<-- -->

Free Web Hosting : Free Hosting : Troubled Teens : Report Abuse

PORTADA-ARTICULOS-NOVEDADES-NUESTRA HISTORIA-LUCHA-MUSICA-ESPECIALES-CULTURA-PAISES


Colón y la civilización occidental
Por Howard Zinn



George Orwell, que era un hombre muy sabio, escribió: "El que controla el
pasado controla el futuro. Y quien controla el presente controla el
pasado". En otras palabras, los que dominan nuestra sociedad tienen
facultad de escribir nuestra historia. Y si pueden hacerlo, pueden decidir
nuestro futuro. Es por esto que es importante contar la historia de Colón.
Permítanme hacer una confesión. Yo sabía muy poquito acerca de Colón hasta
hace aproximadamente 12 años, cuando empecé a escribir mi libro "La otra
historia de los Estados Unidos" (título que se le ha dado en España).
Tenía un doctorado en historia de la Universidad de Columbia, es decir,
tenía la formación apropiada para un historiador. Y todo lo que sabía
acerca de Colón era poco más de lo que había aprendido en la escuela
primaria.
Pero cuando empecé a escribir "La otra Historia de los EEUU", decidí que
debía instruirme sobre Colón. Ya había llegado a la conclusión de que no
quería escribir otra revisión de la historia americana – sabía que mi
punto de vista tendría que ser diferente. Iba a escribir sobre los Estados
Unidos desde el punto de vista de esa gente largamente olvidada en los
libros de Historia: Los indígenas americanos, los esclavos negros, las
mujeres, los trabajadores, bien nativos o inmigrantes.
Quería contar la historia del progreso industrial de la nación no desde el
punto de vista de Rockefeller, Carnegie y Vanderbilt, sino de la gente que
trabajó en sus minas, en sus campos de petróleo, los que perdieron sus
miembros o sus vidas construyendo el ferrocarril.
Quería escribir la historia de las guerras, no desde el punto de vista de
los generales y presidentes, no desde el punto de vista de aquellos héroes
militares cuyas estatuas se pueden ver a lo largo de este país, sino a
través de los ojos de los soldados, o a través de los ojos del "enemigo".
Sí, ¿por qué no ver la guerra de Méjico, aquel gran triunfo militar de los
Estados Unidos, desde el punto de vista de los mejicanos?.
Por tanto, ¿como debería contar la historia de Colón? Conclusión. Debía
verle a través de los ojos de la gente que estaba aquí cuando él llegó, la
gente que él llamó "indios" porque pensó que estaba en Asia.
Bueno, éstos no dejaron memorias, ni historias. Su cultura era una cultura
oral, no escrita. Además , unas décadas después de la llegada de Colón
habían sido eliminados. Así que me vi obligado a recurrir a la siguiente
mejor opción. Los españoles que estuvieron en escena en aquella época.
Primero el mismo Colón. El había llevado un diario.
Su diario fue revelador. Describió a la gente que le dio la bienvenida
cuando llegó a las Bahamas. Eran indios Arawak, algunas veces llamados
Taínos – y contó como se tiraron al agua para darle la bienvenida a él y a
sus hombres, que debían parecer y sonar como gente de otro mundo,
llevándoles regalos de varias clases. Los describió como apacibles,
amables y dijo: "No llevan armas ni las conocen, porque les mostré una
espada , la tomaron por el filo y se cortaron".
A través de su diario, durante los meses siguientes, Colón habló de los
nativos americanos con lo que parecía temerosa admiración: "Son la mejor
gente del mundo y sobre todo la mas amable, no conocen el mal – nunca
matan ni roban....aman a sus vecinos como a ellos mismos y tienen la
manera mas dulce de hablar del mundo....siempre riendo".
Y en una carta que escribió a uno de sus patrocinadores españoles, Colón
dijo. "Son muy simples y honestos, y extremadamente liberales con sus
posesiones." En su diario, Colón escribe. "Serían buenos sirvientes.....
Con cincuenta hombres podríamos subyugarlos y que hicieran lo que
quisiéramos".
Sí, así es como Colón veía a los indios – no como anfitriones
hospitalarios, sino como "sirvientes" para hacer "lo que queramos que
hagan".
¿Y qué es lo que quería Colón?. Esto no es difícil de determinar, en las
dos primeras semanas de anotaciones en el diario, hay una palabra que se
repite setenta y cinco veces: ORO.
En los argumentos habituales sobre Colón, en lo que se hace hincapié una y
otra vez es en su sentimiento religioso, su deseo de convertir a los
nativos a la Cristiandad, su reverencia hacia la Biblia. Sí, estaba
interesado por Dios. Pero mucho más por el Oro. Solo una letra menos, el
suyo era un alfabeto limitado. Sí, tanto él como sus hermanos, sus
hombres, erigieron cruces a lo largo de las islas de la Española, donde
pasaban la mayoría del tiempo. Pero también erigieron horcas – en el año
1500, había 340.

Cruces y horcas, esa mortal yuxtaposición histórica.
En su búsqueda de oro, Colón, viendo que los indios llevaban pedacitos de
oro, concluyó que habría grandes cantidades de él. Ordenó a los nativos
que encontraran una cierta cantidad de oro, en un cierto periodo de
tiempo, y si no cumplían con su cupo, les cortaban los brazos. El resto
aprendía la lección y traía el oro.
Samuel Eliot Morison, un historiador de Harvard, que fue un admirado
biógrafo de Colón, reconoció este punto. Escribió "Quien fuera el que
inventara este espantoso sistema, como único método de producir oro para
la exportación, el responsable del mismo fue solo Colón......aquellos que
huyeron a las montañas fueron cazados con perros, y de los que escaparon
se ocuparon el hambre y la enfermedad, mientras miles de pobres criaturas,
en su desesperación tomaron veneno de mandioca para acabar con su
miseria".
Morison continúa: "Así que la política y los actos de Colón, de los cuales
solo él fue responsable, comenzaron la despoblación del paraíso terrenal
que fue "La Española" en 1492. De los nativos oriundos, estimados por
etnólogos modernos en 300.000, entre 1494 y 1496 un tercio había muerto.
