República
Dominicana
Juan Bosch, un ejemplo
Miguel Ángel Ferrari
Programa Transcendental. LT8 Radio Rosario.
Argentina, 2 de noviembre.
Ayer murió Juan Bosch a los 92 años de edad.
Muchas personas no oyeron
nunca hablar de él, otras --con algunos años
sobre sus espaldas-- ya lo
habían olvidado y hay quienes siempre lo
recordaremos.
Bosch fue el primer presidente elegido democráticamente
en la República
Dominicana, luego de la caída --en 1961-- del
dictador Rafael Leónidas
Trujillo. Dictador que --como todos los
dictadores de América latina--
fueron prolijamente apoyados por los Estados
Unidos, hasta que dejaron de
serles útiles.
Juan Bosch ejerció la presidencia sólo siete
meses. Su limpia conducta, su
vocación democrática y sus medidas progresistas
de gobierno no fueron
toleradas por mucho tiempo por las familias
adineradas de Santo Domingo y
sus protectores de Washington. Sobrevino, como
era lógico por esos
tiempos, un golpe de Estado militar y un gobierno
dócil a los intereses de
las clases dominantes.
Años después, en 1965, una rebelión popular
constitucionalista con la
participación de jóvenes oficiales de las
Fuerzas Armadas, liderados por
el coronel Francisco Alberto Caamaño, enfrentó
al gobierno de facto y el
coronel Caamaño fue designado presidente
provisional por el Parlamento
dominicano. El objetivo era devolverle la
presidencia a Juan Bosch.
Pero la pasividad --o mejor dicho, connivencia--
puesta de manifiesto por
los Estados Unidos en oportunidad del golpe de
Estado que desalojó del
poder a Bosch, se tornó en protagonismo activo
de Washington para oponerse
a la voluntad popular de restituir al poder al
legítimo presidente.
Una vez más las cañoneras norteamericanas
intervinieron en un país
soberano. El entonces presidente demócrata --¡vaya
el eufemismo!-- Lyndon
B. Johnson ordenó la entrada de 20.000 marines a
la República Dominicana,
previa convocatoria a integrar una alianza
americana en defensa de la
democracia y contra el comunismo. Varios países
de Latinoamérica sumaron
fuerzas militares a esa aventura intervencionista.
La digna actitud del
presidente argentino Umberto Íllia, impidió que
Argentina se sumara a esa
violación de la soberanía dominicana. ¡Cuánta
agua sucia ha pasado desde
entonces bajo los puentes!
Los marines controlaron la agitación popular,
"pacificaron" a la República
caribeña y dejaron una seguidilla de gobiernos títeres
y corruptos. El
presidente constitucional Juan Bosch, por
voluntad de los Estados Unidos
no pudo retomar el cargo para el que fuera electo
democráticamente.
Juan Bosch será recordado no sólo por su
valiente actitud política y por
la fundación de dos partidos políticos, con
programas transformadores, de
los que terminó alejándose. Estos partidos
luego albergaron hombres a
quienes el ejercicio del gobierno y sus
ambiciones --lamentablemente-- los
llevaron a traicionar sus principios éticos vaciándolos
de contenido. El
ex presidente Bosch, será también recordado
como uno de los pensadores más
fecundos de nuestra Latinoamérica y como uno de
sus literatos más
destacados.
El premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez
calificó como
"monumental" su libro "De Cristóbal
a Fidel Castro", escrito por Bosch a
fines de la década del sesenta. Entre sus obras
literarias más destacadas
se cuentan "Oro y paz", "Dos pesos
de agua" y "Cuentos del exilio",
además
de decenas de ensayos sobre temas sociales.
Juan Bosch fue uno de esos valientes presidentes
latinoamericanos, como el
guatemalteco Jacobo Arbenz o el chileno Salvador
Allende, que por su
honestidad de conducta y por sus objetivos
sociales no fueron
"funcionales" al modelo impuesto por
los Estados Unidos para nuestro
continente.
Su último discurso, cuando el golpe de Estado ya
estaba en marcha, define
a este gran dominicano: "Ni vivos ni muertos,
ni en el poder ni en la
calle se logrará de nosotros que cambiemos
nuestra conducta. Nos hemos
opuesto y nos opondremos siempre a los
privilegios, al robo, a la
persecución, a la tortura. Creemos en la
libertad, en la dignidad y en el
derecho del pueblo dominicano a vivir y a
desarrollar su democracia con
libertades humanas pero también con justicia
social".
En esta época de falsas libertades perdurables y
de líderes de cartón,
debemos --más que nunca-- cultivar la memoria de
nuestros maestros. Juan
Bosch es uno de ellos.
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