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LA CUARTA FRONTERA (2da. Parte)


Al comienzo de la década de los 70 comenzaron a organizarse y crecer algunos movimientos rebeldes y enre ellos el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional -FMLN-, el Ejército Revolucionario del Pueblo -ERP-, las Fuerzas Armadas de Resistencia Nacional -FARN- a las que se añaden en 1975, varias organizaciones de masas: El Bloque Popular Revolucionario -BPR-, el Frente de Acción Unificado -FAPU-, y las Ligas Populares 28 de Febrero -LP-28. A fines de 1979, el Partido Comunista decidió la lucha armada. En 1980 comienzan a concretarse los proyectos unificadores de los movimientos armados y surgió la Coordinadora Revolucionaria de Masas -CRM y en abril se creó el Frente Democrático Revolucionario -FDR-.

Desde 1931, las oligarquías asignaron a las fuerzas armadas, el rol de guardianes del sistema, del orden social, económico y político y así se convirtieron en enemigos de los cambios, reforzados por la ideología de la seguridad nacional impuesta por Estados Unidos y alienados en cavernario anticomunismo difundido en las escuelas de entrenamiento del Pentágono y la CIA. La represión sinembargo, no fue obra exclusiva de tropas y oficiales de las fuerzas armadas sino también de fuerzas paramilitares organizadas por la extrema derecha con el apoyo de la CIA. Por su crueldad y vesanía se destacaron la Organización Democrática Nacionalista -ORDEN-, la Unión Guerrera Blanca -UGB-, la Organización para la Liberación del Comunismo, el Frente Anticomunista, el Escuadrón de la Muerte y la fatídica ARENA. Estas bandas paramilitares son las responsables de miles de ejecuciones clandestinas, de monstruosos secuestros y asesinatos, de aberrantes sistemas de tortura, de inhumanas desapariciones, de desalojos violentos de campesinos, de quema de aldeas y villorios, de violaciones a mujeres y niñas campesinas, de actos terroristas contra iglesias, conventos, escuelas, colegios, universidades. En los años 80 el pueblo salvadoreño fue masacrado hasta el martirio en medio de las más "sucia de las guerras", como fue calificada por asesores militares y civiles de los Estados Unidos. Fue una guerra de genocidio contra la población civil sospechosa de simpatizante o subversiva, de izquierdista o comunista. Fue una guerra con decapitados, con cuerpos abiertos en canal y arrojados a las veras de caminos polvorientos, basurales citadinos o fosas comunes clandestinas, anónimas.

Tanta fue la crueldad e insania de la represión que Monseñor Oscar Arnulfo Romero denunciaba la estrategia oligárquico-norteamericana cuando en homilía expresó: "El sector reaccionario del ejército y la oligarquía salvadoreña, preparaban una paz fundada sobre cien mil muertos en El Salvador y con el pretexto del anticomunismo, aspiran a perpetuar sus privilegios y continaur manteniendo un régimen de terribles injusticias".

El 23 de Marzo de 1980 proclamaba: "En nombre de Dios; en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo y cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!". El 24 de Marzo, Domingo de Ramos, a las 6 y 30 de la tarde, en el altar de sus homilías solidarias, fue asesinado. Armas y balas fueron de Estados Unidos. El ex-embajador norteamericano Robert White, dijo que Monseñor Romero fue muerto por "asesinos porfesionales contratados por la oligarquía salvadoreña, en Miami". Posteriormente se desmotró que los asesinos fueron de las membrecías de ARENA y que algún agente de la CIA o mercenario yanqui estaba implicado en ese crimen.

No fue sólo Monseñor Romero el asesinado. Muchos otros curas, monjas, religiosos, profesores universitarios, intelectuales, periodistas, hombres, mujeres y niños, por millares fueron masacrados y más de un millón de salvadoreños fue desplazados u obligado al exilio.