En 1508 el censo mostraba sólo 60.000 vivos....en 1548 Oviedo (Morison se
refiere a Fernández de Oviedo, el historiador Español oficial de la
Conquista) dudaba sobre si quedaban 500 indios.
Pero Colón no obtuvo oro suficiente para mandarlo a casa e impresionar al
Rey y la Reina, y a sus financieros españoles, así que decidió mandar a
España otra clase de partida. Esclavos. Rodearon a cerca de 1200 nativos,
seleccionaron a 500, y a esos los mandaron, encadenados unos junto a
otros, en el viaje a través del Atlántico. En el camino murieron
doscientos, de frío y enfermedad.
En la anotación de Septiembre de 1498 del diario de Colón se lee: " Desde
aquí uno puede mandar, en el nombre de la Santísima Trinidad, tantos
esclavos como se puedan vender..".
Lo que los españoles hicieron a los indios se cuenta en horrible detalle
por Bartolomé de las Casas, cuya escritura da la cuenta más completa del
encuentro hispano-indio. Las Casas era un sacerdote Dominico que llegó al
Nuevo Mundo unos años después de Colón, pasó cuarenta años en "La
Española" e islas adyacentes, y se convirtió en el valedor principal en
España de los derechos de los nativos. Las Casas, en su libro "Brevisima
Relación De La Destruición De Las Indias", escribe de los Arawaks: "....
de todo el infinito universo de la humanidad, esta gente es la más
inocente, la más desprovista de maldad y doblez...... y a este redil de
ovejas...vinieron algunos españoles que inmediatamente se comportaron como
bestias furiosas.... Su razón para matar y destruir ... es que los
cristianos tenían un único propósito que era el de adquirir oro".
Las crueldades se multiplicaron. Las Casas vio a soldados acuchillar
indios por deporte, estrellar las cabezas de bebés contra rocas. Y cuando
los indios se resistían, los españoles los cazaban, equipados para la
matanza con caballos, armaduras, lanzas, picas, rifles, ballestas, y
perros feroces.
Los indios que tomaban cosas pertenecientes a los españoles – no estaban
acostumbrados al concepto de la propiedad privada, y entregaban libremente
sus posesiones – eran decapitados o se les quemaba en la pira.
El testimonio de "Las Casas" fue corroborado por otros testigos. Un grupo
de frailes Dominicos, se dirigieron a la monarquía española, en 1519,
esperando su intercesión, contando atrocidades innombrables; niños
lanzados a los perros para que los devoraran, recién nacidos de
prisioneras arrojados a la selva para que murieran.
Los trabajos forzados en las minas o en el campo produjeron muchas
enfermedades y muerte. Muchos niños murieron, porque sus madres, exhaustas
y hambrientas, no tenían leche para ellos. Las Casas, en Cuba, estimó que
en tres meses murieron 7.000 niños..
La mayor mortandad fue causada por enfermedades, ya que los Europeos
trajeron consigo enfermedades para los que los nativos no estaban
inmunizados, fiebres tifoideas, tifus, difteria, viruela.
Como en cualquier conquista militar, las mujeres recibieron un tratamiento
especialmente brutal. Un noble italiano llamado Cuneo, documentó un
reciente encuentro sexual. El "Almirante" al que se refiere es Colón,
quien, como parte de su acuerdo con la monarquía española, insistió en que
lo hicieran almirante. Cuneo escribió:
"..... Capturé una mujer Caribe muy hermosa, la cual el almirante me
otorgó, y con quien ..... concebí el deseo de obtener placer. Quería poner
mi deseo en ejecución pero ella no quiso y me arañó con sus uñas de un
modo que deseé que nunca hubiera empezado. Pero viendo esto, tomé una
cuerda y la castigué bien......finalmente nos pusimos de acuerdo".
Hay otras pruebas que demuestran el panorama de la violación extendida de
mujeres nativas. Samuel Elliot Morison: " En las Bahamas, Cuba y La
Española, encontraron hermosas mujeres jóvenes que estaban siempre
desnudas, en todos los lugares accesibles y supuestamente complacientes".
¿Quién supone esto? Morison, y otros muchos.
Morision vio la conquista, como muchos otros escritores como él habían
hecho, como una de las grandes aventuras románticas de la historia
mundial. Parecía encantado con lo que le creía que era una conquista
masculina. Escribió.
"Nunca jamás hombre mortal esperará recapturar la emoción, la maravilla,
el encanto de esos días de Octubre en 1492, cuando el nuevo mundo
graciosamente rindió su virginidad a los conquistadores castellanos".
El lenguaje de Cueno ("Nos pusimos de acuerdo"), y el de Morison ("rendir
graciosamente") escrito casi quinientos años después, seguramente sugiere
cuan persistente, a través de la historia moderna, ha sido la mitología
que racionaliza la brutalidad sexual, pero viéndola como "complacencia".
Así que leí el diario de Colón, leí a Las Casas. También leí el trabajo
pionero para nuestro tiempo de Hans Konings, "Colón, Su Empresa", que para
el tiempo en que escribía mi "Otra historia" era la única narración
contemporánea que pude encontrar que difería del tratamiento estándar.
Cuando apareció mi libro, comencé a recibir cartas de todo el país sobre
el mismo. Aquí teníamos un libro de 600 páginas que empezaba con Colón, [y
todas las cartas] sobre un único tema : Colón. Pude haber interpretado que
ya que este era el principio del libro, eso es todo lo que la gente había
leído. Pero no, parecía que la historia sobre Colón era simplemente la
parte de mi libro que los lectores encontraron más alarmante. Porque todos
los americanos, desde primaria en adelante, aprenden la historia de Colón,
y la aprenden del mismo modo: "En mil cuatrocientos noventa y dos, Colón
surcó la mar oceana..."
