| Eduardo
Galeano - El canal de Panamá 1903
Ciudad de Panamá
El
Canal de Panamá
El paso entre
los mares había sido una obsesión de los
conquistadores españoles. Con furor lo buscaron;
y lo encontraron demasiado al sur, allá por la
remota y helada Tierra del Fuego. Y cuando alguno
tuvo la idea de abrir la cintura angosta de América
Central, el rey Felipe II mandó a parar: prohibió
la excavación del canal, bajo la pena de muerte,
porque no debe separar lo que Dios unió.
Tres siglos después, una empresa francesa, la
Compañía Universal del Canal Interoceánico,
empezó los trabajos en Panamá. La empresa avanzó
treinta y tres kilómetros y cayó
estrepitosamente en quiebra.
Desde entonces, los Estado Unidos han decidido
concluir el canal y quedarse con él. Hay un
inconveniente: Colombia no está de acuerdo y
Panamá es una provincia de Colombia. En
Washington, el senador Hanna aconseja esperar,
debido a la naturaleza de los animales con los
que estamos tratando, pero el presidente Teddy
Roosevelt no cree en la paciencia. Roosevelt envía
unos cuantos marines y hace la independencia de
Panamá. Y así se convierte en país aparte esta
provincia, por obra y gracia de los Estados
Unidos y sus buques de guerra.
En esta guerra mueren un chino y un burro, víctimas
de las andanadas de una cañonera, pero no hay más
desgracias que lamentar. Manuel Amador, flamante
presidente de Panamá, desfila entre banderas de
Estados Unidos, sentado en un sillón que la
multitud lleva en andas. Amador va echando vivas
a su colega Roosevelt.
Dos semanas después, en Washington, en el Salón
Azul de la Casa Blanca, se firma el tratado que
entrega a los Estados Unidos, a perpetuidad, el
canal a medio hacer y más de mil cuatrocientos
kilómetros cuadrados de territorio panameño. En
representación de la república recién nacida,
actúa en la ocasión Philippe Bunau-Varilla,
mago de los negocios, acróbata de la política,
ciudadano francés.
Eduardo Galeano
- Memoria del Fuego 3 (1986)
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