Ernesto Che Guevara:
«Con las armas, con la sangre y con la vida»
Publicado en El Siglo. Chile, octubre del 2001.
"El Presidente de una de las delegaciones aquí presentes
nos hizo el regalo de una cita de Martí para iniciar su
intervención. Contestaremos, pues, a Martí con Martí. A Martí
con Martí, pero con el Martí antiimperialista y antifeudal, que
murió de cara a las balas españolas luchando por la libertad de
su patria y tratando de impedir, con la libertad de Cuba, que los
Estados Unidos cayeran sobre la América Latina, como escribiera
en una de sus últimas cartas.
Decía Martí:
"Quien dice unión económica, dice unión política. El
pueblo que compra manda, el pueblo que vende sirve; hay que
equilibrar el comercio para asegurar la libertad; el pueblo que
quiere morir, vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse
vende a más de uno. El influjo excesivo de un país en el
comercio de otro se convierte en influjo político. La política
es obra de los hombres, que rinde sus sentimientos. Cuando un
pueblo fuerte da de comer a otro se hace servir de él. Cuando un
pueblo fuerte quiere dar batalla a otro, compele a la alianza y
al servicio a los que necesitan de él. El pueblo que quiere ser
libre, sea libre en negocios. Distribuya sus negocios entre otros
países igualmente fuertes. Si ha de preferir a alguno, prefiera
al que lo necesite menos. Ni uniones de América contra Europa,
ni con Europa contra un pueblo de América. El caso geográfico
de vivir juntos en América no obliga sino en la mente de algún
candidato o algún bachiller a unión política. El comercio va
por las vertientes de tierra y agua y detrás de quien tiene algo
que cambiar por él, sea monarquía o república. La unión con
el mundo, y no con una parte de él; no con una parte de él
contra otra. Si algún oficio tiene la familia de repúblicas de
América, no es el de ir de arria (recua, animales de carga. NDR)
de una de ellas contra las repúblicas futuras."
"Ése era Martí hace 70 años, señor Presidente".
(...)
"La situación está tensa en el mundo. El imperialismo
necesita asegurar su retaguardia, porque la batalla está en
todos los lados, en un momento de profunda angustia. La Unión
Soviética ha reafirmado su decisión de firmar la paz en Berlín,
y el Presidente Kennedy ha anunciado que puede ir hasta la guerra
por Berlín. Pero no está Berlín solamente, no está Cuba
solamente; está Laos, por otro lado está el Congo, donde
Lumumba fue asesinado por el imperialismo; está el Viet Nam
dividido, está Corea dividida, Formosa en manos de la pandilla
de Chiang Kai-Shek, Argelia desangrada, y a la que ahora
pretenden dividirla también; y Túnez, cuya población el otro día
fue ametrallada por cometer el "crimen" de querer
reivindicar su territorio.
Así es el mundo de hoy, y es así como tenemos que verlo para
interpretar esta Conferencia y para poder sacar las conclusiones
que permitan que nuestros pueblos vayan hacia un futuro feliz, de
desarrollo armónico, o que se conviertan en apéndices del
imperialismo en la preparación de una nueva y terrible guerra o,
también que se desangren en luchas intestinas cuando los pueblos
-como casi todos ustedes lo han anunciado-, cansados de esperar,
cansados de ser engañados una vez más, comiencen el camino que
Cuba una vez inició, el de quitarle armas al ejército enemigo
que representa la reacción y el de destruir, hasta sus bases,
todo un orden social que está hecho para explotar al pueblo".
(...)
"La historia de la Revolución cubana es corta en años y
rica en hechos; rica en hechos positivos y rica, también, en las
amarguras de las agresiones sufridas.
En octubre de 1959, solamente se había realizado la Reforma
Agraria como medida fundamental económica del Gobierno
Revolucionario. Aviones piratas, que partían de Estados Unidos,
volaron sobre el territorio aéreo de La Habana y, como
consecuencia de los propios proyectiles que arrojaron, más el
fuego de nuestras baterías antiaéreas, se produjeron dos
muertos y medio centenar de heridos. Luego, tuvieron lugar las
quemas de los campos de cañas, lo que constituye una agresión
económica, una agresión a nuestra riqueza y que fue negada por
los Estados Unidos hasta que estalló un avión -con piloto y
todo- y se demostró, indiscutiblemente, la procedencia de esas
naves piratas. Esta vez el gobierno norteamericano tuvo la
gentileza de pedir disculpas. Fue también bombardeado por una de
estas naves el Central España, en febrero de 1960.
En marzo de ese año, el vapor "Le Couvre", que traía
armas y municiones de Bélgica, estalló en los muelles de La
Habana, en un accidente que los técnicos catalogaron de
intencional ocasionando cien muertos.
En mayo de 1960, el conflicto con el imperialismo se hizo frontal
y agudo. Las compañías de petróleo que operaban en Cuba,
invocando el derecho de la fuerza y desdeñando las leyes de la
República que especificaban bien claro sus obligaciones, se
negaron a procesar el petróleo que habíamos comprado a la Unión
Soviética, en uso de nuestro libre derecho a comerciar con todo
el mundo y no con una parte de él, como decía Martí.
Todos saben cómo respondió la Unión Soviética mandándonos,
en un verdadero esfuerzo, centenares de naves para mover tres
millones seiscientas mil toneladas anuales -el total de nuestra
importación de petróleo crudo- y mantener funcionando todo el
aparato industrial que se mueve hoy a partir del petróleo.
En julio de 1960 se produce la agresión económica contra el azúcar
cubano, de la que algunos gobiernos no se han percatado todavía.
