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Chávez Resiste
Después de cuatro "huelgas generales" lideradas por la patronal y un intento de golpe, los dos bandos parecen más alejados de lo que lo estaban al comenzar las negociaciones
Por Gregory Wilpert (Znet en español)
Las negociaciones con mediación de la OEA*, la Huelga, y otros sucesos recientes
César Gaviria, el Secretario General de la OEA, tiene la poco envidiable tarea de mediar en las negociaciones entre el Gobierno de Venezuela y la oposición, mientras la situación política se deteriora y la tensión crece. Tras tres semanas enteras de negociaciones, las dos partes en la mesa de negociación parecen más alejadas en sus posiciones que cuando se sentaron por primera vez. Las negociaciones se suponía que iban a encontrar soluciones a serios problemas de Venezuela: un final para la crisis política, vía elecciones; una comisión de la verdad para investigar quién fue responsable de lo que ocurrió durante el intento de golpe del 11 al 13 de Abril; y un plan para desarmar a la fuertemente armada población venezolana.
Una serie de factores, sin embargo, han evitado que las negociaciones hiciesen algún progreso. Un factor parece ser la falta de habilidad de Gaviria para evitar que las partes negociadoras hagan declaraciones o tomen medidas que puedan tener repercusiones en la mesa de negociación. Las conferencias de prensa diarias después de cada día de negociaciones proporcionaban mucha munición y obstáculos para avanzar en las conversaciones del día siguiente. La oposición entonces comenzó a hablar sobre organizar una huelga general a principios de diciembre, lo cual causó que los negociadores del gobierno se retirasen diciendo que se negarían a llegar a cualquier acuerdo mientras que la oposición intentase chantajear al gobierno con una huelga. A continuación le tocó el turno al gobierno, que torció más las negociaciones cuando tomó el control de la policía de Caracas -una fuerza controlada por el alcalde Alfredo Peña, que es uno de los más escuchados y estridentes opositores del gobierno. Finalmente, la oposición respondió haciendo realidad su amenaza y convocando una huelga general para el 2 de diciembre.
Mientras que está claro que estas acciones, tanto la del gobierno como la de la oposición, han dejado las negociaciones en un callejón sin salida, no está claro que ninguna de estas acciones fuera realmente necesaria. Esto es, la policía metropolitana de Caracas es temida por muchos venezolanos, especialmente en los vecindarios pobres, donde muchas unidades de policía operan casi como bandas de gángsteres legales, que de forma habitual extorsionan a la gente que se supone que tienen que proteger. Una completa revisión en profundidad de las fuerzas policiales se ha olvidado definitivamente. Además, desde que las fuerzas de policía están bajo el férreo control del alcalde de la oposición, Peña, muchas manifestaciones a favor del gobierno se han encontrado con represión policial, a menudo con heridos de bala. Un factor que los partidarios del gobierno no han olvidado es que la policía fue en gran medida responsable de las alrededor de 50 muertes durante el intento de golpe de Estado, entre el 11 y el 13 de Abril. La confrontación que llevó al gobierno central a tomar el control de la policía terminó con tres personas, entre manifestantes y gente que no tomaba parte, muertos por la policía. Mientras que muchos vecindarios pobres en Caracas suspiraron de alivio ante la toma de control de la policía, la mayor parte de la oposición de clase media y alta argumentaba que ésta era una prueba más de que Chávez apuntaba a crear un estado totalitario en Venezuela. Mientras la toma de control sí parece tener su justificación, el momento no pudo ser peor.
La toma de control proporcionó la excusa perfecta de la oposición para llamar a la cuarta huelga general contra el Gobierno de Chávez con la que había estado amenazando. Gaviria suplicó en vano a la oposición que al menos pospusieran la huelga durante unos pocos días más, ya que se había presentado a la mesa de negociación con un plan de ocho puntos que confiaba podría haber resuelto el conflicto, pero la oposición ignoró esta petición. En respuesta, el Gobierno anunció que no participaría más en las negociaciones mientras durase la huelga y que organizaría actividades populares, como un gran mercadillo de Navidad, para contrarrestar los efectos de la huelga. Otra actividad que el gobierno ha planeado es una gran movilización progubernamental para el 8 de Diciembre.
