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Crisis política y
clases sociales en la coyuntura venezolana
Miguel Angel Hernández Arvelo
Rebelión
A partir de febrero de 1989 se abre en Venezuela una década
larga de crisis del modelo sociopolítico y económico, sobre el
cual se asentó la aparentemente sólida democracia venezolana,
instaurada en 1959, después de la caída de la dictadura de Pérez
Jiménez. Aquel año, el pacto institucional establecido entre
los principales partidos políticos (AD, COPEI y URD); la
principal organización empresarial, Fedecámaras, y la
dirigencia sindical de la CTV -bendecido por la jerarquía de la
Iglesia Católica-, mostró inequívocos signos de agotamiento.
El "sacudón" o "Caracazo", como fue
bautizado por los medios de comunicación, puso en evidencia la
crisis del Pacto de Punto Fijo, el cual, sobre la base de la
cuantiosa renta petrolera, había hecho posible la estabilidad
democrática en el país.
Sin embargo, este evento de proporciones dantescas, fue sólo la
punta del iceberg de un proceso que sumergido en el tejido social,
se había venido manifestando consistentemente en el plano
electoral, desde mediados de la década de los ochenta con la
aparición del fenómeno de la abstención situación extraña
en un país caracterizado por la participación masiva en las
urnas-, y en el terreno económico y social con la crisis abierta
en febrero de 1982, el llamado "viernes negro", así
como con el evidente deterioro del nivel de vida de la mayor
parte de la población.
El Pacto de Punto Fijo, pacto de gobernabilidad que duró por lo
menos 40 años, comenzó a evidenciar signos de agotamiento desde
mediados de los años 80, esto se manifestó en varios aspectos.
En el terreno electoral con la aparición del fenómeno de la
abstención, lo cual resultaba sintomático en un país
acostumbrado a votar masivamente; posteriormente, en febrero de
1989, se expresó dramáticamente en el terreno social con la
explosión del "Caracazo". Este proceso también tuvo
expresión en el ámbito militar con los golpes de febrero y
noviembre de 1992. En el terreno electoral se manifestó
nuevamente la crisis del Pacto de Punto Fijo con el triunfo de
Rafael Caldera en las elecciones de 1993, primer presidente que
no llegaba al poder con el apoyo de AD o COPEI, lo cual significó
la primera grieta seria del "puntofijismo" en el ámbito
electoral. Todo lo anterior confluyó en 1998 con la elección de
Hugo Chávez como presidente de Venezuela, abriéndose desde
entonces un proceso de lucha de masas que se ha intensificado
desde el paro patronal del 10 de diciembre del pasado año.
Las etapas del proceso político: Del paro de diciembre al golpe
de Estado
El paro del 10 de diciembre del 2001 contra las leyes sociales
aprobadas en el marco de la Ley Habilitante otorgada al
Presidente por la Asamblea Nacional, constituye un punto de
inflexión en el proceso político venezolano. Desde 1999 hasta
ese momento, se había producido una confrontación mediática, básicamente
de carácter discursivo y retórico, a través de los medios de
comunicación social.
Mientras que la convulsión social, la polarización a favor o en
contra del gobierno, avanzaba subterráneamente. Sin embargo, con
la aprobación de las leyes antes mencionadas y el paro del 10 de
diciembre, se produjo un quiebre en esta primera etapa del
proceso político venezolano, abriéndose una nueva fase de
profundización de la conflictividad social que significó un
salto cualitativo en la organización de los sectores de oposición,
lo cual se concretó en la gigantesca manifestación del 11 de
abril en las calles de Caracas. Desde entonces, la oposición
comienza a ganarle la calle a los sectores populares afectos al
gobierno. Esa etapa abierta el 10 de diciembre, llega a su punto
culminante el 11 de abril con el golpe de Estado contra el
presidente Chávez. Con las jornadas del 12 y el 13 de abril,
protagonizadas por el sector militar afecto al chavismo y la
insurgencia de importantes sectores populares en las calles de
Caracas y otras ciudades del país, a través de las cuales se
restituye a Chávez en el poder, se pasa a una nueva etapa donde
el chavismo recobra relativamente la iniciativa, generándose
desde entonces un importante desarrollo del movimiento popular en
el sentido doble de un crecimiento significativo y variado de
organizaciones (círculos bolivarianos, comités de tierra,
asambleas populares, coordinadoras populares, corrientes y
sindicatos clasistas, reagrupamientos políticos) y, por otra
parte, una elevación significativa del nivel de conciencia política
de los sectores populares y obreros.
