
PORTADA-ARTICULOS-NOVEDADES-NUESTRA HISTORIA-LUCHA-MUSICA-ESPECIALES-CULTURA-PAISES
Democracia Brasileña Enfrenta Obstáculos del Norte
RIO DE JANEIRO, BRASIL - En este basurero, escarbado en las colinas que rodean Río de Janeiro, Claudia de Andrade Burgo explica por qué planea votar por Lula, el candidato presidencial del Partido de los Trabajadores, en las elecciones brasileñas del 2002. "Él es del pueblo, de las clases más pobres. Es más probable que el Partido de los Trabajadores cree más trabajos. "Claudia es madre soltera de dos niños, tiene 31 años y gana cerca de $40 dólares por mes cuidando niños. Ha vivido toda su vida en Jacarezinho, una favela, uno de tantos barrios pobres que rodean Río, donde los comerciantes de drogas son a menudo la ley y donde la policía teme pisar. Está lista para un cambio en Brasil. Pero sin que Claudia lo sepa, su voto podría ser anulado por las decisiones tomadas a unas 5000 millas de distancia en Wall Street. La semana pasada Luis Ignacio da Silva o Lula como es conocido popularmente tomó la delantera en los sondeos. Obtuvo 38 por ciento de los votos respecto a su competidor más cercano quien obtuvo 16 por ciento. Los mercados financieros de Brasil no mostraron ninguna reacción, hasta que los gigantes financieros de Estados Unidos Merrill Lynch y Morgan Stanley Dean Witter degradaron los bonos brasileños en respuesta a los sondeos. Las acciones brasileñas cayeron más del 4 por ciento en un día, y la prensa brasileña difundió ampliamente las advertencias de Wall Street. El poder de estas firmas financieras para mover los mercados --y con esto intimidar al electorado-- es una amenaza creciente a la democracia en Brasil, al igual que en otros países en vías de desarrollo. En el caso de Brasil, la advertencia de Wall Street parecía sin fundamento y levantó sospechas de motivos políticos. El Partido de los Trabajadores ha aclarado su intención de honorar las obligaciones existentes del gobierno, hay pocas razones para creer lo contrario. Es por ello que los mercados financieros brasileños no habían mostrado ninguna reacción a los resultados del sondeo hasta que Wall Street se metió. Sin duda, hay que enfatizar que el programa del Partido de los Trabajadores tiene sentido económico y se necesita desesperadamente. Como la mayor parte de América Latina, Brasil ha sufrido un retraso drástico en su desarrollo económico en las últimas dos décadas. El ingreso por persona ha crecido apenas: el 5 por ciento entre 1980-2000 comparado con el 141 por ciento en los 20 años anteriores (1960-1980).Sin embargo, el gobierno actual del Presidente Fernando Henrique Cardoso ha mantenido las tasas de interés entre las más altas en el mundo. Esto complace a Wall Street y ha hecho a unos cuantos brasileños muy ricos, pero ha disminuido el desarrollo económico y ha aumentado en gran grado el problema de la deuda del país. Los ingresos por persona han crecido cerca del uno por ciento anualmente desde que Cardoso tomó la presidencia en 1994.
La disparidad en la distribución de ingresos también ha empeorado. Por supuesto Brasil ha tenido por largo tiempo una de las distribuciones de ingresos más discrepadas en el mundo. Pero entre los 60s y 70s, cuándo los ingresos por persona crecían 4.5 por ciento por año, la mayoría de los brasileños experimentaron por lo menos algunas mejoras en sus estándares de vida. Esto ya no es verdad.
El Partido de Trabajadores propone aumentar el crecimiento [económico] con tarifas de interés mas bajas e invertir más en la infraestructura pública. Una de las inversiones más urgentes es la de un sistema de alcantarillado: 60 por ciento de los hogares brasileños echa directamente el agua sucia a las vías de agua. La pobreza y la austeridad fiscal son terribles para el medio ambiente.
El Partido de los Trabajadores también ha propuesto un programa para más de 30 millones brasileños que no tienen lo suficiente para comer, "Hambre-Cero". Esto incluiría una combinación de vales de alimentos, aumento del sueldo mínimo, y apoyo a la agricultura pequeña y de escala media para que produzcan para el mercado doméstico.
En una nación de 175 millones de personas, rica en recursos naturales y con más tierra que Estados Unidos, estas metas son posibles. Y la mayoría de observadores concuerdan en que el Partido de los Trabajadores ha dejado muy buena huella en las localidades donde ha gobernado.
Pero habrá una oposición de intereses especiales muy poderosa, en el ámbito nacional y exterior. De Los Estados Unidos, no sólo es Wall Street, sino también nuestro gobierno, que resultan una amenaza para que se lleven a cabo elecciones justas en Brasil. Durante las elecciones de 1998, el New York Times informó que no se aprobaría un gran paquete de préstamos por parte de Estados Unidos si Lula (en vez de Cardoso) resultara elegido.
Tales amenazas no determinaron los resultados en 1998, pero ahora sí podrían hacer fácilmente una diferencia en las elecciones cercanas.
Dado el apoyo de la administración Bush para un golpe militar contra el gobierno democráticamente elegido en Venezuela, y su intervención abierta en las elecciones en Nicaragua del año pasado, difícilmente podemos esperar una mejor conducta esta vez. Irónicamente, la mayoría de los estadounidenses cree que debemos permitir a los brasileños (y a todos los demás) escoger sus propios gobiernos. Pero ese tipo de mentalidad tiene que llegar a los círculos de Wall Street o Washington.
Mark Weisbrot es Codirector del Centro de Investigaciones Económicas y Políticas, en Washington D. C. (www.cepr.net)
Tomado de Znet