El
siglo perdido de América Latina
POR MARELYS VALENCIA de Granma
Internacional
TERMINARON los años 80 y 90, pero las mejorías
a América Latina no llegan, tampoco en la economía.
¿Qué ha sucedido con las mágicas medidas
"estimuladas" por el FMI y el Banco
Mundial? Desde que las políticas de ajuste se
abrieron paso como condición para recibir la
ayuda del mundo industrializado a principios de
la década del 80, el contrasentido y la
incertidumbre reinan en la región.
El diseño por los organismos monetarios
internacionales de las estrategias económicas de
cada país subdesarrollado, sin importar sus
particularidades, la privatización a ultranza,
entre otros tantos condicionamientos como la
reducción de gastos sociales, no han dejado otro
saldo que el fracaso. La deuda externa a la
que no se le reducen los gastos por pago de
intereses, considerada la verdadera catástrofe
de los 80, hoy es una más de las múltiples
presiones.
Sólo la "deuda eterna", como le llama
el premio Nobel de la Paz, el argentino Adolfo Pérez
Esquivel, le costó al continente entre 1982 y
1990 unos 388 000 millones de dólares en pago de
intereses y otra cifra similar por las
amortizaciones, que en total significaron 773 000
millones.
Más que un círculo vicioso parece un ciclo
infernal, pues lo mejor de todo este asunto es
que la ayuda recibida por América Latina de los
"condescendientes" países
industrializados sale conforme entra con el pago
de los consabidos préstamos. El asunto no
termina ahí. En 1970, la Asamblea General de
Naciones Unidas estableció que las naciones
ricas asignaran el 0,7 por ciento de su PIB a la
ayuda a los países en desarrollo. Actualmente, sólo
Dinamarca, Holanda, Noruega y Suecia han
alcanzado o sobrepasado la marca. Sin embargo,
Estados Unidos, el que impone las reglas
autodestructivas a las naciones pobres, se
encuentra entre los conflictivos. LA JERARQUIA
DEL DOLAR
El paquete neoliberal fracasa. Después de abrir
los mercados a los artículos de las
transnacionales, dejar entrar y salir libremente
el capital financiero con la venta de las
industrias a los grandes consorcios extranjeros y
al reino de la especulación, la nueva "onda"
viene por la adopción del dólar como moneda única
en el mercado interno, con resultados que las
depauperadas condiciones sociales de esas
naciones no parecen aguantar.
Panamá acogió el dólar hace varias décadas,
debido a determinadas circunstancias históricas,
entre ellas, la influencia del capital
norteamericano en su economía. En Uruguay, la
divisa estadounidense funciona para fijar los
precios de autos e inmuebles, mientras la moneda
nacional se emplea para el resto de las
transacciones y en la cotidianeidad. Pero estos
dos casos no pertenecen al "ajuste"
actual en América Latina.
Se dice que el sucre signo ecuatoriano
se convirtió en la primera víctima monetaria de
la globalización en América. El ex presidente
Jamil Mahuad, en medio de la crisis inflacionaria
del país, dispuso el sistema de la dolarización.
Sin embargo, al decretarse la medida en enero del
2000, ya el sucre había muerto. El billete de un
sucre había desaparecido por su valor nulo en el
mercado, tanto que varias generaciones de
ecuatorianos lo desconocen, al emplearse las
monedas de 100 y los papeles de 1 000 a 50 000.
¿Qué sucedió en Ecuador? La dolarización llegó
en medio de una crisis espantosa. El Banco
Central emitía dinero sin respaldo, y en vez de
llevar a cabo una política de saneamiento,
comenzó a prestar. En enero del 2000 el proceso
era insostenible. El cambio monetario subió a
los cielos. En pocos meses, llegó a 25 mil
sucres por un dólar, situación que dejó al país
en el descalabro. Si la inflación en 1999 llegó
a 66%, el 2000 cerró, según cálculos
preliminares, con 96,6.
Para los trabajadores y otros sectores, no se
trata de una moneda u otra, sino de su implicación:
la pérdida de soberanía, ante la dominación
norteamericana que lleva al dólar como escudo y
lanza a la vez.
El ajuste neoliberal sigue fijando sus ataduras a
los servicios sociales y de este tema entiende
muy poco una moneda extranjera.
La moneda estadounidense funciona en Argentina
desde 1991, según un sistema denominado Caja de
Conversión. La cantidad de pesos que circulen en
el territorio nacional tiene que estar equiparada
con la de dólares en el Banco Central. Esta
situación se traduce en la dependencia del signo
nacional de los vaivenes de los inversionistas
extranjeros o de la situación internacional.
Los especialistas han advertido que la adopción
del dólar implica la supeditación a las
directrices de la Reserva Federal de Estados
Unidos, pues el banco local pierde el control de
la política monetaria, su función de regulador
dirigida a garantizar el control de la inflación
y la estabilidad de la moneda.
En Argentina, denunció hace poco Pérez Esquivel,
el patrimonio popular se ha vendido, el
analfabetismo creció y el 54% de la población
infantil no concluye los estudios primarios. Más
de 50 niños mueren cada día por hambre. Según
el economista Jorge Bernstein, la aplicación del
neoliberalismo en este país triplicó la deuda
externa de 60 000 millones a 180 000 en menos de
dos décadas.
La tasa de desempleo en el país andino se ubicó
en 14,7 en octubre y la subocupación en 14,6,
quiere decir que 3,9 millones de personas
afrontan una crisis aún insoluble.
La globalización neoliberal parece engrandecer
únicamente las riquezas de las transnacionales.
Sus ganancias superan el PIB de países como El
Salvador, uno de los más pobres del mundo.
Ramón Muñoz, especialista del Banco Central de
Cuba, explica a Granma Internacional que este
proceso, en primer lugar, implica la pérdida de
la política monetaria nacional. "En
Argentina hicieron hasta fiestas porque EE.UU.
bajó las tasas de intereses, pero fue porque les
hizo falta, no porque las economías
latinoamericanas necesitaran la reducción".
Otra desventaja de la dolarización es la pérdida
de competitividad de las exportaciones que se
encarecen. Desaparece, además, el prestamista de
última instancia, pues los bancos nacionales no
pueden efectuar préstamos; las matrices de los
bancos extranjeros radicados en el país asumen
esa función.
Centroamérica parece inclinarse por el mismo
camino del dólar, y estudia su posible
introducción, estimulada por El Salvador. A
nueve años de suscribirse el acuerdo de paz bajo
la verificación de la Organización de las
Naciones Unidas (ONU), este país vive una
agitación política y social por la rechazada
ley de dolarización que entró en vigencia el
primero de enero pasado, publicó recientemente
la agencia de noticias Notimex. El Frente
Farabundo Martí, representado en el Congreso por
31 de los 84 diputados, es el principal opositor
de la Ley de Integración Monetaria (LIM) que
aprobó la circulación legal de la moneda
estadounidense en territorio nacional el 30 de
noviembre anterior.
El rechazo a la medida que sustituyó al colón,
la moneda nacional, por el dólar ha motivado la
movilización social en las calles con el apoyo
del Frente para defender lo que llaman "nuestra
soberanía".
Después de transitar por varios decenios oscuros,
huracanes civiles y ambientales no dejan
levantarse a la depauperada economía.
El desastre de la pobreza en América Latina pasa
primero por la infancia: se estima que de los 224
millones de pobres, 95 millones son niños.
UNICEF llamaba a combinar el ajuste económico
con el social, pero los oídos de las
deterioradas economías latinoamericanas
entienden recorte en el orden presupuestario.
Una revista europea, al analizar el fenómeno,
decía que ésta podía ser la primera generación
perdida del XXI o convertirse en la última
generación perdida del XX. Ojalá nuestros
sucesores no tengan que hacer semejantes
conclusiones cuando concluya el siglo que recién
comenzamos.
EN CUBA SE CREAN CONDICIONES PARA QUE LA MONEDA
NACIONAL DESPLACE AL DOLAR DEL MERCADO INTERNO
En el mundo, muchas personas se cuestionan la
introducción del dólar en el mercado interno
cubano. Pero la situación acá dista en
procedimientos, resultados y objetivos de lo que
sucede en el resto de América. En Cuba explica
Ramón Muñoz ha sido una medida
circunstancial, una necesidad objetiva dadas las
condiciones de la economía a principios de los
90, que se vio en un corto período de tiempo sin
el 80 % de su mercado. "¿Qué les habría
sucedido a los ecuatorianos si de pronto se
vieran ante situación? Habrían desaparecido",
apunta el especialista.
El proceso en el país comenzó con la
liberalización de la divisa. Poco a poco se
fueron ampliando las ofertas en el mercado
interno en moneda nacional y en dólares; se
estimuló la inversión extranjera directa, de
manera selectiva, mediante la creación de
empresas mixtas con la participación del capital
cubano, en sectores donde se aportaran nuevos
mercados; y se tomaron medidas con el fin de
sanear las finanzas internas y reducir el déficit
fiscal.
El ajuste no fue impuesto por organismos
financieros internacionales, ni concibió un
programa de choque. Se mantuvieron los bajos
precios del gas, telefonía y electricidad, y la
gratuidad de los servicios públicos de salud y
educación; tampoco se lanzó a ningún
trabajador a la calle. Otro asunto de suma
importancia es que alrededor del 90% de la
población es propietaria de su vivienda. Estas
particularidades reflejan las diferencias
esenciales entre las estructuras de consumo en
Cuba y el resto del continente. Es muy difícil
encontrar una persona en otro país que gaste un
dólar en electricidad o 50 centavos en tarifa
telefónica, cifras que obtenemos si realizamos
la conversión de moneda nacional al dólar, según
el cambio que opera en el mercado interno cubano,
20 a 1.
En menos de siete meses, luego de aquellas
primeras medidas en 1993, el peso cubano se
revalorizó siete veces.
Los cubanos continúan pagando los servicios
elementales y la canasta básica subsidiada
por el Estado en moneda nacional, pues los
salarios también se mantuvieron en este dominio.
En los espacios donde rige la ley de la oferta y
la demanda los precios se establecen por el patrón
de cambio interno. De ahí que varios productos
mantengan cifras inaccecibles para algunas
personas como sucede en la red de mercados
agropecuarios, donde una libra de carne de cerdo
o de carnero cuesta 25 pesos.
Si se valora que el salario medio en la
actualidad es de 198 pesos, resulta alto el costo
de los alimentos en las tiendas que operan en
divisas (un litro de leche por encima del dólar).
Por la canasta básica se suministra a los núcleos
familiares una cuota de productos de aseo y
alimenticios imprescindibles (granos, azúcar,
huevos, sal, viandas y se alternan los cárnicos)
a un costo mínimo en moneda nacional. La leche
se les garantiza a los niños hasta los siete años,
y a las personas con dietas médicas.
"Cuba no pretende estimular la dolarización,
sino crear condiciones para que la moneda
nacional desplace al dólar del mercado interno",
afirma Muñoz. Mientras, la continua recuperación
de la economía cubana parece respaldar tales
propósitos. |
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