablar callando, la de estar sin estar y la de mostrar a través de una máscara.
La estructura de este trabajo se compone de tres partes: en la primera, se aborda la relación entre discurso y símbolo y se presta particular atención a la interrelación que entre éstos se suscita en el discurso; en la segunda, se revisa la correspondencia del silencio con la historia y la ideología; y en la tercera, se trata el funcionamiento discursivo y la significación del silencio. La propuesta analítica pasa por la revisión de los significados del objeto discursivo en la construcción del documento y se introduce en la búsqueda de sentidos de la actitud zapatista cuando en apariencia desaparece del escenario político.

1. Símbolos y discurso del silencio
En 1994, emerge del México profundo de Guillermo Bonfil un sujeto revolucionario perteneciente a la clase de los excluidos, de los marginados, de los indígenas, que posee un lenguaje metafórico, que pregona un ser colectivo y que protagoniza un movimiento de sublevación contra el régimen oficial y acapara la atención de los noticiarios y titulares de prensa nacional e internacional. La respuesta del gobierno es de tipo militar e incluye el bombardeo de la zona del levantamiento; de manera paralela, la sociedad civil toma la calle y al tiempo que exige el cese del fuego apoya las once demandas zapatistas . Este hecho da margen a la apertura de un espacio de diálogo entre las dos fuerzas enfrentadas. El EZLN a los doce días de combate se compromete a acatar el mandato de la sociedad que le pide no usar las armas y buscar las vías políticas que garanticen el cumplimiento de sus demandas.
De esta forma, los insurgentes transitan a su conformación como movimiento de la palabra que lleva en sí una propuesta nueva. Paradójicamente y después de más de tres años de la difusión del pensamiento y la palabra, del ejercicio del debate y la negociación, del reconocimiento a las instancias intermediarias como la COCOPA y la CONAI , el zapatismo se estrella con la prepotencia del Estado mexicano y para contrarrestarlo ha tenido que poner en práctica un funcionamiento específico del discurso del silencio.
En esta exposición, se parte de considerar a los discursos como prácticas sociales peculiares; en ellos, la función simbólica -esto es, la posibilidad de que los sujetos se refieran al mundo por medio de representaciones de valoración, evaluación y conflicto- se constituye en parte esencial de su funcionamiento. La necesidad de expresar, comunicar tal cual se presenta una situación o la presencia vivida del mundo, conlleva una actitud de significación al igual que la selección de un conjunto de formas que posibilitan llevar a cabo dicha representación. En este proceso, los zapatistas han optado por alternar el poder de la palabra con el del silencio; éste les ha permitido significar el mundo vivido, mediante la negación de las significaciones invariables y objetivas de la expresión verbal.
En esta perspectiva, han expuesto un discurso límite del silencio, basado en la ruptura de los significados característicos de otro discurso. La explicación otorgada por el grupo rebelde, en relación con esta práctica discursiva en el documento "México 1998. Arriba y abajo: máscaras y silencios", se vincula ampliamente con símbolos como ocultar y callar, mostrar y hablar, máscaras que ocultan pero también muestran y silencios que callan al mismo tiempo que hablan. Una reflexión acerca de ellos y sus interrelaciones proporciona elementos para entender este fin y principio de siglo en México. Obsérvese el siguiente esquema.
Como puede observarse, un silencio separado de la palabra no significaría nada; su existencia requiere de ella. El silencio zapatista, por una parte, señala los límites de la palabra; por la otra, muestra la existencia de las situaciones y expresa que éstas son inexplicables por la palabra. De las siete partes en que se divide el citado documento, tres -la segunda , la cuarta y la séptima - exhiben epígrafes ilustrativos, que aluden a la relación entre el silencio y las máscaras como ejes fundamentales del discurso político mexicano y a las distintas ubicaciones sociales de los sujetos: los de arriba y los de abajo; ambos poseen máscaras, hablan, callan y ejercen el silencio.
