El
acoso a Chávez, un plan reconocible
Editorial Gara
La población venezolana estaba llamada
antesdeayer (11/12/01) a un paro, cuya incidencia
real en todo el país y no sólo en la capital
es aún difícil de evaluar porque
resulta complicado encontrar informadores
imparciales toda vez que el propio
Bloque de Prensa, la organización que agrupa a
los principales propietarios de
medios de comunicación, se encuentra entre los
convocantes de la protesta, que
partió de la Patronal (Fedecámaras) y a la que
después se sumó la dirección de
la mayor federación sindical (Confederación de
Trabajadores Venezolanos). El
origen del llamamiento a la huelga es la
promulgación, entre 49 decretos-ley, de
la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario, que
establece la expropiación de campos
sin cultivar y su entrega a campesinos, y de la
Ley Orgánica de Hidrocarburos,
que eleva la tributación de las empresas
extranjeras del sector del 16% al 30% y
que reserva al Estado el 51% de las acciones de
las sociedades mixtas. La
práctica política de Hugo Chávez, como puede
desprenderse del contenido de estas
leyes, no encaja con la mentalidad de los grupos
empresariasles venezolanos ni
con las propuestas del Fondo Monetario
Internacional.
La historia no suele repetirse, pero los planes
que en su día resultaron
exitosos suelen ser copiados por quienes tienen
idénticas pretensiones. En
Venezuela encontramos hoy un presidente incómodo
para los poderosos, que suelen
tener los medios suficientes para hacer creer que
sus intereses son los
intereses generales; una Patronal dispuesta a
movilizarse para defender sus
beneficios; una confederación sindical cuya
dirección aparece vinculada a los
partidos de la oposición en el poder hasta que
llegó Chávez y que
históricamente ha manejado importantes resortes
de poder y financieros sin un
sistema representativo de elecciones internas y
con escasa transparencia (El
último proceso de elección de la dirección de
la CTV, a la que se impuso un
método más democrático, acabó con la «pérdida»
de 22.000 actas y la consiguiente
acusación de fraude por parte de los candidatos
bolivarianos); y una prensa
aliada con los grandes propietarios. A ello debe
sumarse la incomodidad que
sienten las compañías estadounidenses con
intereses en Venezuela por tener que
pagar más por los réditos que extraen del país
y la preocupación de las más
altas instancias políticas por el peligro de
contagio que puede suponer en todo
el área que la práctica de Chávez que puso
patas arriba el entramado
institucional venezolano y que ha sido
reiteradamente refrendado por el
electorado acabe teniendo éxito. La situación
de Venezuela se asemeja a otras
páginas de la historia ya escritas en Sudamérica.
Cabe esperar que en esta
ocasión la narración no tenga el mismo trágico
final.
|