En la actualidad Venezuela atraviesa por una situación que podríamos
llamar de "prerrevolucionaria", es decir, el nivel de
polarización; la exacerbación de las contradicciones entre
diferentes sectores sociales; el desarrollo de un movimiento
popular cada vez más organizado pero no suficientemente
articulado entre sus diferentes componentes, especialmente después
del golpe de Estado del 11 de abril pasado, determinan el carácter
de la situación sociopolítica existente en el país, en la cual,
la polarización se ha profundizado, dejando muy poco margen para
las propuestas o salidas intermedias a la crisis.
Otro factor importante a tomar en cuenta en la coyuntura actual
es el papel del sector castrense, sobre todo después de la
crisis que se produjo en su interior a raíz del golpe de Estado
del 11 de abril. Aunque es difícil saber con exactitud lo que
ocurre en los cuarteles, pareciera que en este momento el
presidente Chávez cuenta con el control relativo de ese sector.
Todas las variables antes mencionadas, y otras que analizaremos a
continuación, están en la base del proceso social que hoy agita
a la sociedad venezolana, sumergida en fuertes contradicciones
sociales que no aparecieron sorpresivamente y que no fueron
desarrolladas o "inventadas" por el presidente Chávez.
Chávez, en todo caso, ha puesto en el tapete con su discurso
dirigido al pueblo, que habla al pueblo, que intenta comunicarse
directamente con él y no sólo hablar del pueblo como algo extraño,
una situación social que ya existía. Que existía por lo menos
desde que somos un país independiente, pero que se ha exacerbado
desde mediados de los años ochenta, lo cual ha sido determinado
por la caída sensible del nivel de vida de la mayoría de la
población, crisis que también afectó a importantes sectores de
la clase media, sector social que había sido el sostén de la
democracia "puntofijista", la base social de la
estabilidad democrática que había prevalecido en Venezuela
desde 1958, cimentada en los ingresos producidos por la renta
petrolera.
El pueblo y el discurso de Chávez: De la invisibilidad
al protagonismo
Otro aspecto fundamental a tomar en cuenta es el relacionado con
el carácter de los cambios planteados por el gobierno del
presidente Chávez, y, por supuesto, a los sujetos protagónicos
de ese cambio, y a los sectores sociales eventualmente
perjudicados por dichos cambios. En tal sentido, se puede afirmar
que en Venezuela, por primera vez en su historia democrática, un
presidente no sólo habla del pueblo, sino que habla directamente
con él, se comunica y lo interpela constantemente. Esto ha
posibilitado que un sector mayoritario del país se haga visible,
salga de la oscuridad y el ostracismo en el que había
permanecido, convirtiendo a estos sectores sociales en actores
políticos. De hecho, se comienza a producir una crisis de la
cultura de la exclusión, situación que es favorecida por los
cambios y la retórica desarrollada por el actual gobierno. En
rigor, desde nuestro punto de vista, la polarización social y
los cambios políticos establecidos en la Constitución del 99
han permitido, por una parte, un cambio significativo en el
imaginario colectivo frente al Estado. Esto se concreta en el
hecho de que, a pesar de que aún persisten las tendencias
paternalistas y clientelares en buena parte de los sectores
populares, estos comienzan a asumir un papel protagónico,
comienzan a organizarse y a articularse entre sí, lo cual, lleva
directamente a una necesidad de lograr su autonomía. En esa
relación contradictoria con el Estado, que oscila entre
clientelismo y autonomía popular, los trabajadores y el pueblo,
inician un nuevo aprendizaje que los lleva progresivamente a
comprender la necesidad de su autoorganización, al asumir esta
conciencia, también comienzan a asimilar la necesidad de
defender su autonomía e independencia respecto al Estado, aunque
sigan apoyando y defendiendo al actual gobierno.