Cuantos de Vds. han oído hablar de Tigard, Oregon? Bueno, yo no, hasta que
hace siete años empecé a recibir, cada semestre, un montón de cartas,
veinte o treinta, de estudiantes de un colegio de enseñanza secundaria en
Tigard, Oregon. Parece que su profesor les había hecho (conociendo los
colegios de enseñanza secundaria, yo diría "Obligándoles a") leer mi "Otra
historia de los EEUU". Había fotocopiado varios de los capítulos y se los
había dado a los estudiantes. Luego les había hecho escribirme, haciéndome
comentarios y preguntas. Apenas la mitad de ellos me dio las gracias por
darles los datos que nunca habían considerado antes. Los otros estaban
indignados o se preguntaban cómo conseguí tal información, y cómo había
llegado a tan indignantes conclusiones.
Una estudiante de secundaria, llamada Bethany me escribió. "De todos los
artículos suyos que he leído considero que -Colón, los indios y el
progreso humano- es el mas impactante."
Otro estudiante de diecisiete años, llamado Brian, me escribió: "un
ejemplo de la confusión que siento después de leer su artículo se refiere
a la llegada de Colón a América...... De acuerdo con Vd., parece que vino
por mujeres, esclavos y oro. Dice Vd. que consiguió gran parte de esta
información del propio diario de Colón. Me pregunto si existe tal diario,
y si es así ¿por qué no es parte de nuestra historia?. ¿Por qué nada de lo
que Vd. dice aparece en mi libro de historia o en los libros de historia a
los que la gente tiene acceso a diario?.
Sopesé esta carta. Podría interpretarse como el que la escribió estaba
indignado porque otros libros de historia no le contaron lo que yo. O, más
probablemente estaba diciendo "No me creo ni una palabra de lo que Vd.
escribió, se lo ha inventado".
No me sorprenden estas reacciones. Nos dicen algo sobre las
reivindicaciones de pluralismo y diversidad en la cultura Americana, del
orgullo de nuestra "sociedad libre", que generación tras generación ha
aprendido exactamente los mismos hechos sobre Colón, y han terminado sus
estudios con las mismas deslumbrantes omisiones.
Un profesor de colegio en Portland, Oregon, llamado Bill Bigelow , ha
emprendido una cruzada para cambiar la forma de enseñar la historia de
Colón en América. Cuenta como a veces empieza una nueva clase. Se dirige a
una chica en la fila delantera y coge su bolso. Ella exclama "¡Ha cogido
mi bolso!", Bigelow responde: "No, lo he descubierto".
Bill Bigelow realizó un estudio de recientes libros infantiles sobre
Colón. Encontró que eran notablemente parecidos en su repetición del punto
de vista tradicional. La biografía típica de Colón de quinto grado
empieza: "Había una vez un chico que amaba la mar salada". ¡Bueno!, me
puedo imaginar una biografía infantil de Atila el Huno que empezara con la
frase "Había una vez un chico que amaba los caballos".
Otro libro infantil en el estudio de Bigelow, esta vez para niños de
segundo grado: "El rey y la reina vieron el oro y los indios. Escucharon
maravillados las historias de aventura de Colón, entonces fueron todos a
la iglesia a rezar y cantar. Lágrimas de júbilo llenaron los ojos de
Colón".
Una vez hablé sobre Colón a un grupo de trabajo de profesores escolares,
uno de ellos sugirió que los niños eran demasiado pequeños para oír los
horrores relatados por Las Casas y otros. Otros estuvieron en desacuerdo,
dijeron que las historias infantiles incluían mucha violencia, pero los
que la perpetraban eran brujas, monstruos y gente mala, no héroes
nacionales con fiestas nacionales en su honor.
Algunos profesores sugirieron cómo se podría contar la historia de forma
que no asustara innecesariamente a los niños, pero eso evitaría que
tuviera lugar la falsificación de la historia.
Los argumentos acerca de que los niños "no están preparados para oír la
verdad" no tienen en cuenta el hecho de que, en la sociedad americana,
cuando el niño crece, tampoco se le dice la verdad. Como dije antes, en la
secundaria no se me presentó (aun cuando estaba haciendo estudios
superiores no se me habia presentado) la información que podría
contradecir los mitos que se me contaron en cursos anteriores. Está claro
que mi experiencia es la típica, a juzgar por las reacciones
escandalizadas que ha provocado mi libro en lectores de todas las edades.
Si buscamos en un libro para adultos, la enciclopedia de Colón (mi edición
se recopiló en 1950, pero la información relevante ya estaba disponible
para entonces, incluyendo la biografía de Morison), hay un gran artículo
sobre Colón (unas 1.000 palabras), pero no encontrarán mención alguna de
las atrocidades cometidas por él y sus hombres.
En la edición de 1986 de Historia Mundial, publicada por la Universidad de
Columbia, hay varias menciones a Colón, pero nada acerca de lo que les
hizo a los nativos. Hay varias páginas dedicadas a "España y Portugal en
América" en las que el tratamiento a la población nativa se presenta como
una cuestión controvertida, entre los teólogos de la época, y entre los
historiadores actuales. Podemos hacernos idea de este "acercamiento
imparcial", que contiene un poquito de realidad, por el siguiente pasaje
de esa historia.
"La determinación de la Corona y la Iglesia de cristianizar a los indios,
la necesidad de mano de obra para explotar las nuevas tierras y los
intentos de algunos españoles de proteger a los indios, trajo como
resultado un notable conjunto de costumbres, leyes e instituciones que
todavía hoy llevan a los historiadores a conclusiones contradictorias
acerca del mandato español en América..... Los conflictos académicos
prosperan en este debate y son en algún sentido una cuestión de difícil
solución, pero no hay duda que la crueldad, el exceso de trabajo y la
enfermedad dieron lugar a una despoblación espantosa. Según estimaciones
recientes, en 1519 había cerca de 25 millones de indios en Méjico, en 1605
quedaban poco más de 1 millón.
A pesar de este lenguaje erudito ---"conclusiones contradictorias.....
disputas académicas.....cuestión de difícil solución"—no hay una discusión
real acerca de los hechos de la esclavitud, el trabajo forzado, la
violación, el asesinato, la toma de rehenes, los estragos de las
enfermedades traídas de Europa, y la desaparición de un gran número de
nativos. La única discusión es acerca de la importancia que se le debe dar
a estos hechos y como se trasladan a la práctica en nuestros tiempos.