El fundamento de la palabra es el silencio, del cual surge y al que se revierte: "Después de tanto silencio estos indígenas hablan una nave, un arca de Noé, una torre de Babel". La palabra y el silencio son dos momentos en los que el ser se identifica: "Así como después de los combates de enero de 94 descubrimos en la palabra un arma, ahora lo hicimos con el silencio". Cuando los representantes del sistema e incluso la sociedad civil no imaginaban que los zapatistas guardarían silencio, el hecho se produjo. Los indígenas fueron quienes ejercieron primero el silencio y han decidido retomar la palabra cuando la coyuntura política y la situación comunicativa les han propiciado condiciones válidas para expresar "nosotros pudimos aprendernos y enseñarnos y enseñar otra forma de lucha, y que con la razón, la verdad y la historia, se puede pelear y ganar... callando". El conocimiento del momento político, de la situación comunicativa y del otro (aliado o adversario), en este discurso, pasa por un movimiento de retorno. Va del discurso a su origen, el silencio.
Hablar y callar, callar y hablar son los soportes del discurso del silencio. Éste se ubica en medio de dos realizaciones verbales: "No obstante que, en el tiempo que duró este nuestro estar callado, nos mantuvimos sin participar directamente en los problemas nacionales con nuestra posición y propuestas... grandes fueron los pasos que adelante nos mantuvimos y vimos". Entre estas prácticas discursivas verbales y no verbales, no existe una barrera tajante; más bien, la negación de una ratifica la presencia de la otra, es decir, se establece un continuum a través de ellas: "Nuestro silencio desnudó al poderoso y lo mostró tal y como es:"
¿Qué son y qué significan las máscaras?. ¿Son ellas acompañantes de la simulación? Si todas las transformaciones/metamorfosis tienen algo de misterio y de vergüenza, puesto que lo ambiguo se produce en el momento en que algo se modifica para ser ya otra cosa, pero aun sigue siendo lo que era, entonces en la presencia de la máscara está latente un cuestionamiento a las relaciones verdadero y falso, real e imaginario, que atraviesan el principio de igualdad y la negación de la referencia: "Por si hubiera duda de quién lo tripula y dirige, el mascarón de proa luce ¿un pasamontañas? Sí, un pasamontañas, la máscara que devela el silencio que habla".
En el documento, "a los de arriba" se les describe a partir de un conjunto de máscaras que utilizan para ocultar el silencio: 1. La de la modernidad, que oculta el rostro de una economía empobrecida de los marginados y que la economía política se achica ante el capital financiero que autoriza guerras, quiebras, dictaduras, etc.; 2. La de la reconversión industrial, que disimula la verdadera campaña de exterminio en contra de los sostenes fundamentales de la soberanía nacional; 3. La de macroeconomía; 4. La del chauvinismo, que esconde la destrucción de la nación que lleva a cabo el gobierno contra los indígenas y contra los observadores extranjeros; y 5. La de la objetividad intelectual.
La máscara constituye una imagen. "Faltos de la legitimidad que sólo se obtiene de los gobernados, estos personajes de la tragedia mexicana de fin de siglo la suplen con una máscara hecha ex profeso, la del Estado de Derecho". La ocultación tiende a la transfiguración, a facilitar el traspaso de lo que es a lo que se quiere ser. Sin embargo, no siempre se logra: "la máscara de la modernidad mexicana se descascara cada vez. Y cada vez es más difícil no ver lo que oculta". "Oculta un modelo económico que ha sido impuesto desde principios de la década de los ochenta". ¿Para quiénes? Para el sistema político mexicano: "Piensa que ya sólo una máscara podrá salvarlo y llevarlo vivo (aunque ya no sano y completo) a la otra orilla de este siglo: La Máscara de la Guerra".
¿Cuál es la relación entre máscaras y silencios? Los de arriba también son los encargados de distribuir bajo la apariencia de consumo gratuito "grandes cantidades de máscaras y silencios para los de abajo". Estas ofertas encubiertas se reproducen en máscaras de anonimato, apatía, individualismo, aislamiento, cinismo, etc., las cuales por designación natural se acompañan de rencor, impotencia, avasallamiento, desesperación, soledad, resignación, rabia. "Nuevas formas de lucha van creando sus propias máscaras y van forjando sus silencios", es decir, se construyen representaciones que propician el ocultamiento de los propósitos de los sujetos.