El lunes 2 de Diciembre tuvo lugar la huelga planeada conjuntamente por la federación de sindicatos CTV, la cámara de comercio Fedecamaras y la coalición de la oposición Coordinadora Democrática, aunque esta oposición internamente dividida no pudiera ponerse muy de acuerdo en cuanto a su duración o sus objetivos últimos. El primer día de la huelga, se podía notar definitivamente un descenso en la actividad semanal en las calles de Caracas, especialmente en la zona más rica de la ciudad, la zona este, donde casi todas las tiendas estaban cerradas. La zona más pobre, la zona oeste, estaba más tranquila de lo habitual, pero de ninguna manera tan tranquila como la zona este. Como en el resto del país, la oposición y el Gobierno proporcionaron información altamente contradictoria en cuanto al éxito de la huelga, pero parece claro que los principales sectores no se vieron afectados y que el resto estaba quizás al 50 por ciento de su actividad normal. Hubo graves incidentes, sin embargo, cuando algunas tiendas en la parte este de la ciudad decidieron permanecer abiertas, pero tuvieron que cerrar porque los manifestantes de la oposición acosaron a los dueños con cacerolazos e insultos. El Gobierno acabó arrestando a tres individuos que estaban intentando evitar activamente que la gente fuese al trabajo, haciendo cosas como rajar neumáticos o poner pegamento en las cerraduras de las tiendas para que no pudiesen abrir la puerta. La respuesta de la oposición a las detenciones era predecible: anunciar que extenderían la huelga otras 24 horas.
El segundo día de huelga claramente obtuvo mucho menos apoyo, situándose el tráfico en la más pobre parte oeste de la ciudad en los niveles normales de un día de diario y en la parte este a quizás un 50 por ciento de lo normal. Pero mucho más importante que la huelga fueron las protestas que los miembros de la oposición escenificaron por la tarde frente a la compañía estatal de petróleo, la PDVSA. El gobierno había declarado hacía varios meses la plaza de enfrente de la sede de la empresa como "zona de seguridad", ya que representa una de las instalaciones económicamente más importantes del país, y había desautorizado cualquier tipo de manifestación en dicha plaza. De manera que la guardia nacional dispersó la manifestación rápidamente y sin previo aviso con gases lacrimógenos y con balas de plástico. Esto también hizo que muchos periodistas protestaran, argumentando que la libertad de prensa estaba siendo infringida, porque se habían visto seriamente afectados por la acción de la guardia nacional. Una vez más, la (desproporcionada) reacción del Gobierno a la provocación de la oposición llevó al anuncio por parte de la oposición de que prolongaría la huelga una tercera jornada más de 24 horas.
Para el tercer día de huelga, la oposición organizó una marcha de protesta que fue desde la sede de la PDVSA hasta el hotel en el que residía el Secretario General de la OEA César Gaviria y donde se habían mantenido las negociaciones. La manifestación tuvo lugar sin incidentes y la oposición más tarde volvió en una tranquila y pacífica reunión a la sede de la PDVSA. Incluso aunque la "huelga general" fuese prácticamente inexistente en la mayor parte de la capital y resto del país, la oposición la declaró como un éxito rotundo y anunció que la huelga se extendería 24 horas más, para presionar a Chávez a aceptar los resultados de un referéndum consultivo sobre su renuncia, como habían planeado.
Mientras la participación en la "huelga general" obtuvo incluso menos apoyo el cuarto día, éste fue el día en que los capitanes de petroleros decidieron implicarse y empezar a bloquear el transporte de crudo a y desde Venezuela. Esto, más que cualquier otra cosa que la oposición haya conseguido hasta ahora, tiene el potencial de doblegar a la economía y de esta forma al Gobierno. La economía de Venezuela depende tan fuertemente del petróleo que cualquier interrupción en su producción tiene efectos casi inmediatos en la economía. El hecho de que la oposición aplaudiese este acto de sabotaje (una cosa es no aparecer en el trabajo y otra cosa es bloquear los puertos de un país) muestra con exactitud lo desesperados que están y lo lejos que están dispuestos a llegar para "derribar el régimen", como el presidente de Fedecamaras Carlos Fernández llama el objetivo de la protesta.
Mientras, se ha librado con gran revuelo un debate sobre un referéndum consultivo, paralelamente a las negociaciones y a la huelga general. El cuatro de noviembre, la oposición había recogido más de dos millones de firmas, llamando a un referéndum "consultivo" sobre si debería solicitársele o no al presidente que renuncie voluntariamente. La nueva constitución de Venezuela, escrita principalmente por partidarios de Chávez, permite varios tipos de referéndum, entre ellos el consultivo y el revocatorio. Sin embargo, el referéndum revocatorio no está permitido hasta después de la mitad del periodo de permanencia en el cargo por parte de un candidato electo, que en el caso de Chávez sería a mediados de Agosto de 2003. Dado que la oposición quiere librarse de Chávez lo antes posible, ha optado por la ruta más rápida y más fácil -más fácil porque requiere menos firmas y menos votos para tener éxito- de llamar a un referéndum consultivo.
El Gobierno argumenta que este referéndum consultivo que pide al Presidente que renuncie es anticonstitucional porque en la práctica equivale a un referéndum revocatorio, que se organiza por principios diferentes a los del referéndum consultivo. Sin embargo, el consejo electoral nacional, que parece simpatizar con la oposición, ha declarado válidos el referéndum y las firmas y ha convocado una votación para el día para el 2 Febrero de 2003. Mientras, el Tribunal Supremo ha intervenido y ha dictaminado que la comisión electoral nacional está tomando decisiones ilegales porque este órgano de cinco miembros necesita cuatro votos para tomar decisiones vinculantes y el referéndum fue aprobado con una mayoría de sólo tres votos. Después, el segundo día de huelga, el consejo electoral anunció que había aprobado el referéndum para el 2 de Febrero con una votación de 4 a 1. Pero el referéndum también tiene todavía que pasar la prueba de la constitucionalidad -un dictamen que el Tribunal Supremo aún no ha proporcionado. Complicando aún más las cosas, la asamblea nacional aprobó una ley electoral largamente pospuesta, por la cual se nombrarían nuevos miembros del consejo electoral. La oposición, sin embargo, ha bloqueado este proceso rechazando participar en el nombramiento de la comisión, que elegiría a los nuevos miembros del consejo electoral. El proceso está bloqueado eficazmente, porque nombrar esta comisión requeriría el acuerdo de la oposición para su composición.
Discurso y "realidad"
Como si entender los actuales acontecimientos en Venezuela no fuese ya suficientemente complicado, los discursos diametralmente opuestos que utilizan el Gobierno y la oposición lo hacen aún más difícil. Si uno sólo presta atención a lo que dicen los medios de comunicación privados, que es lo que la mayoría de la gente tiende a hacer, dar sentido a los acontecimientos es realmente fácil, ya que éstos proporcionan casi exclusivamente la simplificada interpretación de la oposición sobre los acontecimientos. De acuerdo con la oposición, el Gobierno de Chávez es un "régimen terrorista, totalitario y asesino". El país se ha vuelto "ingobernable" bajo Chávez porque ha dividido al país de una forma en la que nunca había estado dividido antes. Las pruebas de esta división pueden encontrarse en el hecho de que las instituciones como los sindicatos, las asociaciones patronales, las asociaciones de gobiernos locales, las asociaciones de campesinos, el ejército y la policía están todos divididos en facciones pro- y anti- Chávez.
De acuerdo con muchos portavoces de la oposición, especialmente Carlos Ortega, el líder de CTV, la federación de sindicatos controlada por la oposición, y Carlos Fernández, el nuevo líder de la principal cámara de comercio Fedecamaras (que ocupó el lugar de Pedro Carmona, presidente por dos días en el golpe de estado de abril), Chávez está llevando al país hacia un "comunismo castrista". La oposición ve las pruebas del "comunismo castrista" en los choques entre manifestantes y las fuerzas de la Guardia Nacional, en los supuestamente armados y violentos círculos bolivarianos que apoyan al gobierno y en la toma de control de la policía metropolitana de Caracas por parte del Gobierno. La oposición retrata su propia lucha contra el Gobierno en términos heroicos, comparándola con las revoluciones democráticas de finales de los 80 en el este de Europa y con la lucha de Gandhi contra los británicos (recientes documentales en televisión sobre estas luchas históricas fueron perfectamente acompasadas para coincidir con las principales movilizaciones de la oposición).
En la interpretación (pública) de las acciones del Gobierno por parte de la oposición, Chávez está intentando conscientemente crear el caos, para que pueda justificar luego la invocación de la ley marcial, que le permitiría transformar Venezuela completamente en una sociedad totalitaria-comunista. Sin embargo, antes de que esto pase, la oposición defiende que la Organización de Estados Americanos (OEA) y a los vecinos de Venezuela (léase: USA) deberían intervenir invocando la carta democrática de la OEA, que impondría sanciones a Venezuela hasta que Chávez esté fuera del poder. Como su programa alternativo para Venezuela, la oposición, esto es, la CTV, Fedecamaras, la "Coordinadora Democrática", que une a todos los partidos y ONG's de la oposición, y los oficiales del ejército disidentes, firmaron un "pacto democrático" que afirma que uno de los más importantes proyectos de la oposición es reunificar a Venezuela y luchar contra la pobreza.