Por ejemplo, Samuel Eliot Morison pasa algún tiempo detallando el
tratamiento de Colón y sus hombres a los nativos, y utiliza la palabra
"genocidio" para describir el efecto global del "descubrimiento" . Pero lo
esconde en una neblina del largo tratamiento de admiración hacía Colon, y
resume su visión en los párrafos finales de su popular libro, "Cristóbal
Colón, Marino", como sigue:
"Tuvo sus faltas y sus defectos, pero fueron en gran manera los defectos y
cualidades que lo hicieron un gran hombre – su indómita voluntad, su
magnífica fe en Dios, y su propia misión como el portador de Cristo a las
tierras de allende los mares; su obstinada perseverancia a pesar de la
indolencia, pobreza y desaliento. Pero no había defecto, ninguna cara
oscura en la más excepcional y esencial de todas sus cualidades -- su
capacidad náutica.
¡Sí, su capacidad náutica!
Déjenme que me explique. No me interesa ni denunciar ni ensalzar a Colón.
Es demasiado tarde para eso. No le estamos escribiendo una carta de
recomendación para decidir si es apto para realizar otro viaje a otro
lugar del universo. Para mí, la historia de Colón es importante por lo que
nos dice de nosotros mismos, de nuestra época, sobre las decisiones que
tomamos para nuestro país para el siglo que viene.
¿Por qué esta gran controversia hoy acerca de Colón y la celebración del
Quinto Centenario?
¿Por qué la indignación de los nativos americanos y otros acerca de la
exaltación de ese conquistador? ¿Por qué otros defienden apasionadamente a
Colón?. La intensidad del debate solo puede ser porque no se trata de 1492
sino de 1992.
Nos podemos hacer una idea al respecto si miramos cien años atrás, a 1892,
el año del cuarto centenario. Hubo grandes celebraciones en Chicago y en
Nueva York. En Nueva York hubo cinco días de desfiles, fuegos
artificiales, marchas militares, exhibiciones navales. La ciudad recibió
un millón de visitantes, se descubrió una estatua conmemorativa en una
esquina del Central Park, ahora conocido como Columbus Circle. Tuvo lugar
una reunión de celebración en el Carnegie Hall, dirigida por Chauncey
DePew.
No conocerán el nombre de Chauncey DePew a menos que hayan leído
recientemente el trabajo clásico de Gustavus Myer’s, "La historia de las
grandes fortunas americanas". En ese libro se describe a Chauncey DePew
como la mano derecha de Cornelius Vanderbilt y su nuevo ferrocarril
central de Nueva York. DePew viajó a Albany, la capital del Estado de
Nueva York, con la cartera llena de dinero y pases gratis de tren para los
miembros de la legislatura del estado de Nueva York, volviendo con
subsidios y concesiones de tierras para el New York Central.

DePew vio en las festividades de Colón la celebración de la riqueza y
prosperidad, se podría decir que "remarca la abundancia y la civilización
de una gran gente.. remarcan las cosas que pertenecen a su comodidad y a
su tranquilidad, a su placer y a sus lujos... y su poder."
Debemos saber, que en el momento en que dijo esto, había mucho sufrimiento
entre los trabajadores pobres de América, amontonados en cuartuchos en la
ciudad, sus niños enfermos y desnutridos. Los apuros de la gente que
trabajaba en el campo, que en esta época eran una parte considerable de la
población eran desesperados, esto les condujo a la indignación y a las
alianzas de granjeros y al nacimiento del Partido del Pueblo .Y el año
siguiente, 1893, fue un año de crisis económica y de profunda miseria.
DePew debió haber notado, mientras estaba en la plataforma del Carnegie
Hall, algunos murmullos de descontento a la autosuficiencia que acompañó
aquel espíritu de investigación histórica que pone todo en duda; ese
espíritu moderno que destruye todas las ilusiones y todos los héroes que
han sido la inspiración del patriotismo a lo largo de los siglos.
Así que enaltecer a Colón era patriótico. Dudar de él era antipatriótico,
¿y qué significaba "patriotismo" para DePew?. Significaba la exaltación de
la expansión y la conquista – representada por Colón y representada por
América. Fue solo seis años después de este discurso, cuando los Estados
Unidos, expulsando a los Españoles de Cuba, comenzaron su larga ocupación
(esporádicamente militar, y continuamente política y económica) de Cuba,
tomaron Puerto Rico y Hawaii, y comenzaron la sangrienta guerra contra los
Filipinos para ocupar su país.
Ese "patriotismo" que estaba conectado al enaltecimiento de Colón y al
enaltecimiento de la conquista, fue ratificado en la segunda guerra
mundial por el ascenso de los Estados Unidos como el superpoder, ahora que
todos los imperios europeos estaban en declive. En esa época, Henry Luce,
el poderoso fabricante de presidentes y multimillonario, dueño de Time,
Life y Fortune (no solo la publicación sino las posesiones¡) escribió que
el siglo veinte se estaba convirtiendo en el "Siglo Americano", en el que
los Estados Unidos tendrían su oportunidad en el mundo.
En, 1988, George Bush, aceptando su nominación presidencial dijo: "Este ha
sido llamado el Siglo Americano debido a que en él, hemos sido la fuerza
dominante del bien en el mundo....ahora estamos a punto de entrar en un
nuevo siglo, y cual será el nombre del país que llevará?, yo digo que será
otro Siglo Americano".
¡Qué arrogancia¡, que el siglo veintiuno, cuando deberíamos conseguir
alejarnos del patrioterismo homicida del siglo, se deba ya anticipar ya
como el siglo americano, o como el siglo de cualquier otro país. Bush debe
pensar en si mismo como en un nuevo Colón, "descubriendo" y plantando la
bandera de su país en un nuevo mundo, porque exigió una colonia americana
en la luna para principios del siglo que viene. Y pronostica una misión a
Marte en el año 2019.