Estados Unidos, la CIA, el Pentágono, el Departamento de Estado, son responsables directos e indirectos de las atrocidades cometidas contra el pueblo salvadoreño. En la estrategia yanqui, El Salvador quería ser representado como una especie de "modelo de democracia a imitar por los demás Estados centroamericanos", en razón de lo que, ninguna acción política se realiza sin que la controlen los servicios secretos de Estados Unidos. La CIA costeó allí las "democráticas" elecciones del presidente en 1984, financió y elaboró el guión de las elecciones a la Asamblea Constitucional de 1985. Las dos campañas se efectuaron en medio del terror masivo..." (6) Al final de esas campañas electorales, el lógico triunfador fue Duarte, representante de la burguesía demócrata cristiana y hombre de confianza de la CIA.

Los millones de dólares de Washington gastados en la represión por intermedio de la CIA y el Pentágono, la entrega masiva de armas sofisticadas, los bombardeos sistemáticos con la inclusión de bombas de napalm para ejecutar la estretegia de tierra calcinada; la guerra sicológica y la propaganda de calumnias, no pudieron derrotar a las fuerzas rebeldes agrupadas en el FMLN y FDR. La CIA fracasó en sus operaciones secretas, los mercenarios del Pentágono fracasaron en sus mortales ataques, el ejército y los escuadrones de la muerte no amilanaron a los guerrilleros.

Ninguna táctica dejó de ser utilizada por la CIA. En enero de 1981 redactó y editó el famoso Libro Blanco que fue presentado a Reagan en los primeros días en que asumió la presidencia. De inmediato, esa cuidadosa edición circuló en círculos políticos y diplomáticos, entre medios de comunicación y perioditas. El Libro Blanco de la CIA fue redactado en base a documentos capturados a guerrilleros en los meses de octubre y noviembre de 1980. Los documentos eran fotocopias de informes de viajes, contactos y adquisición de armas efectuados por algunos comandantes del FMLN y FDR, en especial a los países socialistas. En base a esas fotocopias, la CIA involucró directamente a Cuba y Nicaragua en el proceso revolucionario salvadoreño. Finalmente la CIA "probaba" con documentos de la guerrilla que la guerra civil era un asunto de los "comunistas". Pero lo más grave era que esos documentos capturados informaban detalladamente de los planes de la guerrilla, de los nombres de los comandantes de cada sector y de cada combate proyectado, mapas y planos, clase de armas, marca y hasta el número de cada una de ellas. Era el típico infantilismo político de patriotas leales y honestos que por exceso de ingenuidad entregaba las armas que el imperialismo necesitaba para justificar su injerencia agresiva en El Salvador.

A pesar de los reveladores documentos, el imperio y sus títeres no pudieron derrotar al FMLN y FDR. Reagan y sus halcones fracasaban en sus intentos guerreristas y en cierta medida cambiaban de estrategias al promover elecciones "democráticas" y acuerdos de paz. Era improbable una victoria militar del Estado y sus aparatos represivos: Fuerzas Armadas y bandas paramilitares y en esa situación una intervención militar directa, podía resultar contraproducente y convertir a El Salvador en el Vietnam centroamericano. Esa realidad impulsaba a Estados Unidos a buscar una salida a la guerra civil ya sea a través de conversaciones de paz o por la vía democrático-electoral, una vez que la estrategia del Estado contrarrevolucionario y contrainsurgente resultó un fiasco y, que la solución electoral-militar había fracasado.

Del proceso burgués-electoral, el Departamento de Estado de Estados Unidos se proponía alcanzar importantes victorias políticas: "a) la legitimación interna del nuevo pacto dominante, bajo la hegemonía de la gran burguesía tadicional y los sectores del alto mando del ejército, aliado a ella; b) la ampliación del consenso internacional a favor del nuevo gobierno, basado en la argumentación de que es preferible aceptar los resultados de elecciones "imperfectas" que permitir la continuación de la guerra civil; c) desde nuevas posiciones de consenso interno e internacional, lograr el aislamiento de la oposición FMLN-FDR para realizar en su contra operaciones militares exitosas; d) provocar vacilaciones en la clase media y ofrecerles un esquema de participación económica y política, destinado a crear condiciones para que dichos sectores puedan jugar un papel fascistizante por la base; e) garantizar interlocutores "idóneos" que sean capaces de recibir eficazmente los masivos financiamientos económicos destinados a superar la crisis económica; f) reunificar a los sectores de la burguesía a través de la ayuda económica norteamericana y de la conducción hegemónica de la gran burguesía tradicional, que es la fracción de mayor experiencia política". (7)