Lo interesante de la preocupación de la oposición por la pobreza y los pobres, en cuyo nombre a menudo declara su oposición al Gobierno, es que todas las manifestaciones tienen lugar en los barrios más ricos de la capital. Según ellos, esto es porque los pobres han sido engañados por Chávez para creer que él les está ayudando, haciendo imposible para la oposición manifestarse en loas barrios pobres de la ciudad.
El Gobierno y sus partidarios tienen similares descripciones pintorescas de sus oponentes. Según ellos, la oposición es "terrorista, fascista y golpista". Los portavoces del Gobierno argumentan que la huelga general no es más que un esfuerzo poco disimulado de repetir el intento de golpe de abril. Argumentan que la oposición está buscando crear tanto caos como sea posible para que el Gobierno aplique la ley marcial, lo cual llevaría a otro golpe, o a que la comunidad internacional interviniera vía sanciones de la OEA. El hecho de que el Presidente y otros hayan declarado que para nada están considerado la ley marcial debería hacer menos probable este escenario. Sin embargo, el Gobierno ha afirmado que tiene pruebas de que grupos radicales de la oposición están planeando asesinar a líderes moderados de la oposición, lo que podría entonces ser usado para culpar al Gobierno, con la esperanza de causar un alzamiento general. Muchos oficiales del Gobierno están claramente y honestamente preocupados con la posibilidad de un segundo intento de golpe, aunque Chávez haya depurado el ejército de oficiales desleales varias veces.
Dado que los miembros de la oposición han publicado en muchas ocasiones llamadas al ejército y a la OEA para intervenir, la interpretación de los acontecimientos por el Gobierno podría no estar desencaminada del todo. Sin embargo, haciendo afirmaciones generales de que esto es lo que quiere "la" oposición, el Gobierno pierde puntos de credibilidad entre los miembros más moderados de la oposición. Mientras que es cierto que la oposición está unida en buscar la salida de Chávez del cargo, no está unida en cuanto a los medios por lo que esto debería ocurrir. De modo que no es justo llamar repetición del intento de golpe a todo lo que hace la oposición o incluso a la huelga general en su conjunto.
Los Medios y la Cultura Democrática
Los medios de comunicación privados de Venezuela, tomando un fuerte papel protagonista en el conflicto, sólo están añadiendo gasolina al fuego. Si los medios no estuviesen constantemente amplificando el discurso distorsionado y estridente de la oposición, ese discurso probablemente tendría poco efecto sobre la población. Sin embargo, los medios privados amplifican el discurso de la oposición presentando cerca de diez veces mas declaraciones de la oposición que del Gobierno, cubriendo todas las manifestaciones de la oposición y difícilmente cualquier manifestación favorable al Gobierno, enfatizando los acontecimientos que favorecen a la oposición, tales como la carga de la Guardia Nacional en la manifestación frente a la PDVSA, e ignorando hechos que perjudican a la oposición, tales como las amenazas a las tiendas que abren durante la huelga. No es ilógico estimar que el ratio de popularidad de Chávez, que actualmente ronda el 30-35 por ciento según las encuestas, fuese al menos 15-20 por ciento más alto si los medios tomasen un enfoque más neutral y objetivo a la hora de cubrir las noticias.
El discurso de la oposición enormemente amplificado por los medios privados, no tiene menos importancia que una guerra psicológica. A la población se le hace creer que Chávez es la única causa de todos los problemas de Venezuela y que librarse de Chávez resolverá el resto de sus problemas. Un enfoque diferente, y el hecho de que la oposición tenga o no un mejor programa o algún programa siquiera, son irrelevantes en esta realidad alternativa que los medios han creado.
Quizás incluso más peligroso para Venezuela es que los discursos de la oposición y de los medios socavan intencionadamente la cultura democrática argumentando que es perfectamente legítimo destituir a un presidente tan pronto como su índice de popularidad cae por debajo del 50 por ciento. Como resultado de esta forma de entender la democracia, toda la oposición e incluso un legislador partidario del Gobierno eran insultados cuando Chávez decía que él no renunciaría antes de que su mandato se terminase, incluso aunque su índice de popularidad cayese hasta el 10 por ciento (ha dicho, sin embargo, que se marcharía si perdiese un referéndum revocatorio). Lo que es convenientemente olvidado o ignorado es que los periodos en el cargo fueron creados por una razón concreta, y que por muy importantes que sean los deseos de la gente, justamente es igual de importante acatar las leyes del juego democrático.
Perspectivas
Junto con el daño que este conflicto está haciéndole a la cultura democrática de Venezuela, está también perjudicando severamente a la economía de Venezuela. Cada huelga general disminuye la producción y el envío de petróleo. Dado que un tercio del Producto Interior Bruto proviene del petróleo, tal disminución tiene repercusiones casi inmediatas en el presupuesto del Gobierno y su fiabilidad como proveedor de petróleo. El PIB, en gran medida como resultado de la bajada de precios del petróleo del último año y debido a las dos primeras huelgas generales, disminuyó hasta un 3.5 por ciento durante la primera mitad del 2002. Aunque el precio del petróleo se recuperó durante el curso del 2002, las recientes tercera y cuarta huelgas generales, a pesar de no parar la producción de petróleo, casi con certeza repercutirán en los gastos del Gobierno para el próximo año y en la capacidad de Venezuela para atraer futuros clientes e inversores.
Sin embargo, para encontrarle el sentido al actual conflicto en Venezuela, no es útil mirar meramente a los desarrollos económicos anuales. Más bien, se necesita entender que Venezuela ha experimentado la mayor disminución en estándares de vida medios, que se cifran en una disminución de dos tercios en el ingreso medio real, y el mayor aumento en niveles de pobreza de los países de Latinoamérica, a lo largo de los últimos veinte años. El Presidente Chávez no ha sido realmente capaz de evitar la continuación de estas tendencias a largo plazo durante los cuatro años que lleva ya en el cargo. Todo de lo que ha sido capaz es de frenar la disminución (durante su segundo y tercer año en el cargo el PIB creció ligeramente) y distribuir el descenso más equitativamente entre la población mediante la dedicación de los recursos del estado a los sectores más pobres de la población -a través de grandes incrementos en los gastos de educación, salud y vivienda y a través de una redistribución a gran escala del suelo rural y urbano y programas de micro-créditos. También, a pesar de que la oposición habla de la supuesta falta de credenciales democráticas, Venezuela tiene una de las constituciones más democráticas de Latinoamérica, gracias al movimiento de Chávez -una constitución que permite referéndums populares, votaciones revocatorias, y derechos para las minorías, entre otras muchas innovaciones.
Una manera de interpretar este conflicto es verlo como una batalla sobre un pastel menguante que se calienta más a medida que el pastel se vuelve más pequeño. El Gobierno de Chávez ha intentado desarrollar un programa económico que diversificaría la economía y terminaría con la odiosa dependencia de Venezuela con el petróleo, pero cualquier programa así tendría que ser a largo plazo y de ese modo no ayudaría a resolver los conflictos de la recesión económica en el corto plazo. En efecto, Venezuela tiene que encontrar una forma de resolver tanto el problema a largo plazo de la recesión económica como el problema a corto plazo de cómo distribuir las pérdidas, sin recurrir a una guerra civil. Pero con discursos diametralmente opuestos y prácticamente sin líder político y ciertamente sin grupos políticos que busquen un enfoque distinto, hay poca esperanza de que el conflicto se apacigüe pronto.
Señalar las divisiones internas de Venezuela y culpar a Chávez por ellas es poco sincero, ya que los conflictos en torno a los recursos, que están en el corazón de los actuales problemas de Venezuela, están destinados a llevar a amargas luchas territoriales. Todo el mundo, tanto los pro como los antigubernamentales, dice que quiere una Venezuela unida y pacífica en la cual los conflictos sean resueltos por la vía del diálogo. Sin embargo, ambas partes parecen carecer de una visión real de cómo podría alcanzarse esto. Un comienzo podría ser una estricta adhesión a las reglas y principios democráticos y una completa honestidad acerca de cuándo se da el caso y cuándo no, sin importar en qué lado se esté.
Greg Wilpert es sociólogo y periodista independiente. Ha escrito un libro sobre Venezuela durante la presidencia de Chávez, que será publicado por Zed Books en 2003. Puede ser contactado en: wilpert@cantv.net
* N. del T. Organización de Estados Americanos