El "patriotismo" invocado por Chauncey DePew, durante la conmemoración de
Colón estaba profundamente conectado al la noción de inferioridad del
pueblo conquistado. Los ataques de Colón a los indios estaban justificados
por su estatus de infrahumanos. La toma de Texas y gran parte de Méjico,
por los Estados Unidos, justo antes de la Guerra Civil se hizo con la
misma lógica racista. Sam Houston, el primer gobernador de Texas,
proclamó: "La raza anglosajona debe dominar todo el extremo meridional de
todo el conjunto del extremo meridional de este vasto continente. Los
mejicanos no son mejores que los indios, y no veo la razón por la que no
debamos ocupar sus tierras".
Al principio del siglo veinte, la violencia del nuevo expansionismo
americano en el Caribe y el Pacifico fue aceptada porque estábamos
tratando con seres inferiores.
En el año 1900, Chauncey DePew para entonces senador de los EEUU, habló
otra vez en el Carnegie Hall, esta vez para apoyar la candidatura de
Teodore Roosevelt para Vicepresidente. Ensalzando la conquista de
Filipinas como el comienzo del avance Americano en China y mas allá,
proclamó:
"Las pistolas de Dewery en la bahía de Manila se oyeron a través de Asia y
Africa, hicieron eco a través del palacio de Pekín y trajeron a las mentes
orientales una potente nueva fuerza entre las naciones occidentales.
Nosotros, igual que los países de Europa, estamos procurando entrar en los
infinitos mercados del este. Esta gente no respeta nada mas que la fuerza.
Creo que las Filipinas serán unos enormes mercados y fuentes de riqueza".
Teodore Roosevelt, que aparece interminablemente en las listas de nuestros
"Grandes presidentes" y cuya cara es una de las cuatro esculturas
colosales de presidentes americanos (junto con Washington, Jefferson,
Lincoln) talladas en el monte Rushmore, en Dakota del Sur, fue "un crimen
contra la civilización blanca" En su libro "la vida tenaz" Roosevelt
escribió:
"Por su puesto, toda nuestra historia nacional ha sido una historia de
expansión.....que o los bárbaros retroceden o son conquistados...es solo
debido a la supremacía de las poderosas razas civilizadas que no han
perdido el instinto de lucha".
Un oficial de la marina, en las Filipinas lo dijo con muchos menos rodeos:
" no hay necesidad de andarse con pelos en la lengua.....exterminamos a
los indios americanos y supongo que la mayoría de nosotros estamos
orgullosos...y si fuera necesario no debemos tener escrúpulos en la
exterminación de esta otra raza que se interpone en el camino del progreso
y la ilustración."
El historiador oficial de las Indias a principios del siglo XVI, Fernández
de Oviedo, no negó lo que los conquistadores habían hecho a los nativos.
Describió "innumerables muertes crueles tan incontables como las
estrellas". Pero esto era aceptable ya que "usar la pólvora contra paganos
es como ofrecer incienso al Señor".
(Uno se acuerda de la decisión del Presidente McKinley de enviar a la
marina y el ejercito para tomar las Filipinas, diciendo que era deber de
los Estados Unidos "Cristianizar y civilizar" a los filipinos).
Contra la peticiones de misericordia hacia los indios, de Las Casas, el
teólogo Juan Ginés de Sepúlveda declaró: "¿Cómo podemos dudar que esa
gente, tan incivilizada, tan bárbara, tan contaminada con tantos pecados y
obscenidades ha sido justamente conquistada?.
En el año 1531 Sepúlveda visitó su antigua universidad en España y se
sintió ultrajado al ver que los estudiantes estaban protestando por la
guerra española contra el Turco. Los estudiantes decían "toda guerra es
contraria a la religión católica".
Esto le hizo escribir una defensa filosófica del tratamiento español hacia
los indios. Citó a Aristóteles, que en su Política escribió que algunas
personas eran "esclavos por naturaleza" que "debían ser acorralados como
bestias salvajes para poder hacerlos volver al sistema de vida correcto".
Las Casas respondió: "Mandemos Aristóteles a freír espárragos, porque
tenemos en nuestro favor el mandamiento de Cristo. Amarás a tu prójimo
como a ti mismo¡".
La deshumanización del enemigo ha sido un aliado necesario en las guerras
de conquista.
Es mas fácil explicar atrocidades si éstas se cometen contra infieles, o
gente de raza inferior. Así se justificaron la esclavitud y la segregación
racial en los Estados Unidos, y el imperialismo Europeo en Asia y Africa.
Los bombardeos de aldeas vietnamitas por los Estados Unidos, las misiones
de búsqueda y destrucción, la masacre de My Lai, todo se hizo agradable a
sus autores mediante la idea de que las víctimas no eran humanas. Eran
"Gooks" (Término despectivo con el que se designaba a los vietnamitas) o
comunistas, y se lo merecían.
En la Guerra del Golfo, la deshumanización de los iraquíes consistió en no
reconocer su existencia. No estábamos bombardeando a mujeres, niños, ni
bombardeando o acribillando a jóvenes iraquíes en actos de vuelo y
rendición, estabamos actuando contra un monstruo tipo Hitler, Saddam
Hussein, aunque la gente a la que estábamos matando fueran las víctimas
iraquíes de este monstruo. Cuando se le preguntó al general Colin Powell
acerca de las bajas iraquíes, dijo que: "Realmente no era algo en lo que
estuviera terriblemente interesado".
El pueblo americano fue conducido a aceptar la violencia de la guerra en
Iraq porque los iraquíes se hicieron invisibles – porque los Estados
Unidos solo utilizaron "bombas inteligentes". La mayoría de la prensa
ignoró el numero de víctimas en Irak, ignoró el informe del equipo médico
de Harvard que visitó Irak poco después de la guerra y encontró que
decenas de miles de niños iraquíes estaban muriendo debido al bombardeo de
los suministros de agua y las resultantes epidemias de enfermedades.
Las festividades de Colón se divulgan como celebraciones no solo de sus
proezas marítimas sino del "progreso", de su llegada a las Bahamas
(Guanahaní), como el comienzo de los muy alabados quinientos años de
civilización occidental. Pero debemos revisar estos conceptos. Cuando se
le preguntó en una ocasión a Gandhi que qué pensaba sobre la civilización
de occidente, respondió: "Es una buena idea".
La idea no es negar los beneficios del "progreso" y la "civilización" –
los avances en tecnología, conocimientos, ciencia, salud, educación y
niveles de vida. Pero debemos hacernos una pregunta: progreso, sí, pero ¿a
qué coste humano?
¿Debemos medir el progreso simplemente en las estadísticas del cambio
tecnológico e industrial, sin tener en cuenta las consecuencias de tal
"progreso" para los seres humanos? ¿Aceptaríamos la justificación Rusa del
mandato de Stalin, incluyendo la gran cantidad de sufrimiento humano,
basándose en que transformó a Rusia en un gran poder industrial?.
Recuerdo que en mis clases de Historia americana, en la secundaria, cuando
llegamos al periodo después de la Guerra Civil, en el corto intervalo
entre esa guerra y la segunda guerra mundial, al que se llamó la época
dorada, el periodo de la gran revolución industrial, cuando los Estados
Unidos se convirtió en un gigante económico. Recuerdo qué emocionados
estábamos al conocer el crecimiento dramático de las industrias del
petróleo y el acero, la construcción de las grandes fortunas, el
entrecruzamiento del país por el ferrocarril.
No se nos contó el coste humano de este gran proceso industrial. Cómo la
enorme producción de algodón provenía del trabajo de esclavos negros, como
la industria textil se construyó sobre el trabajo de jovencitas que
entraban en los telares a los doce años y morían a los veinticinco; cómo
los ferrocarriles fueron construidos por inmigrantes irlandeses y chinos a
los que prácticamente se hacia trabajar hasta la muerte, bajo el calor del
verano y el frío del invierno; cómo los trabajadores, inmigrantes y
nativos, tuvieron que ir a la huelga y ganar el derecho de la jornada de
ocho horas, cómo los hijos de la clase trabajadora, en los barrios bajos
de las ciudades tenían que beber agua contaminada y cómo morían
prematuramente de malnutrición y enfermedad. Todo esto en nombre del
"progreso".

Y sí, es verdad que se han obtenido enormes beneficios de la
industralización, las ciencias, la tecnología y la medicina. Pero hasta el
momento, en estos 500 años de civilización occidental, de dominación del
mundo por parte del occidente, la mayoría de esos beneficios han recaido
en una parte muy pequeña de la raza humana. Ya que billones de personas en
el Tercer Mundo aun se enfrentan al hambre, a la falta de vivienda, a la
enfermedad, y a la muerte prematura de sus hijos.
¿Que la expedición de Colón marcó la transición de la incultura a la
civilización? ¿Y las civilizaciones indias que habían sido construidas
unos cientos de años antes de que llegara Colón.?
Las Casas y otros se maravillaron con el espíritu de participación y
generosidad que caracterizaba a las sociedades indias, los edificios
comunales en los que vivían, sus sensibilidad estética, la igualdad entre
hombres y mujeres.
Los colonos ingleses en Norte América se asombraron de la democracia de
los Iroquíes – las tribus que ocupaban gran parte de Nueva York y
Pennsylvania. El historiador americano Gary Nash describió la cultura
iroquesa: "no hay leyes ni ordenanzas, alguaciles ni guardias, jueces o
jurados, tribunales, o cárceles – el aparato de autoridad de las
sociedades europeas – nada de eso se podía encontrar en los bosques del
noreste antes de la llegada europea. Aun así estaban firmemente
establecidos los limites aceptables de conducta. Aunque estaban orgullosos
de ser individuos independientes, los iroquies tenían un estricto sentido
del bien y del mal."
En el transcurso de su expansión hacia el oeste, los Estados Unidos, la
nueva nación, robaron las tierras de los indios, los mataron cuando se
resistieron, destruyeron sus fuentes de comida y abrigo, los empujaron
hacia secciones cada vez mas pequeñas del país, se dedicaron a la
destrucción sistemática de la sociedad india. En los tiempos de la guerra
de Halcón Negro, en los años de 1830 – una de las cientos de guerras
contra los indios de Norte América . Lewis Cas, el gobernador del
territorio de Michigan, se refirió a la toma de millones de acres de los
indios como "el progreso de la civilización." Dijo: "Un pueblo bárbaro no
puede vivir en contacto con una comunidad civilizada".
Ya sabemos cuan bárbaros eran esos indios cuando, en los años de 1880, el
congreso preparó una legislación para parcelar las tierras comunales en
las que aun vivían los indios, en pequeños minifundios, lo que hoy en día
alguna gente admirativamente llamaría "privatización".
El Senador Henry Dawes, artífice de esta legislación, "Visitó la nación
Cherokee y describió lo que encontró: "....no había una sola familia en
toda la nación que no tuviera casa propia. No había ni un pobre en la
nación, y la nación no debía ni un dólar.....había construido sus propias
escuelas y hospitales. Sin embargo su desapego hacia el sistema era
aparente. Habían llegado todo lo lejos que pudieron, porque tenían las
tierras en común.....no había ocupación que hiciera que tu casa fuera
mejor que la de tus vecinos. No había egoísmo, lo que está en el escalón
mas bajo de la civilización".
Ese egoísmo que está en el escalón más bajo de la civilización está
conectado con lo que empujó a Colón, y con lo que causa gran admiración
hoy en día . También está vinculado a lo que dicen los dirigentes
políticos americanos y los medios de comunicación, acerca de cómo
Occidente le hará un gran favor a la Unión Soviética y Europa del este,
introduciendo el afán de lucro.
Por descontado, puede haber algunas veces en las cuales el incentivo de
afán de lucro pueda ser de ayuda en el desarrollo económico, pero tal
incentivo, en la historia del "libre mercado" del oeste, ha tenido
consecuencias espantosas. Ha llevado, a través de los siglos de la
"civilización occidental" a un imperialismo despiadado.