En 1996, la paz es una realidad a medias en El Salvador. Las elecciones son mecanismos de apariencia democrática y los gobiernos constitucionalistas patrocinados por Estados Unidos han sido incapaces de resolver los graves problemas que afectan al "Pulgarcito de América". La CIA no ha dejado de intervenir en El Salvador y el ejército es continuamente asesorado y equipado por el Pentágono. Entre tanto, el FDR y FMLN han perdido en los procesos electorales; pero continúan en la lucha pacífica para que el Estado burgués cumpla con lo estipulado en los acuerdos de paz, situación en extremo difícil, en medio de las fanfarrias neoliberales, que ansiosamente buscan la entrega total de El Salvador a las transnacionales yanquis. Los trabajadores y el pueblo protestan en contra de las privatizaciones neoliberales, sin renunciar jamás al derecho a las utopías.

En la epidermes del drama centroamericano, según la política oficial de la Casa Blanca, el conflicto era y es entre comunistas y democracias. Adentro de la realidad está la injerencia norteamericana y el ejercicio indiscutido de sus teorías de dominación, encargadas a la CIA de su práctica y realización. A Estados Unidos no le preocupa la ética en las relaciones internacionales, ni el derecho o la vida de los seres humanos. Para la Casa Blanca son seres inferiores, humanos sin derechos, carne de cañón, especímenes experimentales y cuando más, mano de obra expoliable que mientras tranqula y callada, no cause problemas ni perturbe la tranquilidad de los amos monopolistas "made in Usa". Tanto no les preocupa la vida de esos pueblos que no vacilan en utilizar a ellos para reprimir, destruir y matar a sus hermanos.

Los Gobiernos y fuerzas armadas de Honduras son ejemplo de sometimiento y entreguismo, de deslealtad y deshonestidad. Esa república se convirtió en escarnio para la dignidad latinoamericana por mandato del imperio y por obediencia servil, siempre bien pagada -en dólares- por sus señores de la CIA, del Pentágono y el Departamento de Estado. La clase dominante hondureña, la que asesinó a Francisco Morazán, se sometió a las órdenes imperiales ansiosas de convertir a Honduras en base militar para la agresión contrarrevolucionaria a Nicaragua y El Salvador.

Triufante la Revolución Sandinista en 1979 e inderrotable la guerrilla salvadoreña liderada por el FMLN y FDR, Honduras se transformó en fuerte militar yanqui en el que se reclutaba, entrenaba, financiaba y equipaba a los mercenarios "contras" para agredir cobarde y miserablemente a Nicaragua y a los grupos antisubversivos de las propias fuerzas armadas hondureñas y otros mercenarios tanto "gusanos" como ex- boinas verdes de Vietnam, para emparedar a los revolucionarios de El Salvador en la línea fronteriza de los dos pueblos hermanos.

En los años 80, Honduras se transformó en territorio estratégico dentro de la doctrina de "contención del comunismo" del presidente Reagan. Allí, la CIA tuvo carta blanca para la ejecución de sus operaciones clandestinas a tal punto que con plena satisfacción y complidad de gobiernos, oligarquías y fuerzas armadas llegó a tener hasta 200 empleados de planta asignados a la estación y unos 400 ex-oficiales de la misma Agencia y de otros servicios de inteligencia norteamericanos que se encargaron del adiestramiento de las tropas contrarrevolucionarias, de la planificación y ejecución de todo tipo de represión y actos de sabotaje y terrorismo aplicados en Nicaragua y en El Salvador. Esos agentes actuaban desembosadamente y sinembargo, utilizaban la fachada de hombres de negocios, periodistas, pastores de iglesias protestantes, clérigos católicos o monjas, sindicalistas, miembros de organizaciones caritativas, de ayuda humanitaria a través de distintas ONGs.

