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Víctor Montoya -
Hablando de fútbol
Los pies, no devastados por lesiones ni ulceraciones son
fabulosos instrumentos que sirven no sólo para ambular de un
lugar a otro, sino también para amasar fortunas en un deporte
que se ha convertido en una religión más allá de toda lógica
y razón, pues las figuras emblemáticas del fútbol, que
aprendieron a chutar la pelota de trapo en los barrios periféricos
de las grandes urbes, se han hecho millonarios gracias a sus pies,
que constituyen una suerte de imanes que atraen la atención de
millones de espectadores que, sentados en las tribunas donde todo
parece levitar en un estado de euforia y éxtasis, estallan en
una algarabía de voces y gritos cada vez que el arquero se lanza
en el aire sin despejar el balón con la punta de los dedos.
Al grito de "¡Goool...!", como es natural, los pies
del goleador son los únicos gemelos que atrapan la mirada de los
espectadores en un partido de fútbol; tal vez por eso, la fotógrafa
norteamericana Annie Leibovitz, famosa como los personajes que
retrató, concibió la idea de hacer un retrato de Pelé, pero no
uno más de su colección sino otro diferente. De modo que,
guiada por las leyendas deportivas del Rey del Fútbol, se limitó
a fotografiarle los pies, en Nueva York, en 1981.
Ya se sabe que Jorge Amado, escritor brasileño, dedicaba sus
tiempos libres a mirar los partidos de fútbol, que Galeano, en
su libro "El fútbol a sol y sombra", interpreta políticamente
los negociados del balompié, y que Vargas Llosa habla de la
riqueza lingüística que los comentaristas deportivos manejan
como gambetas delante de los micrófonos, explayando una
pirotecnia verbal que no poseían ni los mejores oradores de la
historia. Pero eso sí, lo que no se sabe a ciencia cierta, es si
alguna vez los pies de Pelé serán amputados, embalsamados y
conservados en un museo, para que los hinchas del fútbol sepan
que esos trofeos naturales pertenecían a uno de los mitos
brasileños más trascendentales de todos los tiempos.
Como fuere, a cualquiera que tenga los pies deformes, con el arco
plantar cóncavo y los dedos flexionados hacia arriba como los
espolones de un gallo, no le queda más remedio que vivir
apoltronado delante del televisor, limitado a jugar el fútbol
con los ojos; más aún, si no se parece a Pelé, ni en el color
de la piel ni el prodigio de sus pies, que durante años hicieron
soñar que el mundo es también un balón suspendido de un
puntapié en el universo.
No olvidemos que el pie es la parte del cuerpo humano que en la
extremidad inferior corresponde a lo que es la mano en la
extremidad superior; tiene un esqueleto formado por 26 huesos
pequeños reunidos en el tarso, metatarso y las falanges
digitales. Es la base sobre la cual está asentada todo el peso
del cuerpo y una de las zonas más sensibles y sensuales del
organismo. No en vano los pies enanos de una mujer eran símbolos
de belleza en la China, como no es casual que los hombres del
mundo occidental se postren de rodillas para besar los pies de la
mujer amada.
A propósito de los pies deformes, recuerdo el caso de un amigo
de infancia que no jugó un solo partido de fútbol en su vida,
precisamente porque tenía el pie cavo, que es algo opuesto al
pie plano llamado también de atleta, y se caracteriza por la
excesiva excavación de la bóveda plantar; un defecto físico
que no le permitía desplazarse con la agilidad de un Michael
Jonson o un Carl Lewis. De manera que, desde que tuvo uso de razón,
vivió convencido de que todos, incluso los atletas que parecen
poseer una anatomía perfecta, tenían algún defecto físico -congénito
o adquirido-, porque nadie es obra de la geometría, sino de la
naturaleza humana, o como diría el aforismo de Cristopher
Lichtenberg: "Me cuesta creer que se llegue a demostrar un día
que somos obra de un Ser supremo y no, como parece, de un ser muy
imperfecto que nos ha fabricado a modo de pasatiempo".
Los problemas en los pies, además de tener causas hereditarias,
son castigos de la civilización moderna que atenta contra la
fisiología natural del humano, puesto que la moda, la vanidad y
el aspecto estético, determinan el diseño de los zapatos cada
vez más extravagantes e inapropiados. Ahí tenemos a las
supermodelos que, estropeando la belleza anatómica de sus pies,
lucen calzados con tacón en alfiler y puntera en cono, como si
la calle fuese una pasarela de moda y no un terreno que exige
zapatos cómodos, que permitan la libertad de los dedos y no
causen molestares al caminar.
Volviendo al fútbol, les decía que mi amigo de infancia nunca
correteó como un loco detrás de la pelota, por la maldita
suerte de haber nacido con los pies deformes y no con los cachos
de oro del pibe Maradona, a quien lo admira por haber subido al
firmamento como una estrella y haber caído a los bajos fondos
como quien no soporta el peso de la fama y la fortuna; pero
sobretodo, según me confesó hace poco, lo respeta por ser el
amigo declarado de Fidel y porque tuvo la osadía de decir:
"Argentina tiene el culo mirando al Norte...".