Se agudizan las contradicciones y se produce la reunión de la
OEA en Costa Rica, en agosto de 1960. Allí, los países hermanos
de América, nos negaron el derecho a que nos defendieran. Es una
de las más curiosas negaciones que se ha producido en la
historia del Derecho Internacional. Naturalmente que nuestro
pueblo es un poco desobediente a la voz de las asambleas técnicas
y se reunió en la Asamblea de La Habana aprobando, por
unanimidad -más de un millón de manos levantadas al cielo, una
sexta parte de la población total del país-, la declaración
que se llamó "Declaración de la Habana", en la cual,
en alguno de sus puntos expresa:
"La Asamblea General Nacional del Pueblo reafirma -y está
segura de hacerlo como expresión de un criterio común a los
pueblos de la América Latina-, que la democracia no es
compatible con la oligarquía financiera, con la existencia de la
discriminación del negro y los desmanes del Ku-Klux-Klan, con la
persecución que privó de sus cargos a científicos como
Oppenheimer, que impidió durante años que el mundo escuchara la
voz maravillosa de Paul Robeson, preso en su propio país, y que
llevó a la muerte, ante la protesta y el espanto del mundo
entero y pese a la apelación de gobernantes de diversos países
y del Papa Pío XII, a los esposos Rosenberg.
La democracia no puede consistir sólo en el ejercicio de un voto
electoral que casi siempre es ficticio y está manejado por
latifundistas y políticos profesionales, sino en el derecho de
los ciudadanos a decidir, como ahora lo hace esta Asamblea del
Pueblo, sus propios destinos. La democracia, además, sólo
existirá en América Latina cuando los pueblos sean realmente
libres para escoger, cuando los humildes no estén reducidos -por
el hambre, la desigualdad social, el analfabetismo y los sistemas
jurídicos-, a la más ominosa impotencia." Además, "La
Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba condena, en fin, la
explotación del hombre por el hombre, y la explotación de los
países subdesarrollados por el capital financiero imperialista."
Aquella fue una declaración de nuestro pueblo, hecha a la faz
del mundo, para demostrar nuestra decisión de defender con las
armas, con la sangre y con la vida, nuestra libertad y nuestro
derecho a dirigir los destinos del país, en la forma que nuestro
pueblo considera más convincente".
(...)
"Es necesario explicar qué es la Revolución cubana, qué
es este hecho especial que ha hecho hervir la sangre de los
imperios del mundo y, también, hervir la sangre, pero de
esperanza, de los desposeídos del mundo -o de estas partes del
mundo, al menos. Es una Revolución agraria, antifeudal y
antiimperialista, que fue transformándose por imperio de su
evolución interna y de las agresiones externas, en una revolución
socialista y que lo proclama así, ante la faz de América: una
revolución socialista. Una revolución socialista que tomó la
tierra del que tenía mucho, y se la dio al que estaba asalariado
en esa tierra, o la distribuyó en cooperativas entre otros
grupos de personas que no tenían ni siquiera tierras donde
trabajar, aun cuando fuera como asalariado.
Es una revolución que llegó al poder con su propio ejército y
sobre las ruinas del ejército de la opresión; que se sentó en
el poder, miró a su alrededor, y se dedicó, sistemáticamente,
a destruir todas las formas anteriores de la estructura que
mantenía la dictadura de una clase explotadora sobre la clase de
los explotados. Destruyó el ejército totalmente, como casta,
como institución, no como hombres, salvo los criminales de
guerra, que fueron fusilados, también de cara a la opinión pública
del Continente y con la conciencia bien tranquila.
Es una revolución que ha reafirmado la soberanía nacional y,
por primera vez, ha planteado para sí y para todos los pueblos
de América, y para todos los pueblos del mundo, la reivindicación
de los territorios injustamente ocupados por otras potencias. Es
una revolución que tiene una política exterior independiente,
que viene aquí a esta Reunión de Estados americanos, como una más
entre los latinoamericanos; que va a la reunión de los países
No alineados como uno de sus miembros importantes y que se sienta
en las deliberaciones con los países socialistas, y éstos lo
consideran un país hermano.
Es, pues, una Revolución con características humanistas. Es
solidaria con todos los pueblos oprimidos del mundo; solidaria,
señor Presidente, porque también lo decía Martí: "Todo
hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a
cualquier mejilla de hombre." Y cada vez que una potencia
imperial avasalla un territorio les está dando una bofetada a
todos los habitantes de ese territorio.
Por eso nosotros luchamos, indiscriminadamente, sin preguntar el
régimen político ni las aspiraciones de los países que luchan
por su independencia; luchamos por la independencia de los países,
luchamos por la reivindicación de los territorios ocupados.
Apoyamos a Panamá, que tiene un pedazo de su territorio ocupado
por los Estados Unidos. Llamamos Islas Malvinas, y no Falkland, a
las del sur de la Argentina, y llamamos Isla del Cisne a la que
Estados Unidos arrebató a Honduras y desde donde nos está
agrediendo por medios telegráficos y radiales.
Luchamos constantemente aquí, en América, por la independencia
de las Guayanas y de las Antillas Británicas; donde aceptamos el
hecho de Belice independiente, porque Guatemala ya ha renunciado
a su soberanía sobre ese pedazo de su territorio; y luchamos
también en el África, en el Asia, en cualquier lugar el mundo
donde el poderoso oprime al débil, para que el débil alcance su
independencia, su autodeterminación y su derecho a dirigirse
como Estado soberano".
Extractos del discurso del Comandante Ernesto Che Guevara en
la V Sesión Plenaria del Consejo Interamericano Económico y
Social, Punta del Este, Uruguay, el 8 de agosto de 1961. |
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