
PORTADA-ARTICULOS-NOVEDADES-NUESTRA HISTORIA-LUCHA-MUSICA-ESPECIALES-CULTURA-PAISES
Italo Calvino habla sobre Ernesto "Che" Guevara
Todo lo que traté de escribir
para expresar mi admiración por Ernesto Che Guevara, por el modo
en que vivió y murió, me parece fuera de tono. Oigo su risa que
me responde, llena de ironía y conmiseración. Yo estoy aquí,
sentado en mi estudio, entre mis libros, en la falsa paz y en la
falsa prosperidad de Europa; dedico un breve intervalo de mi
tranquilo trabajo a escribir, sin ningún riesgo, sobre un hombre
que quiso asumirlos todos, que no acepto una paz ilusoria y
provisional, un hombre que pedía de sí mismo y a los otros el máximo
espíritu de sacrificio, convencido de que todo el sacrificio que
se evite hoy se pagara mañana con una suma de sacrificios todavía
mayor. Guevara es para nosotros este llamado a la gravedad
absoluta de todo lo que se refiere a la revolución y al futuro
del mundo, esta critica radical de todo gesto que sirva solamente
para tranquilizar nuestras conciencias.
En ese sentido continúa siendo el centro de nuestras discusiones
y de nuestros pensamientos, tanto ayer, vivo, como hoy, muerto.
La suya es una presencia que no pide asentimientos superficiales
ni actos oficiales de homenaje que equivaldrían a desconocer, a
minimizar el extremo rigor de su lección. La "línea del
Che" exige mucho de los hombres; exige mucho, sea como método
de lucha, sea como perspectiva de la sociedad que habrá de nacer
de la lucha. Frente a tanta coherencia y coraje en el llevar una
idea y una vida a sus ultimas consecuencias, mostrémonos ante
todo modestos y sinceros, conscientes de lo que significa la
"línea del Che" - una transformación radical no solo
de la sociedad sino también de la "naturaleza del hombre",
comenzando por nosotros mismos- y conscientes de lo que nos
separa de su ejecución.
La discusión de Guevara con todos los que se le acercaron, la
larga discusión que fue su no larga vida (discusión - acción,
discusión sin abandonar nunca el fusil), no se interrumpe con la
muerte, y se extenderá cada vez más. Incluso para un
interlocutor ocasional y desconocido (como podía serlo yo, con
un grupo de invitados, una tarde de febrero de 1964, en su
despacho del Ministerio de Industrias), el hecho de haber hablado
con él no podía quedar como un episodio marginal. Las
discusiones que cuentan son las que continúan después cuando
estamos solos. Desde lejos y en silencio yo he seguido
discutiendo con el Che durante todos estos años y, mientras más
pasaba el tiempo, más razón tenia él. Su vida y su muerte
ponen en marcha una lucha que nadie podrá detener.