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CIEN AÑOS QUE NO CABEN EN UN SIGLO (2da.PARTE)
La Crisis de Octubre
• El 22 de octubre de 1962, EE.UU. decreta el bloqueo naval del archipiélago cubano, después de que un avión espía norteamericano detecta la presencia de cohetes nucleares soviéticos, que habían sido instalados para disuadir al imperio de la preparación de una nueva invasión iniciada con simulacros de guerra alrededor del país.
Téngase en cuenta que la derrota de Girón conllevó una desventaja política para EE.UU. y los planes de agresión se aceleraron: actividades subversivas, sabotajes, atentados a Fidel y agresiones militares directas, enmarcadas dentro del Plan Mangosta, que ponen en práctica.
Durante esos días calificados de "tristes y luminosos" por Ernesto Che Guevara, el país entero se convirtió en una trinchera.
A la hora de discutir entre la URSS y EE.UU. la solución de la llamada Crisis de Octubre, no se tuvieron en cuenta las razones cubanas. El gobierno revolucionario presentó un programa independiente que se resumía en el reclamo del respeto a su soberanía, el fin de las agresiones y la devolución del territorio de la base de Guantánamo. Reclamos que siguen sin cumplirse.
La guerra bacteriológica
• Plagas contra cultivos y animales, defoliantes de la caña, bacterias contra el azúcar... y virus contra los seres humanos están entre los planes de guerra bacteriológica que ya EE.UU. elabora desde principios de los años 60 contra la nación cubana.
Entre 1979 y 1981, personas y cultivos vitales para la economía son afectados por la conjuntivitis hemorrágica, el dengue, la roya de la caña de azúcar y el moho azul del tabaco.
Un saldo de 158 muertos, entre ellos 101 niños, le costó al pueblo el dengue hemorrágico, que contaminó a cientos de personas y que, según publicó la revista editada en Washington Covert
Action, fue introducido en Cuba por el dúo CIA-Pentágono. Eduardo
Arocena, líder del grupo terrorista Omega 7, reconoció en 1984 ante un jurado que lo juzgaba por asesinato, su participación en 1980 en la operación de introducir gérmenes como parte de la guerra contra la Isla.
Los actos terroristas no han cesado en ningún momento, llegan a nuestros días. El 4 de septiembre de 1997, es capturado en La Habana el salvadoreño Raúl Ernesto Cruz León, luego de que colocara artefactos explosivos en varios hoteles de la capital y la célebre Bodeguita del Medio. Como resultado murió un joven italiano y resultaron heridas siete personas.
Las investigaciones e incluso informaciones de medios de prensa norteamericanos apuntan que el individuo pertenecía a una red de mercenarios organizada y pagada por la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA). Aparece involucrado el connotado terrorista Luis Posada Carriles, protegido de la CIA y el FBI, autor intelectual del atentado contra un avión de Cubana de Aviación que explotó en pleno vuelo en octubre de 1976 con 73 personas a bordo.
Es conocido que Posada trabajó a las órdenes de la Casa Blanca en el tráfico de drogas y armas en Centroamérica y en 1998 dirigió planes para asesinar a Fidel durante su visita a República Dominicana.
El connotado terrorista permanece en la actualidad prisionero en Panamá, donde fue detenido luego de que el presidente Fidel Castro denunciara un plan para asesinarlo durante su participación en la 10ª Cumbre Iberoamericana.
En noviembre del 97 había sido apresado otro grupo de terroristas que preparaba un atentado al mandatario cubano durante su asistencia a la 7ª Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno, que se celebró en la venezolana Isla Margarita. Y, a pesar de que las evidencias presentadas al jurado demostraron inequívocamente la culpabilidad de los acusados, éstos fueron absueltos en un increíble proceso donde las agencias cablegráficas señalaron que luego del fallo "algunos miembros del jurado abrazaron a los acusados enfrente del tribunal" (Reuters) y donde el The New York Times al comentar el juicio aseveró que los siete involucrados en el intento de asesinato a Fidel Castro tienen vínculos con la FNCA y años atrás dos de ellos con la CIA.
No podemos dejar de mencionar la llamada Ley de Ajuste Cubano, vigente en EE.UU. desde 1966 y que asegura residencia a los ciudadanos procedentes de la Isla que toquen suelo norteamericano. Esta ley fomenta el éxodo ilegal y pone en peligro la vida de las personas. Pero, "pese a todo continuará aplicándose", confirmó en La Habana William Brownfield, subsecretario de Estado adjunto para Asuntos Hemisféricos.
La más dramática víctima de esa práctica ha sido el pequeño de 6 años Elián González, a quien una vez rescatado de entre las olas en las costas de la Florida, quedó secuestrado por la Fundación Nacional Cubano Americana, que lo utilizó como bandera de su guerra contra la Isla.