En la novela de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, escrita en
1890 después de pasar una temporada en el Congo superior, en Africa,
describe el trabajo que hacían hombres negros encadenados para los hombres
blancos cuyo único interés era el marfil. Escribe. "La palabra marfil,
tañía en el aire, se susurraba, se suspiraba. Se podría pensar que le
rezaban....arrancar el tesoro de las entrañas de la tierra era su anhelo,
sin que les respaldara otro propósito moral que el que tienen los ladrones
al allanar una propiedad".
Este anhelo incontrolado por el afán de lucro ha conducido a un enorme
sufrimiento humano, explotación, esclavitud, crueldad en el trabajo,
condiciones laborales peligrosas, trabajo infantil, la destrucción de
campos y bosques, el envenenamiento del aire que respiramos, del agua que
bebemos, de nuestros alimentos.
En su biografía, el jefe Luther Oso Plantado, escribió: "Es cierto que el
hombre blanco trajo grandes cambios, pero los frutos variados de su
civilización, aunque muy exagerados e incitadores, son escalofriantes y
mortales. Y si es parte de la civilización el mutilar, robar, y arruinar,
entonces ¿qué es el progreso?. Voy a aventurar que el hombre que se sienta
en el piso de su tipi, meditando acerca de la vida y su significado,
aceptando la hermandad de todas las criaturas y reconociendo una unidad en
el universo de las cosas, tiene imbuido su ser con la verdadera esencia de
la civilización."
Las amenazas actuales al medio ambiente han hecho que científicos y otros
académicos reconsideren el valor del "progreso", tal y como ha sido
definido hasta ahora. En diciembre de 1991 hubo una conferencia de 5 días
en el MIT (Masachussets Institute of Technology) en los que cincuenta
científicos e historiadores discutieron la idea del progreso en el
pensamiento occidental. Esta es una parte del informe de esa conferencia
aparecida en el Boston Globe.
"En un mundo, donde los recursos están siendo dilapidados, y el entorno
envenenado, dijeron ayer los participantes de una conferencia en el MIT,
ya es hora de que la gente empieza a pensar en términos de sostenibilidad
y estabilidad en vez de en crecimiento y progreso. Las discusiones entre
académicos de economía, religión, medicina, historia y ciencias se
caracterizaron por fuegos artificiales verbales y acalorados intercambios
que a veces llegaron hasta los gritos".
Uno de los participantes, el historiador Leo Marx, dijo que trabajar hacia
una mayor coexistencia armónica con la naturaleza es en si misma una clase
de progreso, aunque diferente del tradicional en el que la gente trata de
dominar la naturaleza.
Así que mirar hacia el pasado, hacia Colón, de forma critica es
replantearse la cuestión del progreso, la civilización, nuestras
relaciones con otros, nuestra relación con la naturaleza.
Probablemente hayan oído, muy a menudo, como yo, que es una equivocación
tratar la historia de Colón como lo hacemos. Lo que nos dicen es "Están
sacando a Colón fuera de contexto, mirándolo con los ojos del siglo XX. No
deben superponer los valores de nuestra era en sucesos que tuvieron lugar
hace 500 años, eso es antihistórico.
Este argumento me parece extraño. ¿Quiere eso decir que la crueldad, la
explotación, la avaricia, la esclavización, la violencia contra pueblos
indefensos son valores característicos de los siglos quince y dieciséis?
¿Y que nosotros en el siglo XX estamos por encima de eso? ¿Es que no hay
ciertos valores que son comunes a la época de Colon y a la nuestra? Prueba
de ello es que tanto en su época como en la nuestra hubo y hay
esclavizadores y explotadores; tanto en su época como en la nuestra hubo y
hay quienes protestaron contra esto, en nombre de los derechos humanos.
Es muy alentador que, en este año del Quinto Centenario, hay una ola de
protestas, sin precedentes en todos los años de la celebración de Colón, a
lo largo de los EEUU, y a través de las Américas. La mayoría de estas
protestas están dirigidas por Indios, que están organizando conferencias y
reuniones, que se comprometen en actos de desobediencia civil, que están
tratando de educar al público americano sobre lo que realmente pasó hace
quinientos años, y que nos dice mucho sobre los problemas de nuestro
tiempo.
Hay una nueva generación de profesores en las escuelas, y la mayoría de
ellos insiste en que se cuente la historia de Colón desde el punto de
vista de los Americanos nativos. En el otoño de 1990 me llamó de Los
Angeles un locutor de un programa de debates que quería discutir sobre
Colón. En otra línea, también estaba una estudiante de secundaria de esa
ciudad, llamada Blake Lindsey, que había insistido en que el Ayuntamiento
de Los Angeles se opusiera a las celebraciones tradicionales del día de
Colón. Ella les contó el genocidio cometido por los españoles contra los
indios Arawak, y el ayuntamiento ni siquiera respondió.
Alguien llamó al programa presentándose como una mujer que había emigrado
de Haití. Dijo "Esa chica tiene razón – ya no quedan indios- En nuestra
ultima revuelta contra el gobierno el pueblo derribó la estatua de Colón y
ahora esta en el sótano del ayuntamiento de Port-au-Prince". La que
llamaba terminó diciendo. ¿Por qué no erigimos estatuas de los
aborígenes?.
A pesar de los libros de texto aún vigentes, cada vez más profesores
tienen dudas , más estudiantes tienen dudas.....Bill Begelow informa sobre
las reacciones de sus estudiantes después de que les hace leer información
que contradice la historia tradicional. Un estudiante escribió: "En 1492
Colón surcó la mar oceana...... esa historia es tan completa como un queso
de gruyere".
Otra escribió una critica de su libro de texto de Historia Americana al
editor, Allyn y Bacon, señalando que había demasiadas omisiones
importantes en el texto. Dijo: "para hacer las cosas fáciles, solo
escogeré un tema. ¿Qué tal Colón?"
