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Presidente Hugo Chávez de Venezuela

Título original: President Hugo Chavez of Venezuela
Autor: Steve Ellner

Traducido por Cristina Feijóo y Lucio Salas Oroño, y revisado por Mateu
Llas, mayo 2000



Hugo Chávez,
Presidente de Venezuela
¿está forjando una política exterior independiente?
por Steve Ellner

El presidente de Venezuela Tte. Cnel. Hugo Chávez hace frecuentes
apariciones públicas en ropa de fajina y dice a su audiencia que está
"vestido para la batalla". Agrega que sus palabras son municiones y que el
blanco de esas municiones son aquellos adversarios que actúan por mandato
de los desacreditados partidos políticos del establishment.
Chávez ha sumado una sucesión de victorias electorales que han dejado
avergonzados y desmoralizados a los partidos que dominaban antes. Chávez
triunfó primero en las elecciones presidenciales de diciembre de 1998, con
el 56% de los votos, contra un magro 9% de los dos principales partidos
del establishment –la Acción Democrática (AD) y el socialcristiano Copei.
En un referéndum posterior, en abril de 1999, el 90% de los votos fueron a
favor de la propuesta de Chávez de convocar a una Asamblea Constituyente.
Para Chávez, la razón de ser de la Asamblea era nada menos que la completa
transformación del sistema político de la nación.
Después, el 25 de julio, Chávez destrozó a sus oponentes en la elección
para la Asamblea Constituyente. Sólo un puñado de los 131 candidatos
electos a la Asamblea no pertenecían a la coalición de Chávez y eran
apoyados por AD y Copei; estos candidatos –incluyendo varios líderes de
los partidos nacionales -se llamaban a sí mismos, engañosamente,
"independientes".
Producida la inauguración de la Asamblea, influyentes actores políticos
extranjeros han cuestionado la asunción de facultades de emergencia. Lo
que se discute es la reivindicación de la Asamblea Constituyente como un
poder jerárquicamente superior a todas las demás instituciones públicas y
su decisión de controlar al Congreso, al sistema judicial, y a los
gobiernos de los Estados provinciales. En su editorial del 21 de agosto,
el New York Times tipificó la manera de actuar de la Asamblea
Constituyente como "jacobina" y la criticó por la "concentración del poder
en la presidencia". El Departamento de Estado de los EE.UU., que ha
mantenido un discreto silencio respecto de Chávez desde su elección,
aconsejó a Venezuela mantener "la separación de poderes entre los diversos
estamentos de gobierno".
No obstante, un vistazo al pasado de Chávez y a su programa de gobierno,
disipa la idea de que su intención sea la de asumir poderes dictatoriales,
y que sus esfuerzos por fortificar el poder ejecutivo vayan a predominar
sobre sus preocupaciones sociales. Más aún: ningún miembro de la oposición
ha sido encarcelado o perseguido en modo alguno, y no han habido
restricciones a la prensa, a pesar de sus críticas al gobierno.
Ya desde un principio, durante el golpe de Estado que condujo en 1992,
Chávez levantó la bandera de la Asamblea Constituyente como un medio para
conseguir cambios radicales. El año pasado retomó nuevamente esa bandera
en la campaña presidencial. Chávez vapuleó a la Constitución Nacional de
1961 por privilegiar a los partidos políticos, cuyos representantes en el
Congreso tienen poderes que van desde la nominación de jueces hasta la
aprobación de promociones militares. Chávez reserva sus más virulentos
ataques a la AD y el Copei, que por décadas han estado en el centro de lo
que él peyorativamente llama la "partidocracia", caracterizada por el
clientelismo, la ineficiencia y la corrupción.
En concordancia con su meta de limitar el alcance del poder de los
partidos políticos y de promover una democracia participativa, los
chavistas electos a la Asamblea Constituyente han procurado cambiar por
completo el sistema judicial y tienen previsto promulgar la elección de
los jueces por voto popular. La coalición social Patria Para Todos (PPT)
dio a conocer una declaración en septiembre, llamando a la Asamblea a
crear un sistema de cortes "autónomo y descentralizado", agregando que
"las cárceles serían utilizadas solo como último recurso y deberían dejar
de ser un depósito de seres humanos para convertirse en centros de trabajo
y estudio".