Internacionalismo, una vocación
• El cubano es, sin duda, un pueblo con vocación internacionalista. Esa hermosa tradición está en los genes de la nación. Ahí están Pablo de la Torriente-Brau, que cayó peleando por la República durante la Guerra Civil Española; Ernesto Che Guevara, argentino pero también cubano y de América, asesinado en Bolivia mientras intentaba realizar el sueño de Bolívar y Martí de una América unida y nuestra, y muchos otros que harían interminable la lista.
Después del triunfo revolucionario, innumerables misiones en uno u otro terreno se han realizado. "Más de 500 000 compatriotas nuestros han participado en duras y difíciles misiones de ese carácter", dijo Fidel en el discurso que pronunció en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, el 3 de febrero de 1999.
Fue en octubre de 1962, en la inauguración del Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas Victoria de Girón, cuando Fidel expresó la disposición del Gobierno cubano de ayudar a otros países. El 23 de mayo de 1963 marchó a Argelia el primer contingente internacionalista de médicos cubanos.
De ahí a la fecha alrededor de 30 mil médicos, sin reparar sacrificios, han desarrollado su humanitaria labor en condiciones muy difíciles, en lugares casi inaccesibles, recibiendo la gratitud infinita de muchos pobres que por vez primera eran atendidos. Sirva de ejemplo que la primera operación de corazón que se practicó en Tanzania, la realizó un equipo cubano en 1978.
Islas del Caribe como Haití, comunidades de Centroamérica y América del Sur —azotadas sin piedad por fenómenos climatológicos— y más recientemente el pueblo venezolano, han sido testigos del esfuerzo desinteresado de los galenos cubanos.
Este colosal esfuerzo ha sido ignorado por aquellos para los que no representan nada los 800 millones de hambrientos, 1 000 millones de analfabetos, 4 000 millones de pobres y los 11 millones de niños menores de 5 años que mueren anualmente por enfermedades prevenibles o curables, desnutrición y pobreza.
Los cubanos no sólo han prestado sus servicios fuera de la Isla. Dentro de la pequeña nación, han cursado estudios y se han formado como profesionales y técnicos muchos hombres y mujeres del Tercer Mundo. Las escuelas en el campo de la Isla de la Juventud, al sur de Cuba, han sido como un segundo hogar para muchos de ellos.
La Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, inaugurada en 1999 en La Habana durante la 9ª Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno, y donde estudian 3 mil 432 jóvenes de 23 naciones, es el más reciente ejemplo.
Surgida a raíz de dos terribles huracanes que azotaron a Centroamérica y el Caribe, durante su inauguración Fidel explicó que llegará a contar con 8 mil alumnos, pues cada año ingresarán 1 500, de ellos 500 centroamericanos y mil de otras naciones.
Pero el internacionalismo cubano no se circunscribe sólo a los médicos. Cientos de miles de hijos de este pueblo se han desempeñado como profesionales, educadores, colaboradores deportivos, constructores e incluso como combatientes en varios países del Tercer Mundo.
Imposible olvidar a los que ofrendaron su vida combatiendo contra los soldados racistas del apartheid en tierras angolanas.
En su discurso en Venezuela, Fidel recordaba cómo cuando en Nicaragua solicitaron una vez mil maestros, "pedimos voluntarios y se ofrecieron 30 000, y cuando las bandas de la guerra sucia contra los sandinistas, organizadas y suministradas por EE.UU., asesinaron a algunos de nuestros maestros —que no estaban en las ciudades, sino en los lugares más apartados de los campos y viviendo en las condiciones en que vivían los campesinos—, entonces se ofrecieron 100 000".
"Por eso hablo de ideas, por eso hablo de conciencia, por eso creo en lo que digo, por eso creo en el hombre... se demostró que la conciencia y la idea de la solidaridad y del internacionalismo pueden llegar a ser masivas", afirmó.
Período especial
• Difíciles años ha afrontado la nación como consecuencia del derrumbe del campo socialista, la desintegración de la URSS y el recrudecimiento del bloqueo de EE.UU., que se alzó como única superpotencia en un mundo unipolar.
La Isla, que mantenía el 85% de su comercio con la Unión Soviética, quedaba, en lo adelante, a merced del intercambio desigual y las políticas proteccionistas de las naciones poderosas, es decir, bajo las mismas leyes que atenazan a los naciones subdesarrolladas. Para reorientar la economía había que insertarse en el mercado mundial, no quedaba otra opción.