Silencios y máscaras son símbolos que evidencian que el discurso del silencio se refiere a un mundo representado, capaz de referir al interlocutor cosas distintas de él mismo. "Sí, un pasamontañas, la máscara que devela el silencio que habla". M. Pécheux señala que los procesos discursivos se realizan por los sujetos, pero que éstos no tienen su origen en ellos. Al hablar el sujeto, se divide. Sus palabras son también las palabras de los otros, de lo cual resulta una relación dinámica entre identidad y alteridad, un movimiento que distingue y al mismo tiempo integra, demarcando al sujeto en su relación con el otro. Por ejemplo, "los de abajo", "hombres y mujeres de máscaras y silencios construyeron su nave... ¡en medio de la montaña!"

2. Silencio, historia e ideología
El silencio no es nuevo en la configuración histórica de los procesos de significación de la vida del mexicano. En el estatuto social del país, en el lugar que se asigna a los indios, ellos carecen de voz, no hablan; si acaso, escuchan. Sobre ellos cae el silencio porque ellos mismos poseen una significación tácita, pero los sentidos derivados de esas formas de elipsis no son menos significativos que las voces que pueden escucharse.
Como una forma de responder a los diferentes mecanismos de marginación asignados, los indios originarios de estas tierras han puesto en práctica los mecanismos de funcionamiento de diferentes procesos de significación que muestran el silencio que en el México de principios del siglo XXI se convierte en objeto discursivo de gran importancia. Es así como el silencio permite reconocer la constitución de la historia del sujeto no únicamente como reproducción, sino como transformación de los sentidos; consiente escuchar los gritos del pasado traspasando los entresijos actuales.
En el comunicado motivo de este análisis, se alude a la historia y a su relación con la memoria y el olvido. Presenta una "Historia Oficial" (con mayúsculas) y una "historia real" (con minúsculas); ésta se suple con la primera que tiene una máscara, la de la modernidad, con ella "como columna vertebral, una serie de argumentos se esgrimen para justificar... la vertiginosa destrucción de todo aquello que permite a un país hacer que la soberanía no sea un mero recurso teórico". Las representaciones de las dos historias, la oficial y la real, constituyen alocuciones propias de una formación social que se define por la manera en la que se relacionan los modos de producción, la conformación de las clases sociales existentes, la superestructura y la forma de Estado .
Al silencio que se opone a partir de una íntima relación, a la palabra, pueden adjudicársele diferentes funciones en el discurso zapatista: ruptura de la comunicación; enfrentar al otro; omitir amenazas; estrategia para ganar tiempo, mientras el otro muestra más de sus argumentos; descalificar al otro al no legitimar su carácter de interlocutor. La política del silencio se define por el hecho de que al decir algo se inhiben necesariamente otros sentidos posibles, no pertinentes en una situación comunicativa dada; en esta dimensión, el silencio establece una marca entre lo que se dice y lo que no se dice .
La ideología, como materialidad discursiva, generalmente se define como un conjunto de creencias colectivas destinadas a dirigir el comportamiento práctico, que propone valores a realizar y ofrece una interpretación de la vida social con la tendencia a traducirlas en acciones políticas. En este sentido, es un marco de ideas y actitudes comunes a un grupo social que ordena las correspondientes a cada sujeto y le prescribe reglas de comportamiento.
Las formaciones ideológicas se materializan en a) los aparatos y las instituciones; b) las prácticas sociales en general, entre las que se encuentran las prácticas discursivas: verbales y semióticas; y c) los sistemas semióticos por excelencia, por ejemplo la moda, los emblemas, los ritos, etc., que constituyen formas simbólicas por medio de las cuales se suscita la expresión y se comprende a los otros. Todos ellos no constituyen un mundo etéreo que se alce en oposición a lo que es real, sino que son constitutivas de lo que es histórico en una sociedad y se intersectan con las relaciones de poder.
La eficacia de la ideología consiste en que confiere a las palabras no sólo un sentido, sino también un poder: de rechazo, de persuasión, de consagración, de legitimación, de estigmatización, etc. Este poder se funda en que ésta se presenta como irracional y crítica para disimular su verdadero funcionamiento . O. Reboul también señala que existe una relación contradictoria entre la forma y el contenido de la ideología. La primera es racional y el segundo irracional y la eficacia ideológica existe cuando funciona el espacio de la racionalidad; cuando ésta deja de actuar, se requiere la violencia física o simbólica.
Las circunstancias han obligado al autor del artículo que sirve de base a este análisis a separarse de la sociedad civil, a incursionar en la clandestinidad; en consecuencia, concentra una parte de su quehacer cotidiano a la elaboración de comunicados. Este hecho produce una especie de retorno sobre su propia identidad y muestra que la escritura es una forma particular de hacer silencio, de resaltar el silencio de los otros sentidos .
En esta perspectiva, el escribir establece una relación particular con el silencio. La escritura del Subcomandante Marcos presenta un amplio campo de significación en silencio, mismo que continúa vigente aún cuando desaparece ésta. Llama la atención que en las dos situaciones, presencia de escritura o ausencia de ella, con los distanciamientos producidos por ésta, los movimientos identitarios pueden fluir, pueden ser trabajados por los sentidos y adjudicar a los discursos nuevas formas de poder.

3. Funcionamiento discursivo y significación del silencio
En el análisis del discurso, se establece una relación entre la dimensión de lo verbal y lo no verbal y significación y se produce una tendencia a priorizar los estudios verbales y sus vínculos con el sentido, dejando al margen lo no verbal, dimensión en la que se incluye al silencio e incluso traduciendo éste en palabras; pero si bien es cierto que toda manifestación lingüístico-discursiva supone una relación con el silencio, es preciso señalar que éste funciona de manera específica en cada una de sus realizaciones y que la materia significante del silencio es diferente a la del lenguaje verbal o no verbal.
Todo sujeto está siempre significando con o sin palabras; está constituido e imbuido por y en su relación con lo simbólico, campo en el que tiene un lugar relevante el silencio, considerado como "la materia significante por excelencia, un continuum significante" ; sin embargo, por el lugar que se le confiere en el imaginario social occidental, en el cual suele presentársele como absoluto, continuo, disperso, vacío, ausencia, etc., es difícil comprender que silenciar es decir por otra vía y más aún referirse a él como mecanismo de lucha y de resistencia.
El silencio zapatista ejercido durante más de cien días (de marzo a julio de 1998) muestra la relación entre lenguaje y silencio y de éste con el mundo, con la sociedad y el pensamiento mismo en los casos de la introspección y de la contemplación. Se contrapone a la ideología de la comunicación contemporánea de bloqueo al silencio que obliga a la producción de signos visibles o audibles todo el tiempo. El "vacío" del lenguaje desde el discurso zapatista presenta un horizonte y no una carencia.
En el esquema de las seis funciones del lenguaje expuesto por Roman Jakobson, la fática aparece cuando se trata de establecer, prolongar o interrumpir la comunicación; esta última acción puede obedecer a una manifestación de rechazo del diálogo, ya sea callándose o bien tratando de imponer silencio al interlocutor: "Mientras el gobierno amontonaba palabras huecas y se presentaba a discutir con un rival que se le escabullía continuamente, los zapatistas hicimos del silencio un arma de lucha que no conocía y contra lo que nada pudo hacer y contra nuestro silencio se estrellaron y otra vez las punzantes mentiras, las balas, las bombas, los golpes" . De esta forma, se muestra que el EZLN con su silencio trata de confiscar la palabra de su adversario enmudeciéndose. Su orientación hacia la conquista del poder lo lleva a actuar en apariencia al contrario de lo esperado: cederle de manera amplia el espacio de la palabra a su oponente. Sin embargo, un amplio sector de la sociedad mexicana ha creído en los largos meses de silencio que la ofensiva del gobierno ha reducido a la oposición (a los zapatistas) al silencio en sentido estricto.
En el campo de la teoría, existen propuestas tipológicas del silencio, por ejemplo: 1) aquel que se encuentra en las palabras, que significa lo no dicho y produce las condiciones para significar; y 2) el que se vincula a la política del silencio y se subdivide en a) silencio constitutivo que indica que para decir es preciso no decir; y b) el silencio local que se refiere a la censura, lo que es prohibido decir en una determinada coyuntura, el cual hace parte de la forma de significar, de establecer relaciones con el mundo, con las personas y con las cosas . Obsérvese el siguiente esquema.
El siguiente ejemplo ilustra el primer caso. El autor del texto, en relación con las diversas respuestas que pueden encontrarse a dos preguntas que formula, expresa que "el gobierno mexicano tiene las suyas y, no obstante los dislates de los 4 jinetes del Apocalipsis -Zedillo, Labastida, Green, Madrazo, Gurría, Ortiz, Rabasa y Albores (sí ya sé qué puse 8, pero 4 son jinetes y cuatro son bestias; escoja usted)-". Esta marca de silencio se encuentra en las palabras; en ellas, es posible encontrar las estipulaciones de la significación, a pesar de que el autor utilice una fórmula equivalente a "yo no lo digo".
En cuanto al tipo de silencio vinculado al plano del discurso político del que se desprende la forma del silencio constitutivo, el siguiente ejemplo es válido: "Nuestro silencio desnudó al poderoso y lo mostró tal y como es: una bestia criminal. Vimos que nuestro silencio evitó que la muerte y la destrucción crecieran" . Esto evidencia que la organización insurgente ejerció como estrategia política el no decir, el no hablar, el quedarse callado durante varios meses para dar a conocer, incluso tal vez más de lo que se habían propuesto: "Con esa extraña y reiterada tendencia a complicarse la vida que tienen, éstos hombres y mujeres de máscaras y silencios construyeron su nave".
La segunda forma de realización del silenciamiento político es la local; ésta a lo largo del texto no es explícita, pero sin lugar a dudas la censura pasa por el conocimiento que el autor tiene de las condiciones de coyuntura en las que se produce el discurso del silencio; por ejemplo, no abrir polémica con los posibles aliados.
Obsérvese cómo al modo de significar de este objeto discursivo se le sitúa como sujeto visible con un sentido verdadero y, para abordar su significación, se le ubica en relación con lo real y lo imaginario, pues es en esta relación en la que es posible aprehender su materialidad y su funcionamiento. No se hace referencia al silencio desde el punto de vista de su cualidad física, sino del silencio como sentido, como historia; a partir del uso de elementos aparentemente contrarios, "el silencio que habla", "la máscara que muestra" .
Hay algunos conceptos que están próximos a la noción de silencio, pero que son diferentes; por lo tanto, es pertinente precisarlos, por ejemplo el implícito "forma de domesticación de la noción de lo no dicho por la semántica" . Los sujetos tienen de manera frecuente la necesidad de decir ciertas cosas y al mismo tiempo de hacer como si no se hubieran dicho, decirlas pero de tal modo que pueda excluirse la responsabilidad . El silencio difiere del implícito en cuanto no tiene una relación de dependencia con lo dicho para significar y que, por su vinculación con lo dicho, el silencio fue adoptando dependencia con las palabras. Esta concepción de silencio no remite a lo no dicho; él se mantiene como tal, él permanece y significa, su sentido no deriva del sentido de las palabras. El silencio -mediando las relaciones entre lenguaje, mundo y pensamiento- resiste la presión de control ejercida y significa de diversas maneras mostrando que no es transparente y que él actúa entre pensamiento, palabra y cosa; en consecuencia, el silencio es parte de la constitución del sujeto y del sentido.
Como corolario al análisis de discurso, los acontecimientos desplegados en 1999, 2000 y principios del 2001 atestiguan que el mutismo expresa algo que la intimidación no puede diluir. En otras palabras, el discurso del silencio no es completamente mudo, pues por un lado genera la opinión de amplios sectores y, por el otro, pone en guardia al oficialismo y da margen a irrupciones renovadas de la violencia gubernamental; ésta se eterniza no sólo en Chiapas, sino en todo México; el discurso oficial se dirige siempre a otro discurso producido por el mismo sin el cual no se comprendería el anterior, a la par que realiza una serie de acciones contrapuestas a su palabra y cubiertas por el manto del silencio zapatista.
Conclusiones
Son muchas las connotaciones que la palabra silencio en términos generales conlleva; entre las que más destacan en el discurso de la vida cotidiana están: falta de ruido, abstención de hablar, es decir, de comunicación verbal y circunstancia de no haber ningún sonido en un lugar y en un momento. También es posible asociarlo con manifestaciones de carácter cultural, que se traducen en distintas formas de usarlo.
De las diversas manifestaciones del silencio, en este análisis sólo se presta atención a aquel que significa en sí mismo, al silencio como dimensión excluida de la dimensión verbal, que significa, comunica y es parte de la retórica de dominación.