Muchos delegados chavistas están a favor de la eliminación de las
atribuciones legislativas de los Estados provinciales y de reducir la
autoridad de los gobernadores, para de ese modo acrecentar la de los
gobiernos municipales, accesibles a los ciudadanos comunes.
Al tomar parte activa en la campaña por la Asamblea Constituyente, Chávez
soslayó la tradición y la ley venezolanas, que prohiben al presidente
tomar parte en elecciones, para evitar la utilización de los inmensos
recursos a su disposición. Chávez tenía que capitalizar su popularidad si
quería llevar a cabo su promesa de modificar completamente el sistema
político de la nación. Los partidos que lo apoyan, incluyendo su propio
Partido de la Quinta República, no están a la altura de la tarea. No sólo
les faltan líderes de prestigio, sino que están dividos entre ellos. El
movimiento de Chávez comenzó como una obra unipersonal, y a pesar de que
algunos de sus líderes gozan de popularidad nacional, aún depende casi
completamente de su portaestandarte.
El por qué de la popularidad de Chávez
Chávez es un producto de la indignación y efervescencia populares.
Cincuenta años de precios del petróleo relativamente estables habían dado
a la nación una democracia estable, que contrastaba con los gobiernos
miliares del resto del continente en los años sesenta y setenta. La brusca
caída de los precios en la década de los ochenta interrumpió la
prosperidad de Venezuela. El 27 de febrero de 1989 levantamientos en masa
de los habitantes de los barrios marginales estallaron en las calles en
todo el país; estos levantamientos dejaron un saldo de 2.000 muertos.
Venezuela ya nunca sería la misma.
Santiago Martínez, que encabeza una gran organización comunitaria en
Caracas, me dijo: "después del 27 de febrero, tratamos de reconstruir lo
que yo llamo la "fábrica social" bajando las tensiones sociales, pero fue
en vano. La gente pobre considera a los barrios pudientes básicamente como
enemigos. Todo hombre de negocios exitoso se presume corrupto, y eso
también vale para los políticos. La desconfianza es mutua. La clase media
teme que los pobres invadan sus barrios".
Esta escisión entre clases se manifiesta en las actitudes hacia Chávez. El
lenguaje radical del presidente, que en varias ocasiones ha cuestionado el
carácter sagrado de la propiedad privada, se gana cada vez más la
antipatía de los miembros de la clase media. Éstos ven a Chávez como
indiscreto, poco confiable y grosero. En contraste, los indigentes del
país lo respaldan sólidamente desde la elección, y son especialmente
sensibles a sus frecuentes referencias a la grave situación de los pobres.
El carisma de Chávez no es difícil de entender: él representa diferentes
cosas para diferentes tipos de gente. Frecuentemente habla a la nación
informalmente, en apariciones televisivas que duran horas, al estilo de
las charlas al lado del fuego de Franklin D. Roosevelt. También tiene un
programa de radio semanal al que la gente llama por teléfono, denominado
"Hola, Presidente". A veces aparece repentinamente, y prácticamente sin
escolta, en hospitales y en otros lugares públicos, para tener una visión
cercana de los problemas urgentes de la nación. Chávez se presenta como un
venezolano común, cuyo sueño infantil fue jugar baseball en las ligas
mayores. En un viaje a Asia en octubre, Chávez le tiró la primera bola al
bateador venezolano Roberto Petagine, que encabeza la estadística de
carreras en las ligas mayores japonesas. Llevó a cabo la misma hazaña en
el Shea Stadium de Nueva York, a principios de este año.
Chávez también habla con orgullo de su ascendencia indígena, en un país en
el que muchos son conscientes de su sangre africana, pero olvidan que
también son mestizos.
Chávez adopta un nacionalismo de su propia cosecha, que se apoya en los
héroes venezolanos. Su discurso recuerda al sandinismo, que también
desarrolló una doctrina nacional, rompiendo con modelos importados de
marxismo-leninismo.Chávez regaña a los historiadores por ignorar en la
práctica una parte de la historia venezolana: la que transcurre desde la
muerte de Simón Bolívar en 1830 y la era moderna, desvalorizando un siglo
entero de líderes políticos, a los que tratan peyorativamente de
"caudillos" o de "hombres fuertes". En un libro de entrevistas con Chávez
titulado "Habla el comandante" (The Commander Speaks), afirma: "Los
caudillos pueden haber sido necesarios para incorporar a nuestra gente a
las luchas históricas. Yo creo que nos han vendido un modelo democrático
burgués importado: el de la eliminación de nuestros líderes".
Entre estos "caudillos" estaba el bisabuelo de Chávez, conocido como
"Maisanta". Rebelde de toda la vida, Maisanta participó en un alzamiento
que dejó como saldo la muerte de un ex presidente, y en otro que incluyó
la ejecución de un gobernador notorio por su brutalidad. Fue finalmente
sometido en 1922 y pasó los últimos siete años de su vida en prisión.
Como Maisanta, Chávez es un rebelde de corazón. Siendo un joven oficial
dedicó diez años a organizar el infructuoso golpe de estado que lanzó el 4
de febrero de 1992 contra el presidente neoliberal Carlos Andrés Pérez,
(que fue destituido un año después por corrupción). No corrió la suerte de
su bisabuelo, ya que fue absuelto después de dos años de prisión, luego de
los cuales formó un partido improvisado que agrupaba a ex oficiales del
ejército y a izquierdistas, incluyendo a los "ultras". En la actualidad ha
premiado a algunos de esos viejos seguidores con cargos de confianza en su
gabinete y en el partido.
¿Tendencias autoritarias?
Uno de los candidatos inesperadamente derrotados en las elecciones para la
Asamblea Constituyente fue Carlos Andrés Pérez, el archirival de Chávez.
Pérez proclamó que la única elección disponible para los venezolanos era
entre "libertad o dictadura", dejando en claro quién representaba qué.
Pérez predijo que Chávez convertiría la Asamblea en un vehículo para su
dominio personal.
Si lo que Pérez y otros líderes de la oposición dicen sobre Chávez es
cierto, su presidencia entraría en el modelo general de poderes ejecutivos
excesivamente poderosos, característico de las democracias
latinoamericanas de los noventa. Alberto Fujimori en Perú disolvió el
Congreso y la Suprema Corte, y Carlos Menem, en Argentina, gobernó durante
años mediante decretos presidenciales. Éstos y otros presidentes pasaron
por encima de sus congresos, para imponer las políticas neoliberales a las
que ellos mismos se oponían inflexiblemente en sus campañas
presidenciales.
Chávez puso también en duda la legitimidad del Congreso, de los partidos
del establishment e incluso la burocracia sindical, llevando a algunos a
interrograrse sobre su vocación democrática. Además, ha dejado de lado sus
propuestas radicales en política económica, tales como la negociación de
una moratoria de la deuda externa y la revisión de los contratos con
compañías petroleras extranjeras, y ya no lanza ataques contra el Fondo
Monetario Internacional.
Sin embargo, Chávez no se mueve en la dirección de Menem y Fujimori, ni se
parece a sus predecesores populistas de corte radical como Juan Domingo
Perón o Lázaro Cárdenas. En primer lugar, Chávez fue un joven oficial que
conspiró contra el gobierno durante diez años y después condujo un
levantamiento. Con su estilo informal y sus rasgos personales, con su
origen de clase media baja, él es más "uno del pueblo" que los líderes
populistas que lo precedieron.
Más aún: su slogan preferido es la participación popular, un llamamiento
muy alejado de lo que fomentan las relaciones paternalistas promovidas por
el populismo. De hecho, sus seguidores tienen una sensación de optimismo y
eficacia y la seguridad de ser los principales actores de un proceso que
promete transformar a la nación más que lo que lo hizo cualquier suceso
desde la independencia.
Finalmente, dadas las características conservadoras de América Latina en
los noventa, el movimiento de Chávez se distingue por sus creencias
radicales y combativas.
Las críticas de Chávez contra la democracia posterior a 1958 van más allá
del repudio y descrédito de los políticos del tipo de Carlos Andrés Pérez.
Chávez propone un modelo político completamente nuevo para Venezuela, a
través de la participación directa de la ciudadanía. En el libro "El A,B,C
de la Asamblea Constituyente" (The A,B,C, of the Constituent Assembly) el
seguidor de Chávez Fabián Chacón cita a Rousseau al decir que "el sistema
de representación contradice el principio de la soberanía popular". Chacón
me lo aclaró de esta forma: "La idea de que la gente pueda intervenir en
política en cualquier momento en lugar de tener que esperar cuatro o cinco
años hasta la elección siguiente, supone una diferencia como la que hay
entre el día y la noche". Él hace notar que para los chavistas, la
quintaesencia de la "democracia participativa" es la propuesta de un
referendum que permita a los venezolanos sacar a los políticos de sus
puestos en períodos entre elecciones.
Una faceta de la profundización de la democracia nacional es la
democratización de la mayor federación nacional sindical, la Confederación
de Trabajadores Venezolanos (CTV). Los chavistas presionaron a la CTV para
que permitiese a sus bases elegir directamente al presidente y los demás
miembros del comité ejecutivo. Estas eleciones harán a la CTV
prácticamente única entre las grandes federaciones sindicales en el mundo.
La CTV también aceptó, ante la insistencia de los chavistas, que las
elecciones sean supervisadas por un cuerpo auditor externo, para minimizar
la posibilidad de fraude. Sin embargo, la CTV rechazó otra demanda de los
líderes chavistas: la de incluir a los trabajadores no organizados
–incluyendo a los autónomos, como los vendedores callejeros- en la lista
de votantes.
Diversos grupos como la policía, miembros de la comunidad cultural,
organizaciones ecológicas y aún niños participaron en reuniones para
formular propuestas a la Asamblea Constituyente y, en algunos casos,
lanzaron sus propias candidaturas.
La primera dama, Marisabel Rodríguez de Chávez, que ha jugado un papel
activo en defensa de los derechos de los niños en general y de los niños
de la calle en particular, fue electa a la Asamblea Constituyente con la
segunda mayor cantidad de votos. Ella propuso la creación de la figura de
"Defensor de los Derechos de los Niños", que alentaría a los niños a
denunciar abusos. La firmeza de convicciones y el coraje de la primera
dama quedaron demostrados durante la campaña presidencial, cuando confesó
públicamente que su hija, Rosainés Chávez, fue concebida fuera del
matrimonio.
La elección de Chávez puso en marcha esfuerzos para organizar y movilizar
a otros sectores de la población, incluyendo los desempleados, los
ocupantes ilegales de tierras, e incluso a los presos. Las cárceles
venezolanas están entre las más derruidas y peligrosas del mundo. El
Presidente Chávez y algunos de sus seguidores se reunieron con los presos
y los convencieron de entregar sus armas. Sarith Suriega, una congresista
perteneciente al Partido de la Quinta República de Chávez, participó en el
esfuerzo, y me dijo que "los presos entregaron armas que tenían ocultas en
las paredes, y a cambio nosotros les prometimos estudiar sus quejas, no
sólo sobre las condiciones carcelarias, sino también sobre sus propias
sentencias, que consideraban injustas."
Otro chavista, el almirante retirado Luis Cabrera, que se presentó como
candidato a gobernador y fue uno de los líderes rebeldes en 1992, me
señaló que: "el 70% de los presos está esperando sentencia. Estas personas
constituyen una fuerza potencialmente poderosa, y sus tácticas, como las
huelgas de hambre, atraen la atención mundial. Nosotros (el Partido de la
Quinta República), recibimos la mayoría de votos en todas las
penitenciarias de la nación en las elecciones de diciembre".
Desde el punto de vista político, las iniciativas de Chávez y sus promesas
de no usar la fuerza contra sus opositores han dado réditos, al menos en
el corto plazo. Una gran parte de la población lo respalda activamente y
está decidida a tomar las calles si las circunstancias lo requieren. En el
largo plazo, sin embargo, si no cumple con las expectativas que alimenta,
su retórica militante podría volverse contra él.