Sirva de ejemplo que en sólo dos años (1990-1992), la mayor de las Antillas vio reducida su capacidad de compra en el exterior en un 50%, se vio obligada a vender por vez primera el azúcar a precios no preferenciales, a encontrar mercados de suministros para sus productos y a mantener su tecnología, en unos casos adaptándola, en otros produciendo las piezas e, incluso, haciendo prácticamente inversiones nuevas.
Una economía que llegó a consumir 13 millones de toneladas de petróleo en 1989 no podía aspirar a disponer de más de 6 millones en el 92. Fue necesario un esfuerzo organizativo muy grande para sacar adelante al país.
Se dictaron medidas. La Revolución concentró los recursos en aquellos programas de desarrollo que le daban a la nación la capacidad de compra y, a diferencia de las políticas neoliberales aplicadas por muchos gobiernos del área a los programas de salud y educación, aquí —aunque afectados— se garantizaron. Además de que el combustibles disponible se empleó en producir y hacer llegar los alimentos a la población.
El programa alimentario fue todo un desafío y, sin embargo, no se eximió a la agricultura de un plan de ahorro. Se empleó la soya texturizada en la elaboración de productos cárnicos y el cereal lacteado en lugar de leche.
En el orden interno, las restricciones en cuanto a la entrega de combustible fue la medida más necesaria por su repercusión en todas las demás actividades.
Los grandes apagones, el uso casi masivo de la bicicleta como medio de transporte, el incremento de la tracción animal en la agricultura, caracterizaron el llamado período especial en tiempo de paz.
La apertura a las inversiones de capital extranjero mediante la formación de empresas mixtas, principalmente en el sector turístico, el impulso a las actividades productivas y de servicios que generaran ingresos en divisas convertibles; la despenalización de la tenencia de divisas; así como acelerar la comercialización y exportación de productos de la industria farmacéutica y la biotecnología, fueron otras de las medidas que se tomaron para revitalizar la economía.
El bloqueo, que no sólo priva a Cuba de suministros imprescindibles provenientes de exterior; de mercados para sus productos con los cuales sufragar el costo de sus importaciones; de créditos indispensables para el comercio; que viola los más básicos acuerdos y convenciones internacionales sobre los derechos humanos y que, según reconoció la Asociación Norteamericana para la Salud Mundial, priva a la población cubana de alimentos y medicinas en tiempos de paz, es un acto genocida sin fundamento al que cada vez se unen más voces, incluso dentro del propio territorio de EE.UU.
Demanda contra EE.UU. por daños humanos y económicos
• En audiencias públicas, transcurrieron en La Habana las demandas presentadas por daños humanos y por perjuicios económicos, ocasionados al pueblo de Cuba, en las que se recogieron numerosas pruebas argumentales para exigir un monto de indemnización de 181 mil 100 millones de dólares, en el primer caso, y 121 mil millones, en el segundo, al Gobierno de Estados Unidos.
Las sentencias # 110 y la # 47, correspondientes a los expedientes civiles número 88 del año 99 y número 1 del 2000 , radicadas en la Sala Primera de lo Civil y de lo Administrativo del Tribunal Provincial Popular de Ciudad de La Habana, declararon culpable a las sucesivas administraciones norteamericanas, que respaldaron la política agresiva y la guerra económica durante más de 40 años.
Testimonios sobrecogedores de 193 personas revelaron la tragedia de numerosas familias cubanas que sufrieron la muerte de 3 478 personas y las acciones contra la integridad física de otras 2 099, a muchas de las cuales dejó terribles secuelas.
En la Demanda por daños humanos —cuyas audiencias públicas se celebraron entre el 5 y el 20 de julio de 1999— se presentaron pruebas documentales, entre ellos 27 textos desclasificados por la Casa Blanca, en los cuales se reconocen actos de sabotaje y terrorismo contra la Isla, el fallido ataque mercenario por Playa Girón y la política hostil de Washington.
El bandidismo en Pinar del Río, en el macizo montañoso del Escambray, en el centro del país, y desde la oriental base naval de Guantánamo fueron expuestos como una de las pruebas más notables que sustentan el pedido de indemnización.
La aplicación de medidas de tiempos de guerra en tiempos de paz para subvertir el orden económico, político y social quedaron al descubierto en la Demanda contra daños económicos, en la que se escucharon a más de 100 testigos y dictámenes de 33 peritos.
Ambas reclamaciones al gobierno norteamericano fueron desatendidas y funcionarios de esa nación las rechazaron con arrogancia por considerarlas de escaso peso jurídico internacional, en declaraciones a la prensa extranjera.
Las solicitudes fueron interpuestas por organizaciones de masas y civiles, representativas de toda la sociedad cubana, y las sesiones constituyeron una reafirmación del pueblo de la Isla al proceso revolucionario.
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