La clase media venezolana y el antichavismo
Sin lugar a dudas, esta irrupción de las clases populares
atemoriza a los sectores dominantes, y de forma muy especial a la
clase media venezolana. Este sector de la sociedad venezolana se
caracteriza por su conservadurismo, por su inexperiencia política,
salvo los sectores provenientes de la izquierda, y con una muy débil
cultura general. Limitada en sus horizontes, los cuales han
llegado hasta Miami, pero por el contrario, con una muy
desarrollada cultura consumista consolidada a lo largo de muchos
años de bonanza petrolera. La clase media venezolana, gracias a
la estabilidad democrática y al parasitismo rentista, ha
disfrutado de elevadísimos niveles de vida. Pero ahora, colocada
en el desfiladero de la crisis económica que arrastra el país
desde hace tres lustros, disminuido relativamente su nivel de
vida, afectada sensiblemente por las políticas neoliberales
aplicadas por los gobiernos de Carlos Andrés Pérez y Rafael
Caldera, ve con terror exacerbado por los medios de comunicación,
la aparición de un actor social y de un discurso que hace
aflorar su conservadurismo y su anticomunismo visceral.
Producto de la crisis económica y de los cambios políticos
producidos vertiginosamente en los últimos años, verbalizados
en el discurso izquierdizante y de confrontación del presidente
Chávez, la clase media venezolana ha desarrollado una mentalidad
conservadora, clasista y racista, especialmente entre sus
sectores más encumbrados, aunque con repercusiones en otros
sectores sociales donde ha prendido una falsa conciencia.
La clase media venezolana, gracias a la renta petrolera, ha
disfrutado tradicionalmente de un alto nivel de vida, simultáneamente
con poseer una limitada cultura general, y un muy débil nivel de
politización, determinado por las condiciones de su entorno.
Este sector social se ha desarrollado en Venezuela al amparo de
la riqueza petrolera, producida por un número bastante limitado
de trabajadores. La cultura económica que ha prevalecido en el
país, y de la cual la clase media ha sido expresión muy clara,
se ha fundamentado, especialmente desde principios de los años
70, época del primer boom petrolero, en el consumismo
desenfadado, cimentado en una lógica de la "extracción",
y no de la producción, típico de una economía rentista. Los
cuantiosos recursos producidos por la renta petrolera, la rapidez
de su difusión en el torrente económico del país, a través
del Estado, y la distorsión que ha producido en el
funcionamiento social y económico del país, han determinado las
costumbres y pautas sociales y económicas del conjunto de la
sociedad venezolana, pero muy especialmente, por su específica
ubicación en la estratificación de clases, a este sector social.
La lógica del "Ta'barato...dame dos", de los viajes a
Florida o a otros destinos en el Caribe, ha sido la característica
más resaltante de una cultura del consumo basada en el
individualismo, modelada por sociedades más desarrolladas,
particularmente la norteamericana, constituyéndose en el efecto
demostración por excelencia.
Todo esto la convierte en un sector social profundamente
conservador y temeroso de lo que considera un giro del país
hacia posturas socializantes y eventualmente autoritarias, temor
que se ve recrudecido por el discurso y las imágenes difundidas
por los medios de comunicación, especialmente por la televisión.
Miguel Angel Hernández Arvelo. Historiador. Profesor de la
Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela