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¿Y Sandino?


Jaime Barba


Niquinohomo fue hace un poco más de una década pueblo famoso. Allí nació
Sandino.
He ido en busca de su casa (supongo que museo) y me han dicho:
- Museo ya no hay.
-¿Qué se hizo? -interrogo con cierto estupor.
-Preguntále a Daniel o a la Chayo que es la que se llevó todas las
chochadas.
-¿Y por qué desmantelaron el museo? -insisto.
-A saber para qué vergas.
Llego a una casa donde hay varias placas que indican la filiación familiar
o la dignidad profesional o simplemente el pundonor pueblerino. Pero me
equivoco, porque sólo es una casa particular de los Avendaño Sandino, que
de algún modo muestran su otrora ilustre apellido.
Pregunto al vecino inmediato de los Avendaño Sandino por la casa de
Augusto C. Sandino. «Se llevaron las cosas que tenía y están allá en
Managua, cerca del malecón», me dice. Indago acerca de homenajes a Sandino
o actividades similares y el vecino niquinohomeño riposta: «Daniel, en
campaña, es el que viene a echarse chagüites». Muestro una inconfundible
cara de indignación, no por lo que dice del eterno candidato presidencial
del Frente Sandinista de Liberación Nacional, sino por el manoseo
constante de una figura como Sandino que debería dar luz y no servir de
ungüento. Claro, mi rostro compungido parece que le resulta incomprensible
al vecino de Niquinohomo.
Abordo a otro niquinohomeño y me comenta, sin sobresaltos (hasta alegre y
convencido), que el museo lo han convertido en biblioteca «y ahora los
chavalos hacen investigaciones y eso.» Me parece una mejor respuesta.
¿Pero estará allí por lo menos el Pensamiento Vivo de Sandino que compiló
Sergio Ramírez y los otros libros sobre Sandino que se han publicado? Digo
pues, para que no les den cuentos de camino real a las nuevas
generaciones. Pero eso lo sabré cuando llegue a la casa referida, que por
fin he averiguado que queda frente al parque.
Arremeto y vuelvo a preguntar a otro vecino, pero ahora al costado sur del
parque, si existe algún pariente directo de Sandino en Niquinohomo «Es
correcto, hombré, andáte cuatro cuadras derecho, dos al lago y una abajo.
Frente a donde se hacían nacatamales». Es una señora, pero no sabe cómo se
llama. Es hermana de Sandino, creo escucharle. Pero no me parece que sea
cierto eso. Hago cálculos mentales que le manifiesto a mi improvisado
interlocutor. Entonces corrige: es la hija. ¿Cuál?, quiero interpelarle,
pero el hombre me ataja y busca otra respuesta: sobrina. Al constatar que
estoy con el ceño fruncido, termina sin convicción con unas palabras más
etéreas aún: algo ha de ser, jodido.
Me entristece, en verdad, este abandono de la persona que dio sentido
profundo en Nicaragua a la palabra dignidad hace más de sesenta y cinco
años. Olvidar a Sandino sería como ignorar a José Martí.
Sigo todavía al costado sur del parque, pero ahora hablo con un muchacho
(no creo que tenga más de veinte años) que se acerca muy atento a ver qué
busco, y atisbo que se da cuenta que estoy tomando apuntes y supone
(supone bien) que pondré algo de lo que me diga. Me quejo con él porque no
veo rótulos que indiquen la ubicación exacta de la casa de Sandino y
agrego que es más visible la Primera Iglesia Evangélica de Niquinohomo-El
Edén-Convención Centroamericana. El muchacho de Niquinohomo -que no
Sandino-, me dice con entusiasmo que lo que sucede es que están
rehabilitando la casa y que cuando esté terminada traerán las cosas y
volverá el museo y no sé cuantas linduras más. No le creo.
Continúo buscando. Antes de colocarme al costado occidental del parque
pasa un hombre viejísimo arrastrando su cuerpo. Va diciendo cosas, como
para su alter ego. Se me ocurre pensar que a lo mejor es Sandino que anda
de incógnito, pero eso querría decir que Sandino no fue asesinado por
orden del primer Somoza en 1934. Entonces, me vienen a la mente algunas
lecturas sobre la gesta del Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua
encabezado por Sandino que durante todos estos años he realizado, incluido
el libro que Somoza mandó a editar después de la artera traición al
proceso de paz; libro, por demás, de título sugerente (Sandino o el
calvario de Las Segovias) que nunca se publicó en los años ochenta, no sé
por qué razón, porque de lo que se trata es de conocer todos los ángulos.
En seguida me asalta otro recuerdo: la conversación que tuve hace unos
años con la directora del Instituto de Historia de Nicaragua que se
encuentra dentro de la Universidad Centroamericana, y que escuchó con
absoluta incredulidad (y quizás hasta con cierto dejo de fastidio) mis
señalamientos respecto a nuevos hallazgos acerca de la zaga de Sandino. Y
es que la investigación sobre ese período no ha terminado. Le dije a ella
con absoluta franqueza que no era una intuición sino una corroboración
fáctica, es decir, que al construir la cronología del quehacer de Sandino
y su gente sacada de los periódicos salvadoreños de la época, no era
difícil esbozar nuevas hipótesis. En fin, eso es lo que me cae de golpe
mientras hablo con los niquinohomeños de 2001.
Atrancas y barrancas pues, llego a la que fue casa de Sandino. ¿Y cómo la
vi? En ruinas, así como está la carretera vieja a León o la carretera de
El Guasaule a Chinandega: con unos cráteres bárbaros. Si la están
componiendo esa casa, casi la van a hacer nueva. Pero en la lipidia que se
encuentra Nicaragua ¿habrá dinero para eso? Y en todo caso, ¿quién está
patrocinando esta supuesta reconstrucción?
No me parece que sea punto de honor tener o no un museo sobre Sandino.
Pero si había uno, ¿por qué lo quitaron? Me parece que la politiquería le
dio y le dio al monigote y ahora sólo queda un trapo en desuso.
Lo que escribo es un reclamo. Una queja. Sí, y no sin amargura. ¿Pero qué
otra cosa puedo decir frente a lo que constato? La culpa quizá la tiene,
pienso, Pablo Milanés quien -mientras escribo- chorrea melancolía con sus
hermosas canciones que hablan de un tiempo que pudo ser.
No quiero irme de Niquinohomo sin explorar un poco más. Abordo a dos
mujeres que van caminando despreocupadas a media calle. Una, la mayor,
enchancletada y quizá de no más de treinta y seis años; la otra, la menor,
pero de unos veintitrés años, con una falda corta y suecos. Morenas las
dos. La enchancletada responde con agilidad a mis peguntas, que giran
entorno a la cantinela de por qué quitaron el museo y eso. La de falda
corta no habla y me parece que ni le importa lo que ando indagando, porque
rápido se nos despega para irse a platicar con un flaco peludo tatuado que
está lengueteando un Eskimo doble de ron con pasas al otro lado de la
calle.
Sigo preguntando y me doy cuenta que la mujer enchancletada no sabe mayor
cosa de Sandino ni de su casa, pero sí de lo que pasa en Niquinohomo
porque me contó con lujo de detalles lo que sucedió con el cabildo más
reciente convocado por la alcaldía del lugar. Y no sólo eso: sacó no sé de
donde un resumen del informe que supongo le servirá en nuestro
convesatorio (como si supiera que nos encontraríamos). Por la forma de
argumentar me parece que tiene cierto nivel de educación. ¿Maestra de
primaria y ahora trabaja en Jinotepe en la cocina de alguna casa de cierto
rango? No me atrevo a peguntarle. Veo sus chanclas, y sus pies están más o
menos cuidados. Aura, me dice que se llama. Me dice que asistieron al tal
cabildo sólo cuarenta y cuatro personas (y la mayoría empleados públicos
gente de la alcaldía). Eso ya es un desastre, reflexiono para mí. El
informe que leyó el alcalde era, además, para parar los pelos: La alcaldía
estaba hasta los queques con las deudas heredadas de la administración
anterior y que tenían como acreedores al Instituto Nicaragüense de
Seguridad Social, la Empresa Nicaragüense de Telecomunicaciones y la
empresa de energía eléctrica DISSUR. Ahí estaba el grueso. Aura, al
verificar que me interesa lo que habla, ya con más soltura y apoyándose en
el resumen del informe que enarbola casi con fiereza sigue desplegándome
información. Continúa: El encargado de las finanzas de la Alcaldía de
Niquinohomo explicó que los ingresos durante el 2001 fueron de 1.290.860
córdobas y los egresos de 1.046.837 córdobas. Las deudas eran del orden de
los 116.000 córdobas, pero el saldo en bancos, al cierre de noviembre, era
de 3.725 córdobas.
El país en versión micro, pienso.Yo vengo a Niquinohomo por lo de la casa
de Sandino y me sale al paso esta digresión. Aura continúa con gran
soltura, lo que ahora es un discurso articulado, que no logro discernir si
tiene sazón liberal constitucionalista o sandinista. Me dice entonces que
los ingresos propios del municipio son un porcentaje bajo de los ingresos
totales: 353.328 córdobas, que además se van casi en su totalidad en pagar
al personal de la comuna. Estoy abrumado por lo que Aura me traslada. Aquí
sólo se puede irla pasando, le digo por toda respuesta. Pero hay un dato
que me interesa no dejar de mencionar y que la gente de la alcaldía lo
expresó sin tapujos. Y es que de las 2.402 propiedades que tiene el
municipio, sólo un porcentaje no muy alto paga en la tesorería municipal.
Y si a eso se le agrega el derrumbe de los precios internacionales del
café (Niquinohomo está situado en una amplia área cafetalera), pues la
cuesta se presenta empinada.
Le agradezco a Aura por la valiosa información, pero me disculpo y sigo
con lo que me ha traído a Niquinohomo. Reviso mis apuntes y evalúo que es
suficiente. Comienzo a salir. Pero un mensaje a un costado de la iglesia
católica de Niquinohomo me desconcierta: «Mirad que estoy a la puerta y
llamo». Sé que es del Apocalipsis (3:20), pero a mí se me antoja elucubrar
que quizás es una frase enigmática de las que hacía Sandino.
Continúo la retirada, pero capta mi atención un rostro grande de un hombre
gordo o inflado, no sé, que a un lado tiene una frase: Los niquinohomeños
votamos en la 21. Cuando he pasado varios metros ya de eso, recapacito y
caigo en la cuenta que eso que vi era de la campaña cuando Arnoldo Alemán
fue candidato presidencial y apachurró de nuevo las pretensiones del ahora
eterno candidato presidencial del Frente Sandinista de Liberación
Nacional, Daniel Ortega. Ni se imaginaba Alemán en aquellos años que
saldría este 10 de enero próximo con el rabo entre las patas.
Aún no salgo y tengo que pasarme rápido al otro lado de la calle porque un
beodo viene dando bandos contra medio mundo y como viene espadeando con su
machete, no vaya a ser que me cause un perjuicio
Estoy ya en las afueras y cojo la carretera que desemboca en Las Esquinas
y va quedando a mis espaldas lo único visible que hay de Sandino en
Niquinohomo: un muñeco de metal de tamaño familiar.
¿Y Sandino?, me pegunto mientras tanto.


Niquinohomo, 28 de diciembre de 2001.

La Insignia