En el documento analizado se evidencia: a) que los sujetos, diferenciados por sus lugares sociales, ejercen -como estrategia del discurso político- el silencio, cada uno con fines diferentes, pero señalando a través de él datos y rasgos de sí mismo, pero también de sus interlocutores; b) el silencio no habla, pero no existe sin la palabra; el silencio es, él significa que la situación no referida no puede proyectarse en la estructura de un discurso verbal; propicia y renueva el asombro ante el mundo.
En la dinámica del discurso político del EZLN, suelen presentarse situaciones como: 1) el silencio emerge de manera alterna a la palabra; ésta lo interrumpe y después se cobija en él cuando cesa; 2) el silencio suplanta a la palabra y toma la función significativa que ésta tendría si fuera pronunciada; 3) el silencio se transforma en cómplice, los interlocutores no requieren de palabras para acceder a lo que requieren conocer; 4) el silencio reprueba y condena la acción del gobierno mexicano, pero también otorga un voto de confianza a la sociedad civil; y 5) el silencio señala la angustia de la espera, además significa la proximidad de la sorpresa.


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Notas.
1. Cf. Pécheux 1975; Faucault 19, Pulcinelli 1983, 1994.
2. Con dinamismo y vertiginosidad, se han reproducido documentos; comunicados a la prensa, a la sociedad civil, a diferentes organizaciones; entrevistas concedidas a diferentes medios y personalidades, así como cuentos, poemas e historias enviadas
3. Fecha del ingreso definitivo de México al Primer Mundo. Se inauguraba el inicio del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
4. Absalon Castellanos, general retirado, gobernador de Chiapas en 1980.
5. EZLN, México 1988, Arriba y abajo: máscaras y silencios, en Perfil Político, La Jornada.
6. Guillermo Bonfil, México profundo,
7. Trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.
8. Comisión de Concordia y Pacificación, integrada por todos los partidos con representación parlamentaria.
9. Comisión Nacional de Intermediación, encabezada por quien fue obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz García, e integrada por personalidades reconocidas.
10. 2a. Yo he oído hablar de sobra de vuestros maquillajes. Dios os ha dado una cara y os hacéis otra; andáis a brincos, os contoneáis, pronunciáis mal, ponéis apodos a las criaturas de Dios y hacéis de vuestra ignorancia vuestra lascivia. Hamlet, William Shakespeare.
11. "La noche pasará/ Pueden escupir las aguas/ Pueden fusilar a los gorriones/ Pueden quemar los versos/ Pueden degollar al dulce lirio/ Pueden romper el canto y arrojarlo a una ciénega/ Pero esta noche pasará." Manuel Scorza.
12. "Claro es que en el campo de la acción política (...) sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela". Juan de Mairena (personaje y heterónimo de Antonio Machado).
13. M. Pécheux, Hacia un análisis automático del discurso, Ed. Gredos, España, 1975.
14. Por ejemplo, el caso actual de México en el que existe un amplio rango de población en condiciones de marginalidad; con grandes diferencias entre pobres y ricos en las que sobresalen las enfermedades, la carencia de vivienda, la falta de oportunidades educativas para las nuevas generaciones, la migración como escape al desempleo, los bajos salarios; políticas tendientes a la privatización de los recursos de la nación; la censura a la libertad de expresión, etc.
15. Cf. E. Puccinelli, As formas do siléncio. No movimento dos Sentidos, 1983, p. 75
16. Cf. Oliver Reboul, Lenguaje e ideología, pp. 20-21 y 30-33.
17. Cf. E. Puccinelli, As formas do siléncio. No movimento dos Sentidos 1983, p. 86.
18. Cf. Puccinelli, 1883, p. 31.
19. Actualmente se extiende desde la culminación de la marcha de la dignidad, "Del Color de la Tierra", realizada en los últimos días de marzo de 2001, hasta la fecha.
20. EZLN, V Declaración de la Selva Lacandona. Hoy decimos ¡Aquí estamos! ¡Resistimos!
21. O. Ducrot, Decir y no decir, 1982
22. EZLN, V Declaración de la Selva Lacandona. Hoy decimos ¡Aquí estamos! ¡Resistimos!
23. Figura retórica conocida como oxímoron, que consiste en la reunión de contrarios a los cuales se adjudica un nuevo sentido.
24. O. Ducrot, Decir y no decir, 1982.
25. Ib.


Tomado de revista Memoria