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ALCA VS. MERCOSUR: ¿Comercio o Geopolítica?
Eduardo Rodriguez

A partir de la caída de los regímenes comunistas, la desintegración de la Unión Soviética y el surgimiento del mundo unipolar bajo el poder económico y militar de los Estados Unidos, el gobierno de este país emprendió la reformulación del lenguaje de su estrategia de seguridad nacional. Ya no es el "peligro comunista" el punto central o, en todo caso, el justificativo para las acciones de intervención política y militar en los países extranjeros que no se alínean con los dictados de Washington. Las "amenazas" que ahora se mencionan como de importancia prioritaria para ese país son, según el asesor en materia de seguridad nacional del pasado gobierno Clinton: "el terrorismo, la proliferación de armas de destrucción masiva, los conflictos étnicos y la degradación del medio ambiente" , a lo que se puede agregar la cuestión del narcotráfico. Todos ellos son problemas que, de acuerdo con la óptica de los Estados Unidos, están ubicados o tienen su origen en países del Tercer Mundo.
Al mismo tiempo, los escritos del gobierno norteamericano coinciden en señalar una situación por demás crítica para estos países. Según el director del Instituto de Investigaciones Estratégicas del Colegio Militar de los Estados Unidos: "El pronóstico a largo plazo para el Tercer Mundo no es prometedor. Una confluencia de tendencias políticas, económicas, de salud, ecológicas, sociales y de seguridad es portadora de peligro, quizás incluso desastre". Señalando la posibilidad de una reversión de los procesos de democratización de los últimos años: "En tanto las naciones del Tercer Mundo se tornan ingobernables y los regímenes democráticos se muestran incapaces de enfrentar las crisis ecológicas, el crecimiento poblacional, el estancamiento económico y los nuevos problemas de seguridad, muchos caerán en el autoritarismo y el extremismo carismático...En su forma extrema, la ingobernabilidad genera 'Estados quebrados' caracterizados por un declinante o inexistente orden público, creciente violencia interna, estancamiento económico y deterioro de la infraestructura."
Por las repercusiones que todo ello tiene en los propios países desarrollados, y ante la necesidad de asegurar la estabilidad política que permita mantener los extremos niveles de explotación económica a que hoy se ven sometidos los países del Tercer Mundo -recursos naturales, mano de obra barata, ganancias extraordinarias a través de mercados locales controlados monopólicamente, maniobras de especulación financiera-, los escritos estadounidenses sobre seguridad nacional señalan que "...con el fin de la guerra fría, el Tercer Mundo se volvió la pieza central de la estrategia de seguridad nacional norteamericana." Y si bien regiones como el Medio Oriente por sus recursos petrolíferos son importantes para Estados Unidos, la situación por la que están atravesando los países de Latinoamérica tiene un significado prioritario, sobre todo dada la presente tendencia a la conformación de bloques económicos a nivel internacional, dentro de la cual Europa Occidental se adjudica las áreas del ex bloque comunista de Europa Oriental y Africa, y Japón el sudeste asiático, por lo que "El futuro de los Estados Unidos yace en una más estrecha cooperación política e integración económica con el Hemisferio Occidental."
Pero el diagnóstico que se hace sobre esta región no es de menor gravedad que el señalado para el conjunto de países del Tercer Mundo. En recientes declaraciones a la prensa, el director de la CIA expresó que "América Latina se vuelve crecientemente volátil al incrementarse el potencial de inestabilidad." Dentro de esta situación general son los países del Area Andina los que aparecen como los más conflictivos, con epicentro en la guerra en Colombia y cuyas repercusiones en los restantes países del área se suman a los propios problemas internos de estos últimos -Ecuador, Perú, Bolivia y Venezuela, sacudidos por recurrentes crisis de carácter económico y político. Una guerra en la que se observa el creciente involucramiento de los Estados Unidos, si bien hasta ahora en forma indirecta a través de los Boinas Verdes que están entrenando al ejército colombiano, de la ayuda militar y de la contratación de auxiliares civiles y militares.
Para hacer frente a esta situación los Estados Unidos promovieron el llamado Plan Colombia, presentado como una acción dirigida al combate al narcotráfico pero que muestra en forma cada vez más clara su verdadero sentido de guerra contrainsurgente. Junto a la entrega de armas y entrenamiento militar por parte de asesores norteamericanos, el Plan Colombia es acompañado por la creciente presencia de fuerzas militares de los Estados Unidos en Centro y Sudamérica, como ocurre con la instalación de la base de Manta, en Ecuador, conectada con las bases de Aruba y Curacao, islas cercanas al litoral venezolano, y con otras bases de los Estados Unidos en El Salvador y Honduras, el reforzamiento de la Base de Tresesquinas y la ampliación de la pista de la base de Larandia, en el departamento de Caquetá, Colombia.
Esta situación pone a Estados Unidos en una posición en la que cualquier incidente más o menos grave puede desencadenar una vietnamización del problema, con posibilidades de extenderse más allá de las fronteras de Colombia. Es por ello que el gobierno estadounidense intenta "colectivizar" el Plan Colombia, es decir: "...preparar las condiciones para una eventual 'acción colectiva' con la participación de los países de América latina y, sobre todo, de los vecinos, en un tipo de intervención que tendría una apariencia de legitimidad en su propósito de una eventual 'defensa' o 'restauración' de la democracia en Colombia"
De tal forma, los Estados Unidos intentan aplicar en este caso la estrategia que viene observándose en otros conflictos militares en los que intervino este país: Irak, Yugoeslavia, Afganistán, después de la caída del bloque comunista y del fin de la Guerra Fría. La desaparición del argumento comunista dificulta la legitimación de las acciones militares de los Estados Unidos, por lo que desde los años 90 los estudios oficiales sobre seguridad nacional de los Estados Unidos recomiendan que las acciones de intervención militar en el exterior adopten un carácter "multilateral", mediante la participación de las fuerzas militares de otros países junto a las de los Estados Unidos, de forma tal que el ataque aparezca como efectuado por parte de una "Alianza" o directamente por la OTAN. Como escribió la ex Secretario de Estado M. Albright. "un agresivo multilateralismo" debe ser la "piedra fundamental" de la política exterior de los Estados Unidos.
La dificultad para Estados Unidos para llevar a cabo tal política en el conflicto colombiano reside en la inexistencia en el continente americano de una organización de carácter militar públicamente conocida y aceptada como la OTAN en Europa. Es por eso que desde los años noventa son recurrentes las propuestas por parte del gobierno de este país para formar este tipo de organización, como lo hizo la delegación estadounidense en la Asamblea General de la OEA de junio de 1999 "...para intervenir en conflictos internos que amenacen la democracia en los países de Latinoamérica...levantando la oposición de Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela." Sin embargo, los países de la región se oponen tanto a este tipo de organización y a su utilización para darle una salida militar al conflicto en Colombia, como al carácter militarista del Plan Colombia, apoyando en su lugar una salida negociada, puesto que el incremento de la guerra en ese país intensificaría el traslado de las actividades del narcotráfico y de la guerrilla a sus territorios, llevando a la regionalización del conflicto y, en definitiva, como de hecho ya está ocurriendo, al avance de la presencia militar permanente de los Estados Unidos desde Centro hacia Sudamérica.
En particular, es la oposición de los gobiernos de Venezuela y Brasil la que más se resiente en Washington. La orientación política del presidente Chávez y la extensa frontera con Colombia que haría de Venezuela el primer afectado por un desborde del conflicto pone a este país como uno de los principales opositores a la política belicista de Washington. En el caso de Brasil, este país comparte la preocupación de Venezuela por que la presencia militar de los Estados Unidos amenace la estabilidad regional, por lo que se opone tanto al Plan Colombia como a cooperar en términos militares formales con proyectos que impliquen a los Estados Unidos. Por otra parte, "Brasil también teme la perspectiva de la presencia de fuerzas armadas de los Estados Unidos en sus fronteras debido a antiguas sospechas acerca de las intenciones de los Estados Unidos en la región del Amazonas."
Frente a estas diferencias de carácter fundamentalmente político con los países de la región, los Estados Unidos buscan acelerar la vía de la integración económica como forma de someter a la región a sus políticas. Una integración que no puede ser más que subordinada, dadas las diferencias abismales entre las economías estadounidense y las del resto de países del continente. Y a partir de esta subordinación económica, que comienza con el TLC (Tratado de Libre Comercio Norteamericano) y continúa con el proyectado ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas), avanzar hacia la subordinación política y militar.
Además de los económicos, el primero de esos acuerdos, el TLC, muestra claros objetivos de política exterior de los Estados Unidos, como son asegurar la estabilidad política de México y consolidar su "nueva posición predominante pro-americana y de economía de mercado" puesto que a través del tratado "México adquirirá un amarre institucional de las reformas neoliberales", evitándose que "futuros gobiernos anulen los pasos de la liberalización", así como buscar solucionar problemas considerados ahora de seguridad nacional como medio ambiente y migración, y finalmente, a partir de mejorar su posición en la región, fortalecer la influencia de los Estados Unidos en el contexto internacional. Sobre este acuerdo el gobierno de los Estados Unidos ya avanzó en el plano militar: "El Pentágono estadounidense ha sostenido conversaciones con los ejércitos de Canadá y México para integrar un plan de defensa continental terrestre, aéreo y marítimo denominado comando de América"
Y en el mismo sentido se promueve ahora desde Washington la integración económica a nivel continental a través del ALCA, "una zona de libre comercio desde Alasca hasta Tierra del Fuego", aunque, como señala S. Schirm "La consideración del comercio de Estados Unidos con el conjunto de América Latina como motivo para la construcción del ALCA no es legítima, ya que la mayor parte de ese comercio lo efectúa con México. Por ello Latinoamérica ocupa el papel de demandante económico y debe consentir en las exigencias políticas." Con ello los Estados Unidos alcanzan "casi naturalmente un rol de dirección", utilizando al ALCA como "...un instrumento disciplinador frente a Latinoamérica para mantener el buen comportamiento de los Estados del subcontinente mediante la estrategia de 'mostrar la zanahoria' ("keep the carrot")."
Pero para lograr este objetivo los Estados Unidos "...deben evitar cualquier alianza entre naciones latinoamericanas que pudiera retar el dominio hemisférico de los Estados Unidos y que ninguna nación latina debe llegar a ser lo suficiente fuerte para lograr ese fin" Es por ello el Mercosur y sus fuertes relaciones comerciales con Europa, así como el papel de Brasil a través de este acuerdo como competidor con los Estados Unidos por la hegemonía regional lo que se presenta como un obstáculo para el proyecto de absorción de los Estados Unidos: "Brasil ve a Estados Unidos como su principal competidor por el liderazgo económico y político en Sudamérica. Brasil está decidido a expandir y consolidar el Mercosur y construir relaciones comerciales con Europa antes de negociar un acuerdo de libre comercio hemisférico con Estados Unidos."
Es en este sentido que algunos analistas ven la falta de apoyo del FMI y del gobierno de los Estados Unidos a Argentina, dejándola precipitar en la crisis que hoy está viviendo. Y si se afirma que el nuevo gobierno de los Estados Unidos ya no apoya rescates de países en bancarrota, "El problema de fondo es otro. El hundimiento de Argentina no serviría solamente como una especie de lección del poder del FMI sino que, además, asegura el hundimiento del Mercosur. Ello debilitaría de forma notable la capacidad de Brasil para negociar frente a Estados Unidos con respecto a su propuesta Area de Libre Comercio de las Américas. Puede recordarse que esta iniciativa fue lanzada originalmente por Bush padre cuando era presidente a fines del decenio de 1980. Sin embargo, esta política estadounidense aun no ha prosperado, en parte importante por la existencia del Mercosur." Y mientras se niega el apoyo a Argentina, "...el FMI sigue apoyando a Turquía...una pieza militar y política clave en el Medio Oriente en un momento de gravísimos conflictos y guerra en la región. Las bases estadounidenses (ahora de la OTAN) en Turquía aseguran que el flujo financiero siga llegando a Ankara. En cambio, Argentina no tiene importancia militar para la administración de George Bush." Por lo que su rescate fue "vetado" por el gobierno estadounidense, como lo declaró el presidente Bush el 15 de enero de este año.
