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Gilberto Ramírez - Guerra sucia en Perú
¿Alguna vez se te has preguntado por qué un albañil o campesino que trabaja de sol a sol, vive en la miseria? ¿y por qué un empresario o gobernante que no produce nada, vive con grandes lujos?
Seguramente has visto o vivido cómo millones de trabajadores sufren a diario sus precarias condiciones de vida; has visto o vivido cómo mientras cosen pantalones para una empresa, apenas visten; cómo construyen casas y escuelas, pero rentan a falta de vivienda propia y no asisten a la escuela ni ellos ni sus hijos; cómo por más que se esfuerzan no alcanza el dinero para vivir decorosamente. Pues hace falta la pregunta más importante: ¿por qué prevalece esta situación aun cuando la mayor parte de la población mundial no la acepta? Y la respuesta es sencilla: por la violencia propia del sistema en que vivimos.
La violencia acompaña al capitalismo desde que éste era tan solo un feto, es parte de él desde que surgió, arrebatando a la fuerza y por medio del terror, sus tierras a millones de campesinos, y obligándolos, en base a la promulgación de leyes, a trabajar en las fábricas de las ciudades o en las parcelas del campo, pero siempre para la creciente clase capitalista y no para ellos mismos. Desde que esto sucedió, los trabajadores se han visto obligados a trabajar para enriquecer a los patrones y no se les paga más que una mísera parte de la riqueza que ellos mismos han generado; y por otra parte, los capitalistas se enriquecen a costa del trabajo ajeno, de trabajo que ellos no han realizado y por ende, de riqueza que no han producido... así funciona nuestro democrático sistema capitalista. Y actualmente, con la llamada globalización neoliberal, esto se agudiza, profundizando la explotación, el desempleo y la pobreza de millones de seres humanos.
Pero claro que hay quienes nos oponemos a todo lo anterior, por supuesto que hay quienes luchamos para que la humanidad viva en mejores condiciones de vida, con empleo, vivienda, educación y salud asegurados. En cada país, en cada región del mundo hay miles de personas que hacen todo lo que en sus manos está para que así sea... pero el régimen en que vivimos también sabe defender sus intereses, y lo hace de manera decidida, muestra de ello es el saldo de la guerra sucia que prevalece en Perú desde hace varios años:
Actualmente viven en cárceles de Perú más de 2 mil cien presos políticos y de conciencia (de 3 mil 800 que eran hace aproximadamente 8 años), hay más de 5 mil desaparecidos políticos y 700 mil desplazados (gente que es obligada a huir de sus casas por amenazas del gobierno) y lo más indignante: más de 25 mil asesinados por motivos políticos, todo esto en los últimos 15 años aproximadamente. Pero estos datos no son casuales, se trata del resultado del llamado "combate al terrorismo" impulsado por el gobierno peruano para exterminar a todos los disidentes, a todos los luchadores sociales y a todas las organizaciones democráticas populares.
Para enfrentar a sus opositores, los gobernantes han promulgado leyes "antiterroristas" que consisten en lo siguiente: por realizar acciones armadas contra el gobierno, la condena es de cadena perpetua; por colaborar con terroristas (darles de comer, alojarlos, etc.) la condena es de 20 años de prisión; y por hacer "Apología del Terrorismo" la condena es cadena perpetua.
"Apología del Terrorismo" es un delito adjudicado a todos aquellos que promueven el terrorismo, sobre todo profesores o estudiantes, esto significa que nadie puede hablar de la lucha social, ni en las aulas universitarias ni en las calles, porque se corre el riesgo de vivir en prisión durante 20 años o incluso toda la vida. Si alguien reparte un volante en la calle o hace una pinta en contra del gobierno, es considerado terrorista o si un abogado o familiar defiende a un acusado por las leyes "antiterroristas" puede ser culpado de hacer "apología del terrorismo". Es por ello que ni las organizaciones no gubernamentales nacionales, ni las extranjeras pueden apoyar a los inculpados por estas absurdas leyes, porque pueden ser consignados por ellas mismas.
Pero esto no es todo: según las leyes, todo lo correspondiente a la lucha "antiterrorista" está bajo la jurisdicción militar, los acusados son condenados por jueces militares y encarcelados en prisiones militares. Estos jueces, junto con los testigos son sin rostro, esto quiere decir que están ocultos, el condenado no podrá saber nunca quien lo juzgó, ni quien lo acusó. Además, se estipuló que cada abogado sólo puede defender a un solo procesado, con lo cual el gobierno obliga a que todos los supuestos terroristas a ser defendidos por jueces de oficio. A consecuencia de ello todos resultan ser culpables.
Las Asociaciones Defensoras de los Derechos Humanos declararon que ellas "sólo defienden inocentes" y como bajo el método de consignación no se declara inocente a nadie, estas asociaciones no defienden a nadie. La única manera de salvar el pellejo es bajo las llamadas "leyes de arrepentimiento" que son premios a los delatores, estas leyes complementan las antiterroristas y consisten en la reducción de la pena a la mitad a todos los que se entreguen por su propia voluntad o remisión de la pena (libertad absoluta) a los que proporcionen información importante para desmembrar el terrorismo (la lucha social)
En la Universidad de San Marcos, hace apenas 10 años, estudiaban alrededor de 100 mil estudiantes, y actualmente sólo lo hacen 30 mil, siendo que la población de Lima, en Perú, es de más de 9 millones de habitantes, esto habla del enorme rezago educativo que prevalece en ese país; además, en la Universidad no hay actividad política alguna, es muda, no condena ni descubre nada. Buen resultado de las leyes y la guerra de contrainsurgencia.
Actualmente, por la presión ejercida al gobierno peruano, se ha creado una "Comisión de la Verdad" para que investigue la situación a fondo, pero esta comisión, en manos del mismo gobierno, ha declarado que servirá, no para encontrar y castigar a los ejecutores físicos e intelectuales de la guerra sucia, sino por el contrario, para "investigar las atrocidades que cometió el terrorismo y algunos agentes del Estado".
Perú es uno más de los países intervenidos por el gobierno de Estados Unidos. Actualmente aviones norteamericanos sobrevuelan la selva peruana, como ha sido desde hace mucho tiempo, y las dos administraciones, la peruana y estadounidense, tratan de concretar un proyecto "cívico-militar" llamado "Plan Nuevos Horizontes". Con este plan se pretende llegar hasta la guerrilla peruana, que se encuentra en las profundidades de la selva, para destruirla y construir una base militar que, junto con la base militar que ya tiene y opera en el Ecuador, pueda cercar a la rebeldía Colombiana y en un futuro poder derrocar a el gobierno del presidente Chávez en Venezuela.
Para concretar el "Plan Nuevos Horizontes" que se planeó del 1º de Mayo al 1º de septiembre del 2002, han comenzado por engañar a la población, diciendo que éste servirá para ayudarlos. Se anunció como un plan para proporcionar servicios médicos a personas y animales de la selva peruana por parte de EU, y su Guardia Nacional haría, además, trabajos de ingeniaría civil, salud y servicios públicos, con construcción de carreteras, pistas, etc.
El "Nuevos Horizontes" tendrá una inversión inicial de 880 mil dólares, y comenzará construyendo 6 escuelas, 4 pozos y una clínica, ya llegaron a Perú varios yips y aviones Galaxy 6.5, además de 3 helicópteros "Halcón Negro" y algunos generadores.
Este proyecto ha sido suspendido por la fuerte presión de la población, incluso el presidente de Perú, Alejandro Toledo, ha tenido que declarar que él no sabía nada, pero ya la prensa dio a conocer un contrato que EU le entregó al mismo presidente peruano, desmintiendo su versión de desconocimiento total del plan.
Así las cosas en este país sudamericano, las leyes y la lucha "antiterrorista", así como el "Plan Nuevos Horizontes" no son más que la profundización de la guerra sucia y de contrainsurgencia en contra de los luchadores sociales, las organizaciones democráticas y pueblo en general, por parte del gobierno peruano y norteamericano.
En México, con la lucha popular, hemos podido parar muchos proyectos neoliberales que atropellan nuestra soberanía y libertad; cientos de organizaciones sociales mantienen una férrea defensa de los derechos del pueblo, ahí están los maestros de Michoacán, los colonos del FPFV, los campesinos de San Salvador Atenco y los estudiantes del CGH. La UNAM no ha podido ser acallada, los estudiantes nos hemos opuesto constantemente a la privatización de la educación y lo vamos a seguir haciendo, porque la universidad sin crítica no puede cumplir su verdadera función: servir al pueblo.
Aun así, todos tenemos mucho por hacer, liberar a los cientos de presos políticos que tenemos en nuestro país, y terminar con la explotación, la pobreza y el desempleo, creando una nación justa e igualitaria.
Ellos, los gobernantes, dicen que la violencia proviene de la lucha organizada, nosotros les contestamos que ya nos estamos cansando de su constante violencia económica, política y social.