Desde Honduras se perpetraron los más horrendos crímenes contra Nicargua Sandinista. "A lo largo de la frontera con Nicargua se extendieron más de dos docenas de bases de los "contras". El Estado Mayor de la CIA se hallaba en "El Aguacate", base militar hondureña desde la cual se realizaban las incursiones aéreas contra Nicaragua. Precisamente desde esta base salían los helicópteros Hugues-500 y los aviones de transporte C-123" (8) que llevaban armas para los "contras". Uno de esos aviones fue derribado por el Ejército Popular Sandinista y entre los restos del aparato fue rescatado el "consejero" militar norteamericano Eugene Hasenfus, que hecho prisionero por los sandinistas develó la participación estadounidense en los asuntos internos de Nicaragua, la injerencia de la CIA en los actos terroristas y sus negocios ilícitos en la guerra de los "contras", con el objetivo de aniquilar al Gobierno Sandinista y extrangular su revolución.

La Administración Reagan no ocultó su intervencionismo en Centro América. Se ufanaba de su combate a los movimientos revolucionarios tanto que con mucho cinismo, el ex-cowboy de malas películas hollywoodenses, tiernamente calificaba a los asesinos y bandidos "contras" como "Mis luchadores por la libertad" y con asboluto menosprecio al pueblo y revolución nicaragüense y sus líderes, decía que ellos eran delincuentes, totalitarios, agentes del comunismo internacional, terroristas.

En las concepciones estratégicas de Washington, Honduras siempre fue un país al que se podía someter y ocuparlo si las coyuntaras socio-políticas o los intereses monopólicos así lo exigían. En los años 80, Honduras fue una "república alquilada" y en ella la CIA primero la corrompió y luego la militarizó para que cumpla dos objetivos considerados fundamentales: 1) Que las fuerzas armadas hondureñas participen directamente en operaciones militares contra Nicaragua y las guerrilas salvadoreñas del FMLN-FDR y, 2) que su territorio sirva de base, refugio y guarida para los bandidos "contras". El imperio gastó cientos de millones de dólares para armar, equipar y entrenar a las fuerzas armadas tanto como para instalar poderosas bases militares para uso de los "contras", sus asesores militares del Pentágono y la CIA y para la capacitación de tropas destinadas a guerras de agresión y de contrainsurgencia en la región. Todo con la aprobación de gobiernos, jefes militares, diputados, dirigentes políticos de la burguesía y del sector oligárquico, desde siempre caracterizado como vende-patria, cavernario, intolerante y fascistoide. La clase dominante hondureña sólo es leal al sistema de explotación patrocinado por sus amos imperiales, es fiel a los dictados de los monopolios yanquis, es obsecuente servidora de los intereses norteamericanos que siempre les deja ganancias dolarizadas con las que acrecientan su poder económico-político.

Gregorio Selser, profundo conocedor de la realidad de gobiernos, ejércitos, policías, políticos, burguesías y oligarquías, escribió un libro al que llamó: Honduras, República Alquilada. Selser sostenía: "La patria de Francisco Morazán sigue siendo la "banana republic" a la que la redujo Zemurray. Pero a partir de 1980, esa condición colonizada fue paulatinamente cambiando de rostro, para adquirir una singularidad bifronte: la de conservar su característica monocultivadora frutera esencial pero con el añadido de sumarle la de un enclave militar. En ambas circunstancias, por obra del mandante principal, Estados Unidos, y por la aceptación cómplice, pasiva y abyecta de sus clases dirigentes. Esas clases son las que transforman hoy la clásica descripción y hacen de ese país una republiqueta en su manera más humillante de ser y de estar dentro de de la comunidad de naciones. Republiqueta y no republiquita; no lo diminuto sino lo oprobioso, lo repugnante, lo despreciable a la que la redujeron sus peores hijos, que la hicieron nación alquilada.

"Alquilada por los gringos -también llamados yanquis- civiles y militares, por los hombres de negocios de frutos y minerales, pero también por los verdugos y genocidas de uniforme, por soldados que matan y enseñan a matar como fue esa su función en la República Dominicana, en Vietnam, Laos y Cambodia, y últimamente en El Salvador y Guatemala. Ocupada por esos gringos/yanquis de Estados Unidos, pero república alquilada además por los gringos/yanquis de adentro, por sus presidentitos, ministros, diputados, dilomáticos, mercachifles y militarotes nacidos en Honduras, gringos/yanquis por elección y abyección, por venalidad y carencia de identidad nacional y patriótica, imitación grotesca y pervertida del original al que admiran y por el cual trocarían gustosos su condición originaria..." (9) Ese servilismo pagado permitió que Estados Unidos instalara la más grande base militar de la región a la denominó: Centro Regional de Entrenamiento Militar -CREM- durante el gobierno de Roberto Suazo Córdoba y con la aprobación de los diputados de los partidos tradicionales: Liberal y Nacional. De esa clase política, el aventurero norteamericano Zemurray, dijo: "En Honduras, un diputado cuesta menos que una mula". Hoy, seguramente por efecto de la inflación, un diputado debe valer más que algunas mulas.

En las bases norteamericanas asentadas en Honduras se ubicaron miles de tropas del Pentágono en calidad de asesores, entrenadores, planificadores e incluso ejecutores de ataques armados a Nicaragua, pero también eran sitios de concentración de mercenarios de diferente calaña y refugio de los "contras". Desde el CREM, ubicado cerca de Puerto Castilla partían los "contras" acompañados por sus jefes yanquis para perpetrar actos de terrorismo contra el Gobierno Sandinista y pueblo nicaragüense. Desde allí partieron los grupos mercenarios que en 1984, minaron los puertos de Nicaragua, acción que produjo el estallido de varios buques mercantes de diferentes países, con el trágico saldo de más de 20 muertos y decenas de heridos. En los momentos libres, los soldados yanquis se dedicaban a prostituir a las mujeres hondureñas, propagar las enfermedades venéreas y el SIDA, corromper a funcionarios y población y practicar el tiro al blanco contra indios y mestizos de las zonas aledañas a las bases.

Ante la gravedad de los actos de sabotaje y terrorismo, el Congreso de los Estados Unidos decidió legalmente poner coto a las operaciones secretas de la CIA, pero en 1986, Reagan resolvió ampliar las facultades de la Agencia y dejarla en plena libertad para que realice las operaciones que considere necesarias con el propósito de liquidar al Gobierno presidido por el Comandante Daniel Ortega.

En el desarrollo de la guerra no declarada de los Estados Unidos contra Nicaragua, uno de los casos que ocasionó mayúsculo escándalo fue el denominado "Irángate". Se descubrió que la CIA efectuaba a gran escala operaciones de contrabando de armas hacia Irán, acción que burlaba disposicones legales norteamericanas. Las ganancias obtenidas en tan lucrativo negocio, así como en diversas operaciones de narcotráfico, en significativas cantidades eran suministradas a los "contras" en armas "made in USA" y en dólares; así estos bandidos captaron que era un importante negocio ser contrarrevolucionario y cometer sabotajes, asesinatos y terrorismo contra su propia patria. De los procesos investigativos efectuados por el Congreso norteamericano, Ronald Reagan salió bien librado al afirmar reiteradamente que desconocía de esas sucias operaciones de la CIA. Los hombres de Oliver Northt como Hasenfus, demostraban lo contrario. Tanto fue el desparpajo de la CIA en las acciones subversivas contra Nicaragua, que la Comisión para los servicios de inteligencia del Senado y de la Cámara de Representantes, tuvo que admitir que la Agencia ocultaba y manipulaba información. James Alexander, suplente del líder de los democrátas en la Cámara de Representantes llegó a declarar que "la manipulación, la obstrucción, la deliberada demora en la información, es la táctica de la CIA, respecto al Congreso".

Si así actuaba la CIA ante el Congreso estadounidense, facil es deducir que no se detenía ante nada y que carecía de límites morales en la planificación y ejecución de sus operaciones secretas contra Nicaragua Sandinista. En Honduras creó, desarrolló, mantuvo y controló una organización política con el detritus de los ex-somocistas a la que llamó Fuerzas Democráticas Nicaragüenses.

PARTE III