La inclinación de Chávez hacia los sectores no privilegiados se refleja en
políticas que no encajan en la mentalidad de los grupos empresariales
nacionales ni con las propuestas del FMI. A pesar de que ahora Chávez
acepta las privatizaciones, se opone inflexiblemente a que se lleven a
cabo en el área de la salud y la educación, y ha vetado una ley del año
pasado que elimina los programas de seguridad social a cargo del Estado.
Su gobierno también puso freno a las escuelas privadas que no cumplían con
las normas básicas. Portavoces de este sector advirtieron que el borrador
de la nueva constitución, presentado a la Asamblea Constituyente en
octubre, apunta a la eliminación de la educación privada.
En julio, Chávez reveló que el gobierno dispone de $900 millones para un
programa de obras públicas, dirigido por autoridades militares, para
combatir el desempleo. Representantes de la comunidad internacional de
negocios criticaron la medida, que califican de desviación monetaria
derivada de los recientes incrementos en el precio del petróleo, cuando
esos fondos podrían ser utilizados para poner en orden las cuentas el
Estado. Al mismo tiempo, voceros empresariales de Venezuela atacan el plan
porque deja de lado al sector privado.
En una marcha organizada el 2 de septiembre en Caracas por los partidos
"Quinta República" y Patria Para Todos, los sectores obreros de esos
partidos pidieron la restauración del sistema de indemnizaciones por
suspensión de pagos, calculado sobre la base del último salario de los
trabajadores, que el gobierno neoliberal anterior había descartado. El
borrador constitucional presentado a la Asamblea Constituyente en octubre
restaura el viejo sistema (a pesar de que un cambio de palabras de último
momento deja el artículo un poco ambiguo).
Otro elemento clave de la estrategia política de Chávez son las fuerzas
armadas, que han sido incorporadas a la vida nacional por medio de
programas de cooperación entre civiles y militares, y del nombramiento de
militares en puestos claves del gobierno. La propuesta del presidente para
garantizar el derecho al voto del personal militar, que los izquierdistas
han estado promoviendo desde los años 70, fue puesta a consideración de la
Asamblea Constituyente en octubre. Chávez puede contar con las fuerzas
armadas como aliado, particularmente crucial si las tensiones políticas
alcanzan un umbral que conduzca a la intervención militar.
Una política exterior independiente
La audaz e independiente política exterior de Chávez también representa un
corte radical con las administraciones anteriores. Al mismo tiempo, esto
coloca a Venezuela en una posición de liderazgo entre las naciones
latinoamericanas, preocupadas más y más por las nuevas formas de
intervencionismo norteamericano.
Este papel protagónico fue demostrado en la 29º Asamblea General de la
Organización de los Estados Americanos (OEA) llevada a cabo en Guatemala
en junio de 1999. En el encuentro, el Ministro de Relaciones Exteriores,
José Vicente Rangel, señaló la posible corrupción entre los funcionarios
de narcóticos de los EE.UU., al mismo tiempo que reclamó la eliminación de
la "calificación" anual de Washington a las naciones latinoamericanas,
practicada en función de su actuación en la lucha contra el narcotráfico.
Ragel, tres veces candidato socialista a la presidencia, hizo esta
pregunta:"¿cómo puede calificar los esfuerzos de otras naciones del área
el país cuyas cifras lo muestran como el principal mercado de narcóticos?"
En la Asamblea General de la OEA, Rangel condujo la resistencia a una
resolución patrocinada por el Subsecretario de Estado de EE.UU. Thomas
Pickering, que planteaba la creación de mecanismos para impedir el
deslizamiento hacia la dictadura de gobiernos elegidos democráticamente.
En una entrevista, Rangel me dijo: "La moción de EE.UU. era vaga y
descansaba sobre situaciones hipotéticas. Si hubiera prosperado, hubiera
servido como pretexto para una intervención."
En la entrevista, Rangel señaló el cambio radical de actitud de la
embajada norteamericana en Caracas que, durante la campaña presidencial,
denegó a Chávez la visa de entrada a EE.UU. con la excusa de su pasado
conspirativo. "El Departamento de Estado ha mostrado gran precaución con
Chávez por lo que yo llamo "el síndrome de Cuba: el miedo a que la
inflexibilidad norteamericana empuje a Chávez hacia la extrema izquierda,
como pasó con Castro".
Rangel no niega la posibilidad de que la política exterior independiente
de Chávez frene las inversiones extranjeras, pero hace notar que: "desde
el final de la guerra fría los inversores extranjeros prestan menos
atención a la ideología y a la geopolítica. Los propósitos de Chávez de
renovar el sistema judicial, ineficiente y notoriamente corrupto, son
considerados mucho más significativos que cualquier formulación
abstracta".
Más recientemente, la aparente complacencia de Washington se ha
transformado en una postura más crítica. Sin dudas, una razón del cambio
de actitud radica en la comprensión de que la revolución política que
Chávez está llevando a cabo, inevitablemente se desborda hacia la esfera
económica, minando los intereses norteamericanos.

Es de predominante importancia, en orden inverso, el papel clave que
Chávez ha jugado en la OPEP (Organización de Países Productores de
Petróleo). En años recientes, Venezuela se ha distinguido por su constante
sabotaje a la OPEP a través del incremento de las exportaciones de
petróleo. El anuncio del gobierno de Chávez, a comienzos de este año, de
que no intentaría recobrar la porción de mercado norteamericano que Arabia
Saudita le había quitado anteriormente, señaló la nueva política de
Venezuela de cumplir con las cuotas de producción. En marzo del 2000
Chávez espera ser huésped de la segunda cumbre de jefes de Estado de la
OPEP (la primera se hizo en 1975), en la que también participarían los
exportadores de petróleo que no forman parte de la OPEP. En ella Chávez
presentaría la propuesta de que la OPEP reasuma el papel que abandonó dos
décadas antes, de fijar los precios estableciendo un mínimo y un máximo
dentro de los cuáles deberán oscilar.
En menos de un año de gobierno, Chávez se ha opuesto a EE.UU. en una gran
cantidad de temas. Lo que dijo en China, en su último día de visita en
octubre, fue más que una afirmación retórica. "Hemos empezado a poner en
práctica una política exterior independiente de cualquier centro de poder,
y en esto nos parecemos a China". Chávez continuó diciendo que su visión
final no era nada más y nada menos que la de un "mundo multipolar".
Cuando Chávez exhortó a sus compañeros rebeldes a que depusieran las armas
después de intensas luchas el 4 de febrero de 1992, declaró:
"Desafortunadamente, los objetivos que planteamos no se han logrado por
ahora". Las palabras "por ahora" se han convertido en legendarias desde
ese momento en Venezuela. Son un vivo recordatorio de que Chávez es, por
encima de todo, un estratega con gran sentido de la oportunidad.
Realmente, Chávez es convincente para sus seguidores. En un mitin donde se
anunciaban los ocho candidatos de Caracas para la Asamblea Constituyente
en junio, Chávez les dijo a sus partidarios que su movimiento tiene
"cartas bajo la manga" y citó el proverbio: "Una batalla anunciada no mata
soldados".
Hasta ahora el presidente ha limitado cuidadosamente sus objetivos
radicales al sistema político de la nación. Sin embargo, no hay dudas de
que Chávez y muchos de sus seguidores tienen una subyacente visión social
de la economía. Muchos de sus principales partidarios han pedido la
reexaminación de la deuda externa desde hace mucho tiempo, y defienden el
control estatal de los sectores estratégicos de la economía. Si Chávez
triunfa en la consolidación de su poder y se aprueba una constitución que
transforme las instituciones políticas, podría pasar a una segunda etapa
que tendría como meta superar la dependencia económica. Por ahora, Chávez
concentra su poder de fuego sobre la corrupción y sobre los políticos
tradicionales, mientras defiende la soberanía nacional a través de una
política exterior independiente.
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Steve Ellnes es autor de un gran número de artículos sobre política
venezolana y coeditor de "La izquierda latinoamericana: desde la caída de
Allende a la Perestroica" (Westview). Ha enseñado historia económica en la
Universidad de oriente en Venezuela, desde 1977.