Otro estudiante: "Me parecía que los editores solo habían impreso una
historia gloriosa que se suponía que nos haría sentir mas patrióticos
hacia nuestro país.......querían hacernos ver nuestro país como algo
grande y poderoso, y siempre del lado de la razón......nos han estado
alimentando con mentiras".
Cuando los estudiantes descubren que en la primera historia que aprenden
–la historia de Colón – no se les ha estado contando toda la verdad, esto
les conduce a un escepticismo muy saludable acerca de su educación
histórica. Una de las estudiantes de Begelow, llamada Rebecca, escribió:
"¿Qué importa realmente quien descubrió América?.......solo el pensar que
me han mentido toda la vida acerca de esto, y quien sabe acerca de qué
mas, realmente me cabrea.
Este nuevo pensamiento critico en los colegios e universidades parece
asustar a los que han glorificado lo que se ha llamado "Civilización
occidental". El Secretario de Educación de Reagan, William Bennet, en su
"Informe sobre humanidades en la Educación Superior" habla acerca de la
civilización occidental como "nuestra cultura común...........sus más
altas ideas y aspiraciones"
Uno de los defensores más feroces de la civilización occidental es el
filosofo Allan Bloom, que escribió "El final de la mentalidad americana"
con un sentimiento de pánico con respecto a lo que los movimientos
sociales de los sesenta habían hecho para cambiar la atmósfera educativa
de las universidades Americanas. Estaba espantado con las manifestaciones
de estudiantes de las que fue testigo en Cornell, que consideraba una
terrible interferencia con la educación.
La idea de educación de Bloom era un pequeño grupo de estudiantes muy
inteligentes, en una universidad de élite, estudiando a Platón y
Aristóteles, y rechazando ser molestados en su contemplación por el ruido
exterior causado por estudiantes manifestándose contra el racismo o
protestando contra la guerra de Vietnam.

Mientras lo leía, me recordó a algunos colegas míos, de cuando enseñaba en
una universidad para estudiantes de raza negra en Atlanta, Georgia, que
movían su cabeza con desaprobación cuando nuestros estudiantes dejaron sus
clases para una sentada, para ser arrestados, en protesta en contra de la
segregación racial. Decían que estos estudiantes estaban descuidando su
educación. De hecho, estos estudiantes aprendieron mas en unas cuantas
semanas de participación en lucha social de lo que podrían haber aprendido
en un año de asistencia a clase.
Vaya entendimiento limitado y atrofiado de la educación! Se corresponde
perfectamente con la visión de la historia que insiste en que la
civilización occidental es el cenit del logro humano. Como escribió Bloom
en su libro...".....solo en las naciones occidentales, es decir, las que
recibieron la influencia de la filosofía griega, hay alguna voluntad en
dudar la identificación del bien con las actitudes personales". Bueno, si
esta voluntad de poner en duda es el sello de la filosofía griega,
entonces Bloom y sus compañeros, idólatras de la civilización occidental,
no tienen ni idea de tal filosofía.
Si la civilización occidental es la cúspide del progreso humano, los EEUU
son el mejor exponente de esta civilización. Aquí tenemos otra vez a Allen
Bloom: "Este es el momento de EEUU en la historia mundial....América nos
cuenta una historia, el continuo, inevitable progreso de la libertad y la
igualdad. De sus primeros colonizadores y de sus comienzos políticos en
adelante, es indiscutible que la libertad y la igualdad son la esencia de
la justicia para nosotros.."
Sí, dile a los negros y a los americanos nativos, a los vagabundos, a los
que no tienen Seguro de Enfermedad, y a todas las víctimas de la política
exterior americana, que América "nos cuenta una historia....de libertad e
igualdad".
La civilización occidental es muy compleja. Representa muchas cosas,
algunas decentes, otras espantosas. Tendríamos que detenernos a pensar
antes de ensalzarla sin criticas cuando advertimos que David Duke, un
miembro del Ku Klux Klan de Louisiana, y ex Nazi, dice que lo
malinterpretaron. "El fundamento más fuerte de mi pensamiento" le dijo a
un periodista "es mi amor por la civilización occidental".
Los que insistimos en considerar críticamente la historia de Colón, e
igualmente todo aquello de nuestra historia tradicional, somos
habitualmente acusados de insistir en la corrección política, en perjuicio
de la libertad de expresión. A mi esto me parece raro. Es el guardián de
las viejas historias, las historias ortodoxas, el que rechaza abrir el
espectro de las ideas, exponerlas en libros nuevos, nuevos enfoques, nueva
información, nuevas visiones de la historia. Los que reivindican creer en
el "libre mercado" ya no creen en un libre mercado de ideas, creen en un
libre mercado de bienes y servicios. En ambos casos, bienes materiales e
ideas, quieren un mercado dominado por aquellos que siempre han detentado
el poder y la riqueza. Les preocupa que si hay nuevas ideas en el mercado,
la gente pueda empezar a reflexionar sobre los planes sociales que nos han
causado tantos sufrimientos, tanta violencia, tantas guerras durante estos
últimos quinientos años de "civilización".
Por supuesto que ya nos pasaba eso antes de que Colón llegara a este
hemisferio, pero los recursos eran insignificantes, la gente estaba
aislada unos de otros, y las posibilidades eran muy limitadas. En los
siglos recientes, sin embargo, el mundo se ha convertido en un lugar
sorprendentemente pequeño, nuestras posibilidades de crear una sociedad
decente se han incrementado enormemente, así que ya no existen excusas
para el hambre, el analfabetismo, la violencia y el racismo.
Revisando nuestra historia, no solo estamos mirando al pasado, sino al
presente, y tratando de observarlo desde el punto de vista de aquellos que
han sido excluidos de los beneficios de las llamadas civilizaciones. Lo
que estamos intentando realizar es una cosa muy sencilla pero
profundamente importante, mirar el mundo desde otros puntos de vista.
Necesitamos hacerlo empezando este nuevo siglo, si queremos que este siglo
sea diferente, si queremos que sea, no un siglo Americano, o un siglo
occidental, o un siglo blanco o un siglo masculino, o el siglo de alguna
nación o algún grupo, sino el siglo de la raza humana.