En todo caso, frente a los intereses económicos, políticos y militares de los Estados Unidos, el cumplimiento de los condicionamientos en materia de política económica queda al margen para las autoridades del FMI. Algo similar ocurrió en la misma Argentina en los años de la dictadura militar, cuando el Fondo apoyaba plenamente a este país a pesar de que las inconsistencias de la política económica del régimen impedían cumplir con las recetas siempre impuestas por el Fondo. Eso provocó quejas incluso de otros países miembros del organismo a quienes sí se obligaba a cumplir con tales condicionamientos para recibir apoyo. Pero la dictadura y la "guerra sucia" que ella llevaba a cabo contaba con el apoyo de los Estados Unidos, y es la influencia determinante que tienen estos últimos sobre el FMI lo que en definitiva define sus políticas, debido a ser el país que paga la cuota más elevada y cuenta con un número proporcional de votos, y poder de veto, a la hora de tomar las decisiones.
El golpe al Mercosur afecta también a los capitales europeos, principales inversores en Argentina y Brasil en el sector financiero y al adquirir la mayor parte de las empresas privatizadas en los últimos años, además de ser Europa el principal socio comercial del Mercosur, por encima de los Estados Unidos. Convirtiéndose esta región en el punto a través del cual "...la Unión Europea pugna por ser un contrapeso comercial a la abrumadora hegemonía de Estados Unidos en el continente"
Esta no es la primera vez que los Estados Unidos se encargan de boicotear proyectos de unidad económica en el Cono Sur. En la primera mitad de los años cincuenta coincidieron en el gobierno de Argentina y Brasil las políticas nacionalistas de J. Perón y G. Vargas: "La colaboración política y económica de Argentina y Brasil -ahora conocida como Mercosur- dio sus primeros pasos a partir de un verdadero complot de los presidentes Juan Perón y Getulio Vargas. Ambos jefes de estado se respaldaron mutuamente, designaron delegados secretos de extrema confianza personal, intercambiaron discretos favores económicos y concluyeron sus gobiernos convencidos de que su intención de construir un eje regional entre los dos países había sido una de las causas de sus finales dramáticos: Vargas se suicidó en 1954 (ante el golpe de estado que lo quitó de la presidencia), Perón fue violentamente derrocado casi enseguida, en 1955" Ya entonces "la política exterior de Estados Unidos trataba de impedir la formación de un eje nacionalista contrario a sus objetivos económicos en el continente", al tiempo que el embajador británico en Brasil informaba a Londres que "Brasil, con Vargas en el gobierno, no será un dócil adepto a los planes económicos y militares de Estados Unidos."
Tras las repetidas negativas del FMI y del gobierno estadounidense frente a los pedidos de apoyo económico, el presidente argentino ya está respondiendo en el sentido esperado por Washington, y un funcionario de su gobierno acaba de declarar que "...hay estrategias geopolíticas que nos pueden dar buenos frutos", mencionando la posibilidad de dar "...un giro pro norteamericano en los casos Colombia y Cuba. En el primero, interviniendo en el conflicto local a pedido de George W. Bush. En el segundo, votando contra las pretensiones de Fidel Castro en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU." Tres días después otro periódico informa que "La Argentina ofreció a los Estados Unidos asistencia militar para el ejército colombiano en su lucha contra la guerrilla."