| El golpe contra Chávez
y la ofensiva imperialista en América Latina El golpe civico-militar
que derrocó a Chávez debe interpretarse en el
marco de la extraordinaria ofensiva imperialista
en América Latina.
Reune todas las características de un golpe cívico-
militar clásico: una larga e insidiosa campaña
de los
medios de comunicación privados manipulando a la
opinión pública , la embajada norteamericana
conspirando desembozadamente, la burguesía local
alentando la rebelión con desabastecimiento y
fuga de capitales y la fracción liberal de las
Fuerzas Armadas consumando la embestida final.
Como telón de fondo, las clases medias
acomodadas y culturalmente colonizadas
proporcionandole una base "popular" al
golpe.
Una reproducción exacta de los sucedido en Chile
en 1973 y en Argentina en 1955.
La era de las "democracias coloniales"
se acerca aceleradamente a su fin a remolque de
la crisis económica y social que desintegra a América
Latina. Se abre una etapa de represión y
militarización creciente, encubierta tras la
lucha contra el "terrorismo". El
sistema oligárquico-imperialista vuelve a sus métodos
clásicos de dominación: el golpe civico-militar
combinado con el neoliberalismo ortodoxo de los
gurúes del gran capital.
Se desvanece la ilusión pequeño-burguesa de
conquistar la democracia sin alterar el régimen
de explotación y
sometimiento nacional al imperialismo.
El Departamento de Estado en la era guerrerista
del clan Bush no puede tolerar un gobierno patriótico
en
Venezuela, una situación explosiva en Colombia,
la perspectiva del triunfo electoral de Lula en
Brasil y una atmósfera semi-insurreccional en
Argentina. En este marco hay que entender lo de
Venezuela.
Sea como sea, lo ocurrido allí deja una enseñanza
inequívoca. Es imposible ir a fondo en un cambio
social sin arrancarle el poder económico a la
mafia de oligarcas, usureros y grandes
empresarios que controlan el poder real. De igual
modo un gobierno revolucionario que desee
sobrevivir a la arremetida de enemigos con un
inmenso poder, debe democratizar la información
expropiando a las mafias mediáticas privados que
controlan la opinión pública. El aparato
propagandístico debe estar al servicio de la
revolución y no de la contrarevolución. No hay
"derecho de propiedad" que justifique
el engaño y la conspiración descarada.
Chávez no pudo avanzar en esa línea y los
resultados están a la vista.
Pero es imposible contener la protesta social en
una América que se desangra. Esa es la quimera
irrealizable de los enemigos de la democracia y
la emancipación nacional.
Tomado